Roberto Lovera De Sola: Entre las páginas de sus libros

En los primeros días de enero falleció en Caracas el investigador, escritor y profesor Roberto Lovera De Sola.  Este profesional, miembro de la Academia de la lengua recibió un merecido homenaje organizado por María Margarita de Herrera Luque

En los primeros días de enero falleció en Caracas el investigador, escritor y profesor Roberto Lovera De Sola.  Este profesional, miembro de la Academia de la lengua recibió un merecido homenaje organizado por María Margarita de Herrera Luque, Cristina Guzmán y Alfredo Schael en la Biblioteca Herrera Luque de la cual fue co-fundador.

En este acto se reunieron numerosos integrantes de la comunidad literaria del país. Hoy en esta Edición Especial llevamos a ustedes tres textos que formaron parte de dicho homenaje.

LOS LIBROS QUE ELLOS DEJARON

María Margarita de Herrera Luque

La muerte puede ser como el final de todo. El fallecimiento más bien puede ser tenido apenas como un alto en la presencia de quienes nunca dejamos de percibirlos como compañeros o acompañantes de nuestra vida pues permanecen a través de obras y legados en los cuales se transforman las realizaciones de los artistas o la producción literaria en el caso de poetas y escritores que de manera imperecedera continúan vivos e influyentes a través de contribuciones al conocimiento, al saber o a la preservación de tareas imperecederas.

En los primeros días de enero falleció en Caracas el investigador, escritor y profesor Roberto Lovera De Sola.  Este profesional, miembro de la Academia de la lengua recibió un merecido homenaje organizado por María Margarita de Herrera Luque,

Logros como los que permanecerán vivos de la obra del fallecido Roberto Lovera o la de mi amado Pancho. Lo demuestra hoy la presencia acá de cada uno de ustedes. Pancho y/o Roberto en su escala y proyección nos dejaron muchísimo que los mantiene y mantendrá vivos, cada cual en lo que abarcaron, siempre con pasión, como lo demuestran Pacho y tantos otros que siempre estarán presentes entre nosotros y las generaciones por venir.

Hoy ellos acá están conmigo y vosotros diluidos en este espacio o atmosfera de libros, arte, saberes y gente buena y bella tanto como quienes viven en nuestros pensamientos e incluso quizá actuando como fuerzas impulsoras de bien, bondad y creatividad.

En mi caso, Pancho siempre existe y actúa como él estuvo en sus días dedicados a estudiar, trabajar, de maduración de conceptos e ideas; ser el afanado escritor comprometido con dejar una obra concebida y destinada a ayudar a que se conozcan las raíces de nuestra historia nacional o la de figuras clave en el proceso de conformación de este país, de nuestra identidad nacional, de la nacionalidad venezolana y la de tantísimos seres extraordinarios que no mueren pues apenas fallecieron. Que, muertos no están ni estarán.

Pancho y uno de sus biógrafos, cada uno por lo que fueron y nos dejaron, no están muertos. Algo de cuanto lo confirma la presencia de cada uno de ustedes. La mía como la esposa y madre que lo inspiraba, acompañó, animó y le procuraba condiciones para que el médico, investigador y escritor padre de cinco tremendos y demandantes niños, pudiera concentrarse horas enteras en la tarea propia de quien escribe para compartir lo estudiado, pensado y bien sabia ofrecer con creatividad y absoluta honestidad intelectual para alcanzar la mejor difusión posible.

Todo lo que a su vez Roberto resalta como temas y tareas del comprometido investigador y creyente en el valor de la obra de Francisco Herrera Luque.

Miami 25-01-2025

A ROBERTO

Eglee Medina/arquitecto

Cuando Ana María Velázquez me convocó a compartir con ustedes unas palabras para contarles del Roberto humano, cercano, amigo leal, amable, generoso, le dije que no sabía si podría hacerlo.

Mi voz siempre enmudece cuando pretendo contar de la compleja red que tejen los afectos, y más en momentos tan recientes, cuando el frío del para siempre de la muerte congela el alma y los huesos.

En los primeros días de enero falleció en Caracas el investigador, escritor y profesor Roberto Lovera De Sola.  Este profesional, miembro de la Academia de la lengua recibió un merecido homenaje organizado por María Margarita de Herrera Luque,

Sin embargo, al día siguiente de mi duda, pensé que era un deber contarles de la hermosa casa del afecto que Roberto y yo construimos, desde que las letras de Arquitectura para el alma nos encontraron.

Si desde la arquitectura hiciera una memoria descriptiva, diría que, en San Bernardino, la segunda urbanización construida de Caracas y al pie del Ávila, en un espacio de 70 m² aproximados, vivía un hombre resguardado por una muralla de más de 5.000 ladrillos que eran sus libros. Allí le gustaba pasar largas horas leyendo, corrigiendo, escribiendo, cercano a los lugares emblemáticos de la zona, que él llamaba sus vecinos: la quinta Anauco, la iglesia de San Bernardino de Siena, proyecto del arquitecto Graciano Gasparini, el hotel Ávila, encargado por Nelson Rockefeller, el Centro Médico de Caracas, la Asociación Cultural Humboldt, y su casa de infancia era una de las casas construidas por la comunidad judía en los años 50.

La casa íntima, el hogar donde Roberto habitaba, tenía espléndidas columnas griegas, que reflejaban su armonía y belleza interior. La solidaridad, generosidad, humildad, sencillez, empatía, respeto, disciplina, comprensión, presencia y compromiso estaban unidas por una sólida viga de riostra amarrada a Dios y la fe, y con un majestuoso techo alto y luminoso, construido por su infinito amor y estudio de Venezuela y por Venezuela, definían la totalidad del espacio.

La Venezuela que Roberto estudió, contó y honró tantas veces de la mano de diversos libros y escritores, hoy se reúne aquí para honrarlo, este lugar especial que, bajo el techo del amor, la la amistad y la admiración fraterna hacia los Herrera Luque, hizo suyo tanto tiempo.

El amor de los suyos, su hija Beatriz Eugenia, sus hermanos Irma, Alberto y Betty, sus sobrinos Alejandro y Verónica, el delirio por Venezuela, la política de tantas aristas, el afecto a sus amigos, su pasión por las letras, la cercanía de lo femenino de la mano de su madre, el rigor de la crítica literaria, la admiración y amistad de los escritores que tantas veces guió, corrigió y animó, el tejido humano de la palabra, la música, el ballet y la danza eran semblanzas de su día a día.

Roberto fue un prolífico escritor, pero sobre todo un gran conversador; por eso no voy a contarles del escritor, sino de quien a través de las letras nos condujo a la larga casa del afecto del libertador. Sabía que la humanidad del hombre que nos libertó era lo más valioso de descubrir y encontrar.

Y hoy, desde esta fundación, y desde la larga casa del afecto de Roberto José Lovera de Sola, quiero despedirlo, y despedirlos, sabiendo que cada uno de los que estamos aquí, estaremos siempre cercanos a su corazón, y que hoy nos vamos con la certeza en el alma de que en algún lugar rodeado de libros nos reencontraremos de vuelta en uno de sus paliques literarios.

Muchas gracias.

IN MEMORIAM: ROBERTO LOVERA DE SOLA

Inés Muñoz Aguirre

El viernes 3 de enero recibí un correo de Irma Lovera De Sola, en el que me comunicaba que Roberto estaba hospitalizado. No era mucho lo que yo podía hacer, pues también estaba en una situación personal algo complicada. Los detalles me hicieron pensar en una situación insuperable y mi mente no se detuvo a partir de allí.

*

Roberto estuvo presente en mi vida desde mi época de teatrera, cuando apenas entrando en mis veinte años se me ocurrió dirigir teatro. Mi trabajo siempre le generó malestar a un crítico que se llamaba Moreno Uribe. (en algún momento diría que yo era poco simpática y sociable) y yo, que hacía lo que hacía porque formaba parte de mi inquietud creativa, leía con asombro lo que él publicaba y entonces, tratando de entender aquello, volteaba la mirada hacia aquel hombre grande que era Roberto, siempre bien vestido, con su barba muy arreglada y su mirada de intelectual tras sus grandes lentes. Roberto aplacaba mis angustias y me decía con su voz característica que mi única preocupación tenía que ser seguir adelante. «Talento lo tienes de sobra». Sus palabras me tranquilizaban y yo seguía a su vera, como dirían los españoles.

En los primeros días de enero falleció en Caracas el investigador, escritor y profesor Roberto Lovera De Sola.  Este profesional, miembro de la Academia de la lengua recibió un merecido homenaje organizado por María Margarita de Herrera Luque,

*

Roberto imponía con sola presencia cuando aparecía por el Ateneo de Caracas. Cuando uno vuelve la vista atrás, él también era un joven que debía tener unos treinta y pico de años.  Siempre bien vestido, de flux y corbata oscura.  Como imponía, todos cuchicheaban a su paso, porque en esa época los jóvenes distinguíamos donde estaba el conocimiento, el interés, el compromiso con la calidad, con el país. Roberto era eso. Un hombre comprometido con la literatura y con los importantes cargos que le tocó desempeñar.

*

El 5 de enero recibí un nuevo correo de Irma, con quien me había mantenido en contacto desde el primer día para avisarme que Roberto había fallecido; ya yo lo había visto en las redes y ya mi mente había volado hacia su guarida. Allí, en el centro norte de San Bernardino, en medio de ese espacio en el que confluye la maravillosa arquitectura de la época, está Parque Anauco, para recordarnos que la arquitectura urbana integrada al paisaje puede producir tesoros.  Ese espacio servía de refugio a Roberto. ¿Cuántos jóvenes llegaron hasta allí? buscando ser escuchados en alguna ocasión, buscando el oído especialista para atreverte quizá por primera vez a leer en voz alta el texto que has tenido escondido tanto tiempo. 

Allí descubrías que visitar a Roberto Lovera De Sola no solo significaba ir dispuestos a escuchar su voz, sus memorias, su conocimiento de investigador apasionado y sus puntos de vista sobre nuestro acontecer literario; significaba también entrar en un espacio propio que hacía del mundo un lugar hecho a su medida y semejanza. 

Libros. Libros y más libros. Roberto no tenía una biblioteca; una gran biblioteca lo tenía a él como habitante.

*

Ante esa memoria, su hermana Irma me escribe: 

– «Quiero que todos lo recuerden como el hombre bueno, además del sabio que era y que daba sus opiniones sobre libros o escritos de autores sin cálculos de conveniencia, sino que escribía en sus críticas lo que realmente pensaba con total honestidad. Trabajaba mucho, horas y horas escribiendo y leyendo. Apoyó a muchos jóvenes escritores a seguir la senda de la cultura».

Y entonces encuentro sus palabras a propósito de mi novela Días de novenario:

En los primeros días de enero falleció en Caracas el investigador, escritor y profesor Roberto Lovera De Sola.  Este profesional, miembro de la Academia de la lengua recibió un merecido homenaje organizado por María Margarita de Herrera Luque,

» Inés, querida: Ya estoy rezando el «novenario». Lo recibí anoche; ya comencé a meterme en él. Con apenas 25 páginas en este momento, tengo el libro en mis manos; escribo esto con la izquierda, veo claramente lo bien trazado que está ya tu camino como novelista. ¡Adelante! No sabes cómo han tocado mi alma estas primeras páginas; la muerte de mi papá fue también para mí una dolorosa experiencia. Qué bien lo dices todo».

Ahora pienso en cuánto lo pudo conmover esa novela porque Roberto siempre hablaba de su familia. Orgulloso de su estirpe familiar, hablaba de la figura de su madre y la influencia que había tenido en él.

Ahora Irma concluye: «Tuvo una relación muy especial con mamá porque tenían las mismas inquietudes: el feminismo, la cultura y Venezuela. Siempre que lo visitaba, me recibía con su mejor sonrisa; incluso cuando su salud ya no estaba bien, era como que siempre esperaba que fuera y me quedara a conversar con él. Pasábamos de un tema a otro, sacaba fotografías viejas para comentarlas, para que entre los dos reconociéramos a todas las personas que estaban en esas fotos. Muchas de ellas tomadas por Mamá, a quien le gustaba guardarlas como testimonios de reuniones y eventos culturales o familiares.

*

Lo cierto es que Roberto era indetenible en sus compromisos y sus ideas; revisando mis correos encontré unos cuantos y con ellos los recuerdos.  En esta biblioteca organizamos junto a él la lectura dramatizada de Días de novenario y de mi obra Estado de sitio. Es decir, que pisé este espacio por primera vez, gracias a sus iniciativas con la Fundación Herrera Luque. En esos correos me habla de esas iniciativas. En esos correos me cuenta sus viajes formativos de la juventud de Vente Venezuela. Recorrió orgulloso varios estados del país. En esos correos encontré encabezados como: «Mis queridas Eglee, Blanca, Astrid, Isa, Inés, Mariam, Elsy, Menina, Susy…», porque siempre tuvo un grupo de amigas a las que oía y con quienes compartía.

En los primeros días de enero falleció en Caracas el investigador, escritor y profesor Roberto Lovera De Sola.  Este profesional, miembro de la Academia de la lengua recibió un merecido homenaje organizado por María Margarita de Herrera Luque,

En esos correos encontré el momento en el que publicamos la obra Pioneras de Alicia Alamo y Roberto escribió el prólogo y fungió de presentador. Encuentro correos que firmaba con un sonoro ‘tuyisimo, Roberto», como también encuentro correos en los que peleamos, porque Roberto era un ser humano y, como ser humano especial, no era fácil.

Pero aquí recurro nuevamente a su hermana Irma: “Roberto era generoso y nada rencoroso; olvidaba rápidamente los malos momentos. Las peleas de hermanos nunca duraban mucho; un día fui a donde él estaba estudiando en casa y cuando me vió entrar me preguntó: «¿Y tú no estabas disgustada conmigo?». Y le dije, ya se me olvidó y así era siempre. A él se le pasaba la molestia y a mí también y seguíamos conversando como si nada…”

*

Con Roberto compartimos su paso por la Escuela de Escritores, su círculo de lectura de La Lagunita, a donde me invitó para hablar de mi novela La segunda y sagrada familia, sorprendiéndome con un análisis exhaustivo de la misma. En fin, el trabajo de Roberto era una constante.

*

«Los tertulieros se reúnen», así invitaba a sus actividades en la Fundación Herrera, Luque. Hoy nos ha vuelto a reunir aquí y yo agradezco a Alfredo y a Cristina la invitación para compartir con ustedes estas pinceladas que quiero cerrar con las palabras que me envió Irma anoche.

“Quiero que lo recuerden como el sabio que fue, que tenía un interés especial por la literatura y por la historia de Venezuela, que sabía tanto y con tanta precisión que podía recordar hasta la página de un libro en que había leído algo y citarlo de memoria.

Quiero que lo recuerden como el trabajador, siempre leyendo, escribiendo o conversando con alguien sobre historia, sobre cómo superar los problemas de Venezuela o estimulando el trabajo de jóvenes que después se convirtieron en escritores, en dramaturgos o simplemente en buenas personas.

Quiero que lo recuerden como el hombre bueno que siempre fue”

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