Aún es de noche en Caracas, un espejo social

Inés Muñoz Aguirre

Claro que tenemos que ver Aún es de noche en Caracas. Una película venezolana que está recorriendo el mundo, contando una historia ligada a la transformación social por la que esta sociedad ha transitado unos 30 años.  

Tránsito que me da la impresión, desde una posición personal, de que no nos ha enseñado nada que nos permita ver el futuro con la participación de profesionales comprometidos, estrategias y objetivos concretos para alcanzar ciertos logros fundamentales. Propuestas desprendidas de planteamientos ideológicos que refuercen como camino al progreso que lo que vale en una sociedad es el trabajo y más trabajo.

Cuando leí la novela La hija de la española, sobre la cual se basa esta película, me sorprendió su temática porque rozaba parte del tema que abordo en mi obra de teatro: Estado de sitio. Escrita en 2010. Se dio a conocer a través de varias lecturas  dramatizadas en diferentes espacios de la ciudad, como la Biblioteca Herrera Luque o la Sala Cabrujas. El público se asustaba y alegaba que la obra era un poco exagerada porque nunca llegaríamos a esa situación de invasión, expropiación y tráfico de armas. Para mí era una sorpresa permanente ver cómo cada una de las premisas de la obra se cumplían a pie juntillas, aun frente a aquellos que habían dicho que era exagerada.

Lo cierto es que empezó la invasión  de apartamentos, una referencia continua a la expropiación, la muerte de personas impotentes que veían desaparecer ante sus ojos unas propiedades por las que habían trabajado toda la vida. Y a eso le tenías que sumar una guerrilla permanente en la calle donde la agresión entre la gente de la misma condición social era impactante. En el oeste y en el centro de la ciudad, la muestra del deterioro era cada vez más evidente.

Mis personajes de Estado de Sitio se quedaron encerrados en sus cuatro paredes, acompañados de la impotencia y su propio delirio. El personaje central de La hija de la española logra estructurar un escape hacia otro continente.

No voy a entrar en valoraciones de una novela que sin duda llegó a la casa editorial ideal y emprendió su vuelo, acompañada de los diversos recursos que se necesitan para que un libro se convierta en un instrumento de mercadeo. 

Lo que nos ocupa en esta oportunidad es la película, que en realidad tiene más referencias a la novela de las que me imaginaba. Esta película, de la cual se ha dado importante información  cómo le ha ido en la cartelera de distintas ciudades, se incluyó en la plataforma Netflix, lo cual allanó el camino para que pueda ser vista desde cualquier lugar del mundo. 

El paso del tiempo y la experiencia te permiten un análisis más calculador de lo que haces. Y aquí vuelvo a hacer referencia a mi trabajo, a través de la novela Anclados. Se publicó en España y pude apreciar cómo para la gente era necesario colocarse en una acera o en la otra. Se les dificultaba una posición de centro. Y hubo lectores que me confesaron no haber llegado al final, porque realmente no podían con la historia. Los hería. 

Es la misma reacción que se pone de manifiesto frente a Aún es de noche en Caracas. He leído muchísimos comentarios de espectadores que dicen que no pudieron verla completa. Muchos la califican de mala, otros de exagerada y algunos señalan que faltó esto o aquello. 

Lo cierto es que, como toda película, tiene un argumento central y, al ser una adaptación de La hija de la española, ella nos cuenta la historia de Amalia. 

Para que la historia de la protagonista tenga un contexto, está claro que su huida del país se produce en medio de las circunstancias de ese momento y a esas circunstancias no se le puede añadir todo lo que pasa por el pensamiento de los espectadores, quienes, más allá de lo que están viendo, se dedican a hacer una lista de todo lo que consideran que hay que mencionar. 

¿Qué propicia ciertas reflexiones irregulares frente a esta película? Que muchos de los espectadores se creen protagonistas y ven la historia desde su perspectiva. La experiencia vivida por cada uno en su momento determinará  la visión que pueda ofrecer sobre este largo. Incluso aquellos que no logran ver la película completa, no le están haciendo frente a lo que ven, sino a lo que llevan por dentro. 

La otra cara de este tema creo que tiene que ver con el reconocimiento a este filme que nos recuerda la importancia de la expresión artística como testimonio de una época. En lo particular, siempre he creído que el arte, en cualquiera de sus expresiones, contribuye a la creación de memoria . En Aún es de noche en Caracas se cumple ese cometido. El me gusta o no me gusta en este caso es lo de menos, lo verdaderamente importante es que hay una pieza cinematográfica que conservará un registro para el futuro.

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