DEDICADO A: Nuestros hermanos de Colombia en primer lugar, que fueron los que nos ayudaron dos meses antes en nuestro drama. Ahora les tocó a ellos y estamos obligados, como país fraternal, a devolverles la ayuda. Y por supuesto dedicado también a los que siguen atravesando dificultades en Venezuela, verdaderas dificultades porque el proceso es lento y doloroso, además de todos aquellos que todavía están de luto, recordando a sus seres queridos que ya no están
Venezuela es, actualmente, similar a uno de los edificios que han sido chequeados para ver su estado real. Haciendo una analogía, podemos afirmar que se puede aplicar a nuestro país, el uso de las alcaldías de la tarjeta de colores para identificar en qué estado se encuentra cada edificio afectado por el terremoto de algunas zonas que podemos pegarle la etiqueta verde, habitable, hasta otras que requieren de una demolición por ser peligrosas y les colocamos una roja, pasando por los que son recuperables con grandes obras y les otorgamos el pase amarillo. Pero un país no es un edificio y como no es posible derrumbarlo porque un país nunca desaparece – aunque pueda llegar a ser un estado fallido como Somalia o Haití – no hay más solución que apuntalar para aguantar el tipo y más tarde recuperar. Estamos en la primera fase de apuntalamiento para evitar el colapso, después de superar la situación inicial de emergencia, que fue terrible. Pero estamos conscientes de que esta recuperación será lenta, larga, dolorosa, desgarradora, costosa, desesperante incluso; todos estos adjetivos y muchos más se le pueden aplicar, le encajan a la perfección a la recuperación del país. ¿Por qué?.
Primero: cuando se conozcan al detalle las pérdidas en vidas humanas, el número y la condición de los heridos, las cifras reales de desaparecidos; cuando conozcamos estos informes se podrá dimensionar el tamaño de la tragedia, porque lo material es recuperable, lo humano es imposible. Segundo: cuando se evalúen económicamente las pérdidas y su repercusión sobre las finanzas, maltrechas finanzas que padecemos actualmente, sumado a la deuda que arrastramos y que parece imposible de cancelar, a no ser que nos concedan una “quita de deuda” entraremos en pánico financiero. Entonces nos daremos cuenta con tristeza de algo que se intuye pero que no se quiere reconocer porque preferimos vivir con el pensamiento ubicado en nuestras glorias pasadas, cuando éramos ricos y dispendiosos, tanto ciudadanos como gobernantes, sin querer ver que somos un país en quiebra económica, con potencial para resistir y salir adelante unos años más tarde, pero que no nos libraremos de la travesía de ese desierto húmedo de “sangre, sudor y lágrimas”. A no ser que aflore todo ese capital inmenso que está en el bolsillo de unos pocos y deseen aportar lo que no se hayan gastado, al menos para redimirse del delito de haberlo hecho llegar a su cuenta de manera no muy ortodoxa. Tercero, cuando se vea el verdadero impacto social de la tragedia en sí, además del drama que supone la situación de catástrofe económica que se avecina, más vale que nos pongamos a trabajar, a ahorrar y a dedicar nuestros mejores esfuerzos como nación para dejarles un mejor país a nuestros herederos o al menos el punto de despegue para un futuro cuando menos incierto. Cuarto: cuando se aprecie en su justa medida las consecuencias sobre el ánimo y las ánimas de todos nosotros, que vamos sorteando todos estos vaivenes, todas situaciones penosas porque no nos podemos detener a regodearnos en el dolor, sino salir adelante como se pueda, sin medir todavía el “estrés postramático” que vamos a padecer, entonces será que podremos ver de qué fibra estamos hechos, de cúal es nuestra capacidad de resistir y superar. Así como los edificios y el país; a nosotros como seres humanos también nos tendrán que colocar una etiqueta de color según el estado de nuestra estructura. Esperemos que las verdes sean la gran mayoría comparadas con amarillas y rojas posibles.
Y ya para finalizar porque no quiero escribir más esta semana, la única y verdadera posibilidad que tenemos – es una opinión muy personal pero muy meditada y abierta a debate por supuesto -, es SÍ somos aptos, si tenemos la facultad de crear circunstancias que permitan generar cambios reales en la filosofía de vida de nosotros los ciudadanos, civiles y militares, votantes y políticos, líderes y seguidores, empresarios y trabajadores…..Urgentes son los cambios en el sistema constitucional que instaure por primera vez un régimen realmente democrático en la historia de este país, donde la ciudadanía – propietaria de los recursos – tenga control de sus vidas y haciendas por encima de los delegados y empleados encargados de llevar a cabo la tarea de administrar…..Urgen cambios en los matices negativos y afianzamiento de los positivos de nuestra idiosincrasia y comportamiento social, familiar y personal. Fundamentales los cambios estructurales, no cosméticos ni gatopardianos, sino reales y genuinos.
Puede parecer un análisis pesimista pero no lo es; lo que importa es si estamos dispuestos a llevar adelante esos cambios, porque ganas si tenemos y fuerza también. No nos volvamos a fallar a nosotros mismos. Hasta la próxima semana.
Una última nota: recomendable el film Día D y muy recomendable la obra de teatro Clipper. Cuando vayan entenderán por qué. Las dos son historia, una del mundo y otra de nuestro país; ejemplos de esto que estamos hablando.
PD. Desde ayer jueves en la tarde, he dejado de ser damnificado con bici, para pasar a ser simplemente ciclista. Mañana sábado bajamos a la Guaira para ayudar a los niños de otra comunidad. Poniendo nuestro pequeño esfuerzo para animar a esas criaturas.


