Damnificado con bici

NORANEKO JAPONÉS
Josu Iza

 DEDICADO: como no podía ser de otra forma, a los que sufren y a los que les ayudan. 

GABINETE CALIGARI

En mi artículo anterior hacía referencia a los damnificados de la Guaira, los más afectados en este desastre. Son los que en conjunto, han sufrido mayores pérdidas tanto materiales como humanas, sin duda alguna, pero hoy quiero hacer mención de otras víctimas, que también han perdido vivienda, familia o en el mejor de los casos han tenido que desalojar su casa para reparar los daños de edificio y apartamento o quinta, con el costo emocional y económico que eso supone. ¿Son más importantes los más desvalidos, los que menos medios tienen, que aquellos que teniendo fondos suficientes o pequeños ahorros o con su salario y con mucho esfuerzo pueden reparar  los deterioros en sus propiedades?  

Es difícil responder a esta pregunta sin que algunos se sientan ofendidos, pero al margen de sensibilidades personales o sociales, cada quien tiene derecho a considerarse – objetivamente – como un ciudadano damnificado, que para estar claros, el Diccionario de la Real Academia define así: Persona que sufre un daño grave a consecuencia de una desgracia, desastre natural o calamidad colectiva. En esta clasificación entra todo aquel, rico, clase media, trabajadora o beneficiario de ayuda pública, por lo tanto da igual que tu casa se haya caído en Los Palos Grandes, Carapita o Caraballeda, los habitantes de todo Caracas y de todo el país por extensión, están en la misma lista. De hecho, se ha llevado ayuda a los rescatistas y damnificados de Altamira y a los de Los Corales, obviamente a cada uno en su nivel de necesidad.  

Y voy a dar ejemplos que conozco personalmente de cómo la tragedia afectó a todos, sin ninguna distinción. Una señora muy cercana por vínculos familiares y amistosos, con 97 años a sus espaldas, fue rescatada por los bomberos, desalojada de su apartamento donde vivía desde hace medio siglo y ahora se aloja en otro lugar gracias a la ayuda de gente conocida. Su edificio, en la Castellana, quedó en un estado tal que recomiendan demolición; resultado, perdió su casa, sus enseres y toda su vida emocional. Un amigo ciclista vio afectado su apartamento en Los Palos Grandes y otro en la Guaira; vive actualmente en casa de su hija, al otro lado del Guaire y le sale un gasto importante para reparar al menos el principal porque el de la playa lo da por perdido. Otro amigo, éste de mesa y mantel, se mudó recientemente de su casa a un apartamento en Sucre que remodeló por completo; el edificio sufrió graves daños que ameritan meses de reparación, además de las que tiene que hacer en su vivienda.

PRIMERA MOSTARDA

Estos son tres ejemplos nada más, pero yo conozco docenas – como todas las personas de esta ciudad -, que en su gran mayoría no están holgadas económicamente, que viven prácticamente al día – porque ya sabemos lo que ha descendido el poder adquisitivo y el nivel de renta de la población en general -, y ahora tienen que acometer unos gastos extraordinarios además de tiempo e incomodidades durante no se sabe cuántas semanas o meses, que tienen que cubrir o bien con préstamos o bien con ayuda de sus hijos que envían remesas pero que ya no pueden enviar más o con donaciones de amigos o instituciones.  Incomodidades como tener que convivir con todo lo que supone ruido, suciedad, polvo, ausencia de ascensores por daños estructurales, – varios casos de gente mayor que llevan semanas sin salir de su casa, a los que tienen que llevar medicinas y comida porque no pueden bajar y subir 10 o más pisos caminando -, enfermos que necesitan diálisis o tratamientos periódicos, personas que han necesitado atención puntual por un infarto o una indisposición grave… en fin miles de situaciones que todos conocemos.  

Todas estas personas, y nosotros mismos – porque seguro que usted que está leyendo también tiene grietas en su sala, rotos en su cocina y baño, daños en el pasillo de los ascensores y pedazos de fachada caídos con el closet de la habitación al descubierto -, somos también víctimas. La diferencia está en el porcentaje de damnificados sobre el total de la población de una zona, en el nivel de daños y pérdidas y en la capacidad de reparar todo eso para volver a la normalidad. Pero, objetivamente, todos somos damnificados, sólo que algunos dependen de la ayuda pública y privada y otros sólo de su propia capacidad de recuperación y de los apoyos que pueda recibir en forma privada de familiares y amigos. Y curiosamente, este es el gran sector de gente que con todas las dificultades para renovar sus propiedades y recuperar sus pérdidas materiales y emocionales, no olvida a sus hermanos venezolanos caídos en desgracia y  hace un gran esfuerzo para conseguir insumos, cocinar, trasladar, entregar y asistir a otros que seguramente o no están peor que ellos. Eso es generosidad, eso es altruismo, eso es, verdadera solidaridad. 

EL REGRESO DE ULISES

Ahora quiero quitarle hierro al asunto, desdramatizar sin olvidar el drama – porque como decía Woody Allen, el humor es una ecuación que consiste en tragedia más tiempo -. Yo mismo soy un damnificado. Y lo soy porque encajo a la perfección en la definición de la Real Academia. Me van a permitir cierta licencia en mi narración porque también tiene su lado “chistoso” y porque si no lo vemos, la tragedia es mayor. Desde hace dos semanas vivo compartiendo mi casa con dos albañiles, un draywolero y un carpintero, además de Raquel obviamente y en cuanto salgo de mi espacio y entro a las áreas comunes del edificio, socializo con una legión de albañiles, plomeros y toderos que están repartidos por pasillos de cada piso, estacionamientos, entrada, portal, jardines etc…..Es lo que se dice, interactuar plenamente con el proletariado. No vayan a tomar esto como un término ofensivo, porque es un vocablo que define a un grupo social que trabaja por un salario, que son la mayoría de los ciudadanos de este país, algo que nos debería enorgullecer (no como se entendía en la antigua Roma, que  proletarios eran los que aportaban sus hijos – la prole – para abastecer las legiones del ejército romano).      

EL HATILLO

Mi existencia transcurre entre nubes de yeso y mastique, melodías de piqueta y martillo, pasillos de paredes expresionistas que cambian a medida que añaden capas de material – de noche cuando salgo del ascensor, me hacen sentir que estoy entrando en el Gabinete del Doctor Caligari –  escuchando conversaciones que a veces no entiendo porque el léxico de la albañilería es particular, viendo las filas de hombres teñidos de blanco cargando sacos  de escombro que me hacen recordar las filas de  trabajadores de las pirámides de Egipto. Todo esto es un escenario donde se representa una improvisada tragicomedia obra de teatro, forzada por la emergencia, sin guión ni dirección definida y en la cual, uno es otro actor de relleno involuntario debutando en escena, tratando de acoplarse a la orquesta que a veces suena desafinada pero que aún sin director, suena.      

Decía que comparto mi área de confort con  varios pacíficos invasores cuya tarea es arreglar, pero en ese sano afán han creado un entorno caótico, polvoriento, ruidoso, agitado y difícil de sobrellevar. Es complicado para mí tener una cierta intimidad personal y familiar, entran y salen a su antojo, tengo todas mis pertenencias guardadas en lugares que no puedo localizar, los clósets sellados con plástico negro, mi cama en la sala, no se puede cocinar con comodidad, no encuentro los zapatos ni la ropa de ciclista, y tener un baño disponible de los dos que hay en mi casa, hasta que a las cinco de la tarde se van los muchachos, es francamente un reto.    

DEGUSTACIÓN PASTAS

Y lo más sangrante:  aunque he solicitado ayuda de mis compañeros ciclistas, con los cuales he compartido dos bajadas a la Guaira para ayudar a otros colegas damnificados y este sábado será la tercera, no consigo que consideren mi necesidad y mi estado de indefensión y entonces no recibo ningún tipo de ayuda en mi desgracia. Es una injusticia, y una discriminación patente; y como también tengo bicicleta en buen estado de salud, ni siquiera tengo opción de recibir una donación, y si quiero arreglarla tengo que ir al mecánico y pagar de mi bolsillo. Yo creo que mejor sigo viviendo en este estado de penuria durante dos semanas más y después renunció a mi condición de damnificado con bici porque nadie te para bola, ni aquellos que se dicen tus amigos.        

Pasando a otro tema, vimos este domingo pasado la otra versión del mito de Ulises, la película dirigida por Uberto Pasolini – que a pesar del apellido no es familia de Pier Paolo -, interpretada por Ralph Fiennes y Juliette Binoche; otra visión de la historia, con una producción casi artesanal, donde para ahorrar en vestuario, los griegos aparecen cubriendo sus torsos con cobijas, calzados con sandalias sencillas, cuyo estilo de narración es excelente y pudiera ser la del propio genio Pasolini, con una ambientación en espacios pequeños, pero donde la esencia de la obra se transmite muy bien y por fortuna todos los personajes son de apariencia helénica, sin apariciones woke como en la obra de Nolan. He leído por ahí que Mel Gibson está preparando una nueva versión y en vista de que ya filmó dos obras maestras con La pasión de Cristo y Apocalypto, una hablada en arameo y la otra en maya, no tengo duda que su película será hablada en griego antiguo y producida con grandiosidad. Esperemos buenas noticias.  

Para cambiar de asunto y entrar en nuestro espacio gastronómico, esta semana hemos tenido la celebración del cumpleaños de un amigo  y socio de mesa y mantel con una degustación de pastas, cortesía de Roberto Zanetti. También hice unas pruebas con un par de platos de Spaghetti con unos hongos que estoy  consiguiendo con un nuevo proveedor y que se diferencian de los que se encuentran regularmente, en que son pequeños y compactos con el sabor más concentrado: un ensayo con Pesto de Nueces y  otro Aglio-olio e Peperoncino. Además hice mi primera Mostarda con varias frutas y  con el punto de picante que proporciona el aceite esencial de mostaza, que me proporcionó como un tesorito mi amiga de fogones Rosella de Bramanti, que de paso me regaló unas rosquillas que se aderezan con un licor que se llama Alkermes, que son tan esponjosas que me recuerdan a los Crullers de Dayly Provision en Nueva York.  

CLAUDDIO NAZOA

Sitios recomendados: en el Hatillo la Copa Hatillana, donde se puede desayunar un domingo en la terraza del local y probar las empanadas de Asado con queso amarillo, Mechada, Pollo y  Mixta de Quesos, con un jugo granizado de Parchita que levantan el espíritu. Lugar preferido por los ciclistas domingueros en plena plaza del pueblo. En Chacao, un  nuevo descubrimiento: no tiene el nombre puesto en la entrada pero al lado de la cafetería de Páramo, esquina con Elice , con unas cortinas blancas a la calle que son como Noren japoneses, está el lugar de Ramen, Noraneko, con un solo ramen por semana y gyozas, nada más. Buena señal que en el lugar había una mesa grande de aborígenes del Imperio del Sol y la sopa estaba exquisita.    

Bueno amigos, hasta la próxima semana… este tema continuará. Y si quieren leer un buen artículo relacionado con el tema que nos ocupa, aquí les dejo el link del escrito de mi gran amigo Claudio Nazoa: https://confirmado.com.ve/claudio-nazoa-un-semaforo-en-rojo/ 

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