Hablar bien es el resultado de una serie de factores que influyen en la construcción de tu idioma principal. Tu casa, en la que los que te rodean te repiten una y otra vez las palabras que desean escuchar en boca de su bebé. Después comienza la influencia del entorno, más tarde la carga que aportan maestros y profesores y, en torno a ese desarrollo que se da con el tiempo, acciones como la lectura son claves. No solo para el desarrollo de tu imaginación, de un criterio analítico, sino de la adquisición de un vocabulario que nunca termina de estar lo suficientemente fortalecido.
El mundo de la imagen que protagoniza nuestros tiempos puede llegar a constituir una influencia perversa. Impone sonidos, palabras mal escritas, velocidad, falta de reflexión, economía del lenguaje y transformación de este.
La escasa formación e interés de los docentes se perfila como otra de las causas para que el lenguaje se haya ido deteriorando.
La transculturización, los movimientos migratorios y la desaparición de “fronteras” propician como nunca la adquisición de palabras o modismos que se imponen en el día a día.
La formación, en su mayoría deficiente, impide el resguardo adecuado del idioma y el que hace observaciones o corrige a través de las redes sociales es visto como una persona sin oficio, que se entromete donde no lo llaman. De esto he visto un sinfín de comentarios.
Aquella guía indiscutible como lo era la Real Academia Española de la Lengua ha dado cabida a varios de estos modismos. Algunas de esas las palabras nos pueden producir cierto escozor. Sin embargo, cabe destacar, que en las de más reciente incorporación a la RAE, es importante descubrir que muchas de ellas están asociadas a las nuevas formas de comunicación, acción, tecnología y desarrollo social.
Algunas de ellas son: espóiler, big data y teletrabajar. En el ámbito social destacan términos como machirulo o no binario, o aquellos que tienen que ver con acciones o trabajos específicos como barista y lobista, o en el mundo de las finanzas, palabras como Bitcoin.
Lo cierto es que en toda esa movilidad y velocidad que domina hoy nuestras vidas, se imponen palabras que siguen sin convencernos a los que defendemos las buenas formas de expresión.
¿Alguna vez usted se ha detenido a pensar en la fuerza que han adquirido en nuestra vida diaria palabras como aperturar, empoderar, accesar, chica, un compartir, conversatorio y visualizar?
Hay quien habla de “neo-lenguaje” y quien, siendo un profesional destacado, repite como un loro. Entre tanto, en la mayoría de los casos referidos al lenguaje que domina en la sociedad venezolana, no se trata de que sean palabras que no existan en el vocabulario de la RAE; se trata de que, en la mayoría de los casos, son empleadas inadecuadamente.
Dígame si no ha escuchado entre las más importantes, solo por mencionarle algunas: “Vamos a aperturar a las 8 de la mañana”, “Debo visualizar su cartera”, “Chica, tú eres una mujer empoderada” en fin; así vamos y así seguiremos, mientras también confundimos amabilidad con falta de límites o de educación. Después hablaremos de eso, ¿O es que a usted nunca lo han invitado a un compartir? Mientras atiende la invitación, quizá tengamos un minuto para reflexionar sobre este tema.



Un comentario
Excelente artículo. Gracias por compartirlo por los medios