Custodiado en la histórica Iglesia del Santísimo Cristo de Pampatar, en la Isla de Margarita, el Cristo del Buen Viaje se rige como una de las advocaciones más veneradas del oriente venezolano. Envuelta en un halo de misticismo y fe marinera, la tradición narra que la imagen tenía como destino original la isla de Santo Domingo durante la época colonial; sin embargo, cada vez que el navío que la transportaba intentaba zarpar del puerto de Pampatar, fuertes vientos y tempestades se lo impedían. Tras varios intentos fallidos, los navegantes interpretaron el fenómeno como un deseo divino de la talla de permanecer en suelo insular, ganándose de inmediato el amor del pueblo margariteño. Conocido afectuosamente como el “Viejo Zaragoza”, este Cristo crucificado destaca por una peculiaridad iconográfica única: sus ojos están totalmente abiertos, dirigidos hacia el cielo en un gesto de viva suplica. Cada 3 de mayo, los pescadores y navegantes rinden tributo a su patrono y protector en medio de emotivas procesiones marítimas y cantos de galerones, encomendándole la faena diaria en el mar y el retorno seguro a tierra firme. La festividad combina la sobriedad del fervor religioso con el colorido de la cultura popular, consolidando a esta sagrada imagen como un pilar fundamental del patrimonio espiritual de Nueva Esparta.