Encontrar nuestro espacio en nosotros mismos

Inés Muñoz Aguirre

El tema de la emigración se volvió una polémica para los venezolanos. Hay quienes se ofenden si uno dice estar en desacuerdo con ciertos planteamientos que se esgrimen como bandera. Ahora se han puesto de moda los posts en las redes sociales de algunos venezolanos que anuncian su regreso al país. Lo cierto es que sería de mucha utilidad analizar sus argumentos. Quizá el análisis contribuya de cierta forma a sanar muchas heridas o unas cuantas.

Hay quienes proclaman: “Me regreso a Venezuela” y, después de esgrimir la frase protagónica, comienzan los argumentos que justifican el regreso. (como que si alguien tiene que justificar lo que hace).

Las ideas que se exponen se pueden resumir así: La culpa del regreso es del país donde están. Se sienten solos y esgrimen que lo único que hacen es trabajar. «En estos países —Insisten— solo se vive para trabajar y, aun teniendo dos o tres trabajos, el dinero no alcanza. No hay amigos. Los habitantes del país son déspotas e indiferentes».

Después comienza la alabanza que los salvará: «No hay nadie como los venezolanos. No hay playas como las nuestras. Qué maravilloso es subir el Ávila caminando. Los vecinos son nuestros amigos». etcétera, etcétera, etcétera.

Sin deseos de criticar o de someter a juicio ninguno de los planteamientos que señalo, yo pregunto: ¿No tenían ningún tipo de información sobre el país al que en un momento dado decidieron irse? Nadie le dijo que cada sociedad tiene sus costumbres y que cuando emigras, tienes que adaptarte a esa sociedad.  Nunca les mencionaron que no puedes llegar a otro país tratando de imponer tus formas de actuar. ¿En qué momento no estuvo claro que hay que estudiar y trabajar para vivir mejor? ¿Qué pensaron que ocurriría al dejar a su familia y sus amigos? ¿Pensaron que no se sentirían solos? ¿Tenían claros sus objetivos?

Siempre pongo como ejemplo a los emigrantes que un día llegaron a nuestro país; huían de la guerra, de la persecución nazi, del hambre de la que fue víctima Europa o de dictaduras férreas en el caso de algunos países suramericanos.

Muchos llegaron por casualidad, como el barco cargado de judíos que fue rechazado en muchos países y que López Contreras permitió que atracara en las costas de Puerto Cabello. Esos emigrantes llegaron aquí con objetivos firmes y claros: salvarse. Trabajar. Amar el país al que llegaron, respetar sus costumbres y adaptarse. Construir sus familias. Y así lo hicieron.

Se quedaron en nuestro país. La mayoría de ellos disfrutó de hijos y nietos venezolanos.

Llegué a hablar con unos cuantos y manifestaban sentirse más venezolanos que cualquiera.

No importa a dónde vayas, no importa los años que tengas en otro país. No importa si regresas; pienso que la verdad está dentro de uno. Si estás mal y no logras clarificar tus necesidades y objetivos, siempre vas a estar mal.  Puedes ir y venir cien veces.  Nunca encontrarás el lugar adecuado y mucho menos la gente adecuada para seguir adelante con la vida.

Creo que es muy importante mirar hacia adentro, reflexionar, aprender, crecer y, al encontrarnos con nuestras vivencias, nuestras emociones y las formas de enfrentar la vida, estaremos en el lugar adecuado.

Un comentario

  1. Buen articulo. Creo que en los países donde se emigra sabiendo lo que se quiere, y se busca hay cosas más importantes que la vecina, el clima, inclusive la comida,
    en todos los países se trabaja muchísimo y aquí en Venezuela. Si no trabajamos duro este país no va a salir para adelante
    yo creo que los que regresan han tenido su aprendizaje y son los bienvenidos

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