La experimentación perenne: El universo reciente de Jacobo Borges
Jacobo Borge inaugura el 19 de abril la exposición individual titulada Jacobo Borges. Diario en tiempo de pandemia: viajantes, paisajes y aguas, una muestra que reúne trabajos recientes caracterizados por una mente lúcida y la experimentación, acompañada por una necesidad perenne de narrar historias, porque cada pieza cuenta una diferente. Esta vez es una narrativa fragmentada que trasciende la pandemia
María Luz Cárdenas, curadora de la muestra actuó de presentadora en una conversación con el artista al introducir a los interlocutores en ese mundo onírico, de formas y colores, de historias y de lugares que es el de un creador de 95 años que muestra al mundo que la vitalidad no es exclusiva de una etapa temprana del ser humano, sino que está presente en aquellos que no se cansan de indagar y de aprovechar cada instante para sus creaciones.

La contemporaneidad de esta obra concebida durante la pandemia refleja originalidad que viene dado por ser producto de una experiencia personal que no se cohíbe, pero que tampoco es impulsiva, sino que se piensa para que hable con el lenguaje que maneja el propio artista.
La exhibición, que toma toda la Galería Freites, propone una estructura fragmentada que parte de lo que la curadora define como una ‘sala experimental’. Bajo el título Diario en tiempo de pandemia, este espacio de videos funciona como el semillero creativo donde germina el resto de la muestra. Es aquí donde Borges ratifica su vigencia absoluta, demostrando un dominio total de la fotografía, el video, la pintura y la figura como un solo lenguaje integrador.
El fragmento se apodera de un segundo espacio, el que proviene de aquellos retazos de papel sobrantes de otros trabajos que el maestro estaba desarrollando y que al desprenderse de ese cuerpo originario tomaban vida propia, convenciendo al artista en prolongar la vida de esos fragmentos en una nueva obra. Se trata de un reciclaje que se hacía necesario ante la imposibilidad de salir. Este trabajo se vincula a los de los años 60-70 y esto es posible porque en Jacobo Borges hay un hilo conductor a lo largo de toda su trayectoria, explica la curadora. Estamos en Aguas y Paisaje del origen.
El recorrido culmina en Viajantes y pinturas, una puesta en escena donde el conjunto escultórico dialoga con telas de gran formato. Aquí reaparece el Borges escenógrafo, desplegando una fuerza expresiva tan cruda que atrapa al espectador en una contemplación casi masoquista, de la que es imposible apartar la mirada.
Conversar con el artista
Recorrer la exposición con Jacobo Borges abre los ojos y el corazón, no es necesario que explique profundamente. Hay que seguir sus instrucciones para observa la obra desde un ángulo determinado, moverse de lugar sin perderla de vista. Vemos como cambia, adquiere volumen que parecían escondidos y no solo atrae el color, sino que en su conjunto vemos como lo urbano pareciera hacerse presente, transformando aquel laberinto de colores y brillo en una ciudad.
La brillantez es otro elemento presente en estas piezas, pero no lo usa para adornar sino para convertirse en un elemento potente, como lo explica el propio artista. Quería que influyera en la obra de manera decisiva, que fuese un color más. También hace referencia al enfrentamiento de trabajos de una misma serie. No están juntos para mostrar que aún separadas, pueden narrar la misma historia.
Y es que Jacobo Borges además de pintar y esculpir también es un narrador de historia. Toma las experiencias de su vida y las muestra sin ningún dejo de nostalgia, porque para él esos recuerdos y vivencias se convierten en argumentos que son llevados al lienzo, a la fotografías o al video, porque es bueno recordar que Borges está abierto a la experimentación por eso no le tema a la tecnología como lo mostró en una de sus anteriores exposiciones, para ser más exactos, en 2016, cuando la tuvo como aliada.
En 2020, un iPad y unas tijeras permitieron que Jacobo Borges no convirtiera el confinamiento en un tormento ya que se encontraba en un pequeño apartamento en Nueva York con muy pocas herramientas de trabajo. En algún momento notó que los recortes de papel al caer al suelo se transformaban y en un acto meramente creativo surgieron los diarios, conformados por unas 300 obras efímeras fotografiadas en el IPad, que se destruían y, con los mismos materiales de recorte, se convertían en otras nuevas.

Un poco de su vida
A Borges le gusta hablar de su pasado porque allí está su génesis. Vivió su infancia en Catia y en una de sus plazas, aquellos adolescentes discutían sobre un tema, salía triunfador quien argumentaba mejor. Entre eso jovencitos se encontraba José Ignacio Cabrujas.
Evoca también aquel contraste familiar: aunque su padre temía que la pintura fuera un oficio para morir de hambre, lo llevaba consigo a la casa de Pedro Vallenilla Echeverría, gran coleccionista, donde trabajaba como chofer. Allí, el jovencísimo Jacobo quedaba fascinado ante la colección de arte; un deslumbramiento que terminó por empujarlo definitivamente a enfrentarse al lienzo.
París representa mil aventuras y no menos penurias que compartió con más de un colega. Allí, en la Ciudad Luz, disfrutó plenamente de la pasión que siente por el teatro. Esa inclinación teatral lo consolidó en Venezuela como un escenógrafo fundamental, responsable de montajes memorables como Los ángeles terribles, Lo que dejó la tempestad y la ópera Hernani, piezas donde el espacio dramático cobraba una vida propia bajo su pincel
Ese sentido escenográfico reaparece en las esculturas integrantes de otro de los capítulos de la exposición, Viajantes. El espectador se encuentra con cuatro esculturas monocromáticas, donde la resina adquiere un carácter dramático para subrayar el caos, la violencia y la confusión a la que se enfrenta el hombre contemporáneo.
El agua, siempre el agua
Más que un elemento es un hilo conductor en la obra de Jacobo Borges. Forma parte de su infancia y nuevamente se hace presente en Paisaje del origen, otro de los capítulos de esta soberbia exposición que ofrece la Galería Freites.
Desde sus inicios como pintor aparece y no podía estar ausente en esta oportunidad y se materializa en Reflexiones de agua, de 1986, acompañada de cinco obras más. Es parte de su narrativa porque involucra la vida y se justifica, como lo señala María Luz Cárdenas, para explicar la experimentación con técnicas mixtas y en la reutilización de recursos formales.
Un consejo final para el espectador: no se limite a la contemplación estática. En esta muestra, la obra exige ser habitada. Alterne entre las piezas, divíselas desde ángulos inesperados y juegue con las perspectivas; solo así descubrirá que, en el universo de Borges, siempre hay un nuevo motivo para la emoción.
La inauguración de Jacobo Borges. Diario en tiempo de pandemia: viajantes, paisajes y aguas, está pautada para el domingo 19 de abril de 2026 en la Galería Freites, avenida Orinoco, Las Mercedes.


