La exhumación en Maracaibo el jueves 13 de marzo de 2025 de los restos del doctor Fernández Moran con la finalidad — según la prensa — de dar cumplimiento a disposición gubernamental de seguidamente depositarlos en el Panteón Nacional (Caracas) como homenaje a la memoria del insigne hombre de ciencias, constituye gesto que rompe con el tratamiento dispensado a ese zuliano del año 1924 y en general el tratamiento nacional dispensado por buena parte de la comunidad científica del país pues a partir de 1958 Fernández Morán ha sido objeto de sistemáticas campañas de descredito.
Como lo advierte parte de la siguiente nota periodística escrita meses atrás en función de un libro de crónicas, colegas contemporáneos del “Brujo de Pipe” opina mal de aquella resuelta intervención apoyada para lograr establecer y activar el proyecto del INVINIC situado en “Los Altos de Pipe”. Derrocado Pérez Jiménez se le califico de «brujo» y, para peor, la opinión pública lo castigó por aceptar asumir el Ministerio de Educación cuando agonizaba el gobierno de Pérez Jiménez, tan maltrecho que apenas resistía sus últimas horas.
Fuera de Venezuela, no le fue mal. Al contrario, a Fernández Morán, después del 23 de enero del 58, por méritos propios, según entendemos, otras sociedades de científicos y emprendedores en el mundo de la ciencia y la tecnología acogieron al venezolano que hizo del exilio forzado oportunidad de desarrollar y proyectar aquella personalidad respetada y exitosa. Mientras, acá persistía denostar del “Brujo de Pipe”. Cuestionaban la fase primaria del reorientado IVIC, así como otros aspectos asociados a Humberto Fernández Morán.
De pronto, apenas ayer, nos encontramos con el acto de exhumación y la resolución que otorga a sus restos el reposo y homenaje permanente representado por el ingreso de los restos mortales del zuliano al Panteón Nacional. Se suma a las contadas figuras del mundo de la ciencia honradas por la República con tan elevado homenaje permanente.
Del valiosísimo espacio de la ciencia en Venezuela solo se encuentran los restos de las siguientes personalidades:
¡Insólito¡: Arístides Rojas. Naturalista, médico, padre de la investigación científica. Llevado al Panteón Nacional en 1983; Carlos Arvelo. Médico, catedrático, político. Junta Superior de la Abolición de la Esclavitud. Desde 1942. Lazo Martí. médico y poeta. A partir de 1983. Guillermo Michelena Salías: médico. profesor universitario, escritor, científico. En el Panteón desde 1991. José Ángel de Álamo: médico, dirigente movimiento Independencia. Figura en el Panteón Nacional desde 1876. José María Vargas, médico cirujano. Presidente de la República. Su traslado al Panteón se efectuó en 1877. Juan de Dios Monzón: médico, militar y político. Desde 1876. Lisandro Alvarado, médico. Académico de la Medicina. A partir de 1980. Luis Razetti, médico cirujano. Gran valor de la medicina venezolana. Trasladado en 1982. Rafael Rangel. Científico. Dedicó sus estudios a las enfermedades tropicales. Ingresado al Panteón Nacional en 1977. Vicente Marcano ingeniero, químico, geólogo, profesor universitario y divulgador científico. A partir de 1991.
DEL IVNIC AL IVIC
Medio siglo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas dio lugar a recordar a Humberto Fernández Moran, venezolano del Zulia formado en el exterior, pretendiente de muchísimo en pro del desarrollo de la ciencia en nuestro país, pero en cierto modo poca suerte luego de sus logros formidables en los años cincuenta, mientras estuvo aquí para echar a andar algo bastante significa no obstante idas y vueltas.
Por iniciativa propulsada y orientada por el doctor Fernández Morán se instituyo en Caracas el Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC), renombrado Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)
El primer microscopio electrónico instalado en Venezuela (en el IVNIC) por Fernández Morán data de los años cincuenta. Antes hubo otro “importado para la Universidad del Zulia por su rector de entonces, Jesús Enrique Lossada, hecho ocurrido durante el último trienio de la década de 1940, pero no llegó a ser instalado.”
A partir de 1952
En 1952 la prensa capitalina reproduce las noticias de los diarios de Estocolmo referentes a los descubrimientos del médico venezolano Fernández Morán (Concepción, municipio La Cañada de Urdaneta, Venezuela; 18 de febrero de 1924 – Estocolmo, Suecia; 17 de marzo de 1999).
En Suecia, sus investigaciones apuntaban a la subestructura fina de la fibra nerviosa, realizados mediante el microscopio electrónico en el Instituto Karolinska de Estocolmo”, apunta en Caracas el doctor Ricardo Archila (Volumen Uno “De la vida médica venezolana”, p. 174).

En 1956, aquel Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales, en los Altos de Pipe, comienza a fabricar la cuchilla de diamante cuyo origen en 1953 se asocia al nombre de Humberto Fernández Morán como parte de sus labores en el Instituto Nobel de Física, en Estocolmo. Mundialmente se le empleó para “cortes ultrafinos de materia orgánica o de metales” en microscopía electrónica.
Al ser su fundador desplazado por antagonismos personales sumados a razones propias de los eventos políticos de enero de 1958, el IVNIC fue transformado en el IVIC el cual no interrumpió la producción del citado invento venezolano.
No obstante, “Las cuchillas de diamante –afirmo en su oportunidad el doctor Luis Manuel Carbonell, uno de los directores que ha tenido el IVIC luego del desempeño del doctor Marcel Roche, “tienen un reconocimiento universal, siendo ahora la cuchilla de diamante IVIC la reconocida mundialmente y nosotros los únicos que las estamos fabricando. En determinado momento de la gestión de Carbonell, en el IVIC “producimos un promedio de 200 cuchillas anuales…. Prácticamente todos los países que tienen microscopios electrónicos usan nuestras cuchillas y los clientes muchas veces esperan entre seis meses y un año para recibir sus pedidos”.
Humberto Fernández-Morán Villalobos – sintetiza Wikipedia– “fue un médico y reconocido científico venezolano en el campo de las ciencias físicas y biológicas. Recibió en 1967 el Premio Vovain por su invento, el bisturí de punta de diamante. Contribuyó además al desarrollo del microscopio electrónico, y fue la primera persona en introducir el concepto de crioultramicrotomía.
Trabajó en el área de criosmicroscopía electrónica, en el uso de lentes superconductores y helio líquido en los microscopios electrónicos. Ayudó en la mejora de los ultramicrotomos.”
José Esparza amplia y sintetiza quién fue el venezolano Fernández Moran. Apunta: “…uno de los investigadores venezolanos con mayor proyección internacional durante la segunda mitad del siglo XX, habiéndose destacado por sus estudios sobre la ultraestructura celular, sobre todo del tejido nervioso, y por sus aportes al desarrollo de la microscopía electrónica…
Un período poco conocido de Fernández-Morán, (transcurre) desde mediados de 1944, cuando regresó a Venezuela después de haber completado sus estudios de medicina en Alemania, hasta que marchó a Suecia a finales de 1946, donde completó su formación científica… durante este período, Fernández-Morán se interesó en la neuropsiquiatría bajo la influencia de Carlos Ottolina en Caracas.
Luego de completar un periodo de entrenamiento en Washington bajo la dirección de Walter Freeman, popularizador de la lobotomía transorbitaria para el tratamiento de las enfermedades mentales.
Fernández-Morán volvió a Maracaibo donde practicó con destreza — se ha escrito —, 25 lobotomías transorbitarias en el Hospital Psiquiátrico de su ciudad natal. Se traslado y radica en Suecia como Research Fellow en uno de los mejores centros de neurocirugía del mundo cuya dirección estaba a cargo de Hebert Olivecrona.

Fue — agrega el doctor Esparza — cuando, movido por la impotencia de ver morir a los pacientes con tumores del cerebro, e incentivado por Olivecrona, decidió dedicarse a la investigación básica. Entonces se unió al grupo de Manne Siegbahn, quien era el director del Instituto Nobel de Física y quien había diseñado un microscopio electrónico de su propia invención. En ese laboratorio y con ese microscopio electrónico, Fernández-Morán inició su carrera de investigación.”
Esparza anota: “Fernández-Morán supervisó la construcción del Reactor Nuclear RV-1, el primero de su tipo en Latinoamérica. Este proyecto formó parte de sus competencias como director del IVNIC. En el mismo espacio que comprendía el recinto del IVNIC, se establecería también la Biblioteca Científica de Latinoamérica. El IVNIC sería, gracias a las iniciativas del doctor Fernández-Morán, el primer centro científico tecnológico del continente.”
El doctor José Esparza, miembro de número de la Academia de Medicina de Venezuela y otros países, destaca la obra de Fernández Moran. Esparza también es, nada menos, que profesor adjunto de Medicina en el Instituto de Virología Humana de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, en Baltimore, y del programa Robert Koch Fallo del Instituto Robert Koch en Berlín.
El precio de nueve mediodías
¿Cuál fue en Venezuela el mayor e irreparable pecado de Fernández Moran?
El 13 de enero de 1958 acepta ser ministro de Educación, llamado por el presidente Marcos Pérez Jiménez para que asuma tal cargo.
El gobierno se desmoronaba tras la inestabilidad provocada por el alzamiento militar del 1 de enero de 1958. Figuras clave como el ministro del Interior y el jefe de la Seguridad Nacional ceden a la presión para que los separasen de tales funciones e iniciar sus respectivos exilios.
No tenemos por qué presumir algo distinto a que si el hombre clave de Pipe acepta fue por el afán de servir y manifestación de gratitud debida al presidente como al gobierno dado el apoyo – y demás consideraciones — al proyecto de alta tecnología. Respaldo manifiesto mediante la ejecución e inauguración de aquellas obras civiles, equipamiento, funcionamiento de ciertas instalaciones incluidos los fundamentos del Reactor de Pipe como parte del IVNIC.
Acerca de Fernández Morán post-IVNIC, en mayo del 2018, los científicos Andrés Sayán y Aixa Müller publicaron en la Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, el trabajo titulado “Humberto Fernández Morán y la creación del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC, 1954-1959)” del cual transcribimos:
— “A la caída de la dictadura de Pérez de Jiménez, la mayoría de sus colaboradores inmediatos, abandonó el país. De los poco que se quedaron, entre ellos, Fernández Morán, quien había desempeñado durante 10 días el cargo de ministro de Educación, tuvo que soportar recriminaciones, críticas, ataques, calumnias y vituperios, aunque también tuvo sus defensores; en general se le trató con toda la consideración que merecía, especialmente en el IVNIC, donde continuó laborando por corto tiempo.
Uno de los motes o remoquetes inicialmente utilizados de manera despectiva pero que caló en la imaginación popular fue el de “Brujo de Pipe”. Se lo endilga el escritor Mariano Picón Salas en artículo publicado en el diario El Nacional. Según uno de los biógrafos de Fernández Morán, Roberto Jiménez Maggiolo, es también posible que fuera Rómulo Betancourt el autor del remoquete.
A finales de febrero de 1958 Fernández Morán consiguió una posición como microscopista electrónico en el Hospital General Massachusetts, encargándose de la organización del Laboratorio Mixter de Microscopía Electrónica.”
«Muy modesto y sin la codicia del político», como lo define Alonso Gamero, tuvo que ver nada menos que con el viaje a la Luna del Apollo 8, También algo con el desarrollo y licencia para aviones e inventos determinantes del disfrute de la vida moderna. Tal vez irse favoreció al investigador e inventor de tanto que logro patentar.
Al recordar a ese venezolano es imposible obviar la referencia negativa expuesta en Madrid por Pérez Jiménez durante conversaciones con el periodista y catedrático Agustín Blanco Muñoz. El dictador que en Miraflores le confía a Fernández Moran echar a andar el proyecto de lo que hoy conocemos como IVIC y llenar la vacante como ministro de Educación cuand0 agonizaba el gobierno, se expresó muy mal tal y como a sus anchas hizo con tantos que durante un decenio lo prestigiaron como gobernante de Venezuela a su mejor saber, entender y proceder.
A propósito de visita después del 23 de enero
— No es fácil resumir todo lo que hizo este maracaibero universal en sus 75 años de vida — me dice Antonio Itriago Machado quien de inmediato me refiere al par de las paginas de su nuevo libro Anécdotas en el sector automotor, compilación de crónicas plagadas de curiosidades. Entre tantas, los lectores encontraran el registro de la visita al doctor Fernández Moran en una de las ocasiones en las cuales interrumpe el exilio para visitar amigos y familiares.

Narra Antonio que a él como a sus hermanos Pedro —q.e.p.d.— y Miguel Ángel Itriago Machado, los recibió en el Círculo Militar, donde el científico se hospedaba. Los atiende como hijos del doctor Pedro Leónidas Itriago Pérez, además de connotado abogado, poeta y pintor, “seguidor de cerca la obra del doctor Fernández Morán y hasta compuso un soneto en su honor.”
—- Miguel Ángel se enteró de que se encontraba alojado en el Círculo Militar, como acostumbraba cuando venía a Caracas; y le envió la composición poética sin tener la seguridad de que la recibiría.
—- Pero no solamente le llegó, sino que como muestra de agradecimiento, nos invitó al Círculo; y allí fuimos tres de los hermanos (Pedro — q.e.p.d.—, Miguel Ángel y yo), y mis sobrinos Miguel Ángel y Eduardo Carlos Itriago Higuera… Nos informó que incluiría el soneto en la autobiografía que en ese entonces redactaba; y luego subimos a su habitación, donde lo primero que vimos fue una cantidad de grandes libros abiertos y mapas; con los cuales nos explicó algo que conocíamos, pero no con tanta precisión y detalles: que la falla de San Andrés atraviesa la ciudad de Caracas. Hasta nos sugirió que nos mudáramos al interior.”
—- Con el cuchillo de diamante (que hasta nuestra llegada estuvo guardado en la caja fuerte del hotel), el doctor Fernández Morán nos dedicó los relojes que previamente había pedido que llevásemos (a falta de relojes, mis sobrinos llevaron sus alcancías metálicas).
Con gran concentración escribió las dedicatorias y nos recordó que con ese mismo instrumento había efectuado los cortes a las rocas que los astronautas trajeron de la Luna. Por cierto, él mismo, en ese entonces, estaba entrenándose para viajar al espacio en una nueva misión…, y ciertamente se encontraba en forma para hacerlo.
—– Conversamos (o más bien disertó) sobre otros temas y nos enteramos de que además del cuchillo de diamante y algunos inventos que son del conocimiento público, el científico venezolano tenía registradas muchas patentes más, entre ellas, el sistema para darle el filo a las hojillas de las nuevas máquinas de afeitar desechables; el tubo electrónico que permitió transmitir las históricas imágenes del descenso de Neal Armstrong sobre la superficie lunar y un instrumento que permitía reducir la Biblia entera al tamaño de la punta de un alfiler; el cual pensaba llevar personalmente al espacio, con una completísima biblioteca científica reducida al tamaño de una caja de fósforos, y un microscopio diseñado también por él, para leer algunos libros técnicos en la Luna.
En su nuevo libro, Antonio Itriago subraya:
—- Fernández Morán competía con su viejo amigo, nada menos que con William Lear (1902-1978), también un famoso inventor, de EE UU!, para ver quién de los dos registraba más inventos. Una competencia de altura, casi irrepetible, donde el resto de los humanos queda como “pajarito en rama.
—- De modo pues que, si el ingeniero estadounidense Charles Franklin Kettering patentó el motor de arranque, el médico venezolano Humberto Fernández Morán, patentó el cuchillo de diamante. El primero centró su atención en el planeta Tierra, mientras que el segundo, en la Tierra y en la Luna — fin de la cita.
—- Pensemos que sólo con el Lear Jet, el amigo William aseguró su futuro y el de sus descendientes. Desde el más allá debe estar sorprendido del sorprendente, valga mi redundancia, auge de las ventas de su juguete volador con el último cuarto de siglo chavista. Al doctor Fernández Moran, aquella relación con míster Lear y tantas otras entabladas como inventor y prominencia en el mundo de las innovaciones, seguro no le fue mal en el resto de la vida lejos de Venezuela — comento Antonio al cierre del recuento de nuestro grato encuentro.


