Se quiebra el silencio

Inés Muñoz Aguirre

¿Cómo te puedes explicar el acercamiento a la música? ¿Alguien te enseña? Tu familia, tus relaciones, tus amigos, el entorno en el que te desenvuelves. Todo termina por brindarte una base que te permitirá afinar el oído, tararear una canción, asistir a un concierto.

La música está ligada de una u otra forma a lo que nos rodea y, a través de ella, le contaremos a los demás cómo es nuestra relación con la vida, con el arte, con el tiempo.

En mi época, nuestros maestros bien formados, educados, amantes del conocimiento y la educación nos daban ciertas claves. Herramientas básicas para hacer de sus alumnos personas educadas. En algún momento nos hablaron de la música clásica. De la música de relevantes compositores. De cómo acercarnos a ella y escucharla. 

Recuerdo con absoluta certeza que se nos enseñaba que el himno nacional no se aplaude. También nos enseñaban que en los conciertos, en el ballet o en la ópera, como formas de expresión para la música clásica, el silencio es el más grande de los tributos que se puede rendir al compositor y a los intérpretes. 

Tan importante es el silencio que se representa en las partituras. Hay algunos símbolos que de tanto usarse se vuelven comunes, como el silencio de redonda, de blanca, de negra, de corchea, de semicorchea y de fusa, por mencionar algunos. 

Y aunque no somos músicos y no sabremos leer la partitura, sí deberíamos distinguir el silencio que permite pasar de un movimiento a otro, como parte de los giros que ocurren dentro de la pieza musical. 

Distinguiendo esto, también sabremos distinguir el final de la pieza, lo cual nos permitirá aplaudir con el entusiasmo que queramos.

Reflexiono sobre este punto al recordar la terrible experiencia que viví al asistir a ver El lago de los cisnes. Pienso en ello y aún me repican los oídos. En cada silencio arrancaban frenéticos los aplausos, acompañados de los respectivos “bravos” y sonoros silbidos. 

Imposible disfrutar la maravillosa obra de Chaikovski. Imposible disfrutar del ballet cuando los bailarines interrumpían su coreografía para agradecer el escándalo.

Resistí hasta el final, lo que, a pesar de la belleza de algunas imágenes logradas con la puesta en escena, me hizo pensar que la educación que nos daban en nuestras casas y nuestros maestros cayó en saco roto. Me imagino que para algunos, tal situación se justifica en el modernismo. El arte también paga las consecuencias incluso de lo que algunos predican como “igualdad social”. 

Tales conceptos tendrían validez si condujeran hacia lo mejor que nos puede regalar la educación de calidad, conservar principios, valores y conocimientos que nos enriquecen intelectualmente. 

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