La ópera Carmen seduce a los venezolanos

Carmen revive la tradicion de la ópera en Caracas. Un montaje sin precedentes por su modernidad, con grandes actuaciones y una impecable puesta en escena conquista a un público ávido de espectáculos de calidad. El mítico personaje hace retumbar las tablas del teatro Municipal.
Inés Muñoz Aguirre

Carmen es descrita así por su creador: “Llevaba una falda muy corta, bajo la cual se veían claramente sus medias de seda blanca —con más de un agujero— y sus delicados zapatos de tafilete rojo, abrochados con cintas color llama. Se había echado la mantilla hacia atrás, dejando ver los hombros, y un gran ramo de acacias metido en la camisa. Tenía otra flor de acacia en la comisura de los labios, y caminaba, contoneando las caderas, como una potra de la ganadería cordobesa.

Carmen revive la tradicion de la ópera en Caracas. Un montaje sin precedentes por su modernidad, con grandes actuaciones y una impecable puesta en escena conquista a un público ávido de espectáculos de calidad. El mítico personaje hace retumbar las tablas del teatro Municipal.

En mi país, cualquiera que hubiera visto a una mujer vestida así se habría santiguado. En Sevilla, todos los hombres le dedicaban algún cumplido atrevido sobre su aspecto. Tenía una respuesta para todos, con la mano en la cadera, tan atrevida como la gitana que era. Al principio no me gustó su aspecto, y volví a mi trabajo. Pero ella, como todas las mujeres y los gatos, que no vienen si los llamas, y sí vienen si no los llamas, se detuvo frente a mí y me habló”.

Leyendo este texto podemos sentir el perfume de esta mujer. El rugido de su corazón que deja impávido el sonido del Guadalquivir. El tintinear de sus ideas, como cientos de cascabeles resonando en su cabeza. De los mismos. Cascabeles que adornan las bridas de los caballos andaluces los días de fiesta.

¿Quién ante un personaje como esta “prieta”, diríamos en nuestra tierra, se va a ver impedido de escribir una historia que se hará eterna? Es por ello que la Carmen de Prosper Mérimée es una novela que nos habla de cómo una mujer se convierte en la perdición de un hombre (Don José).

El texto es de 1845, al parecer surgido desde una historia real. Marimee, hipnotizado por lo que le contó la condesa de Montejo, se dedicó a estudiar a los gitanos. Y escribió…

Bizet vivía en medio de un torbellino nada fácil de canalizar cuando el objetivo era que se representaran sus obras. Lo cierto es que, como consecuencia de una y otra diligencia, al terminar la guerra franco-prusiana, la Ópera-Comique de París lo llama y le encargan una ópera. Hay una condición: Henri Meilhac y Ludovic Halévy escribirían el libreto.

Carmen revive la tradicion de la ópera en Caracas. Un montaje sin precedentes por su modernidad, con grandes actuaciones y una impecable puesta en escena conquista a un público ávido de espectáculos de calidad. El mítico personaje hace retumbar las tablas del teatro Municipal.

En sus constantes lecturas buscando fuentes de inspiración, Bizet había descubierto a Carmen.

Su adaptación traería consigo todos los «tira y encoge» que puede generar un personaje como este. Había temores morales sobre su representación y, aunque la trama se desvía de la novela de Mérimée en varios aspectos significativos, Carmen sobrevive. Su amor por la libertad la salva. Su capricho, su cadencia, su valentía se representan musicalmente.  

Camina firme sobre el escenario y aquel 3 de marzo de 1875 escandaliza a las primeras audiencias.  Una conmoción se instala con el objeto de sacarla de escena, pero ella vence. Llega a 45 representaciones, aunque en la número 33, ella, actores, libretistas, personajes y críticos ven morir a su creador: Bizet.

Nunca sabría su autor de las buenas noticias. Carmen iniciaría un periplo eterno por las calles del mundo. 150 años después sigue tan viva que Carlos Scoffio es capaz de tomarla en sus brazos, la seduce y la viste de modernidad para que vuelva a dar la batalla en el incomparable escenario del Teatro Municipal de Caracas. Ese mismo teatro que se empieza a construir solo un año después del nacimiento de Carmen, y que se erige como uno de los primeros lugares en tener luz eléctrica en nuestra ciudad. En el centro de una Caracas que se encaminaba hacia la modernidad.

Elegir la ópera Carmen para Image Producciones no solo lleva consigo superar todos los retos que significan llevar a escena un montaje de esta naturaleza: músicos en vivo, actores integrales, cantantes de probada trayectoria; significa permitirle al público de nuestra ciudad respirar la atmósfera de las grandes temporadas de ópera para las que fue creado este teatro.

Revivir aquellos tiempos de la compañía de ópera italiana de Fortunato Corvaia, Teresa Carreño, la Orquesta Sinfónica de Venezuela, la soprano María Barrientos, el barítono Titta Ruffo, el tenor Hipólito Lázaro, el tenor Tina Poli-Randaccio, Anna Fitziu, Miguel Fleta y el compositor y director Franco Alfano, entre otros.

Lo cierto es que el nombre de Carmen se proyecta sobre el majestuoso telón. Cuando este se descorre, se siente la exclamación contenida frente a un escenario engrandecido por el uso de tarimas que se perfilan desde el comienzo como las gradas de una majestuosa plaza de toros. Como las paredes que contienen el agua de una represa, como el ascenso a una montaña. Todo es posible. Luces. Metal, tubos, armaduras, espacios en negro presagian a una Carmen reinterpretada. Una Carmen de otros tiempos distintos a los de Bizet, pero capaz de seguir ondeando con fuerza inusitada los pliegues de su falda.

Bien cuidó tanto Image Producciones como el director Carlos Scoffio (creador de Ópera Gala Caracas) de que su elenco respondiera a las exigencias necesarias de un montaje como este. Así que vemos brillar sobre el escenario a Marilyn Viloria, quien interpreta el papel principal, acompañada de voces veteranas como lo son Aquiles Machado y Gaspar Colón. Pero no son solo ellos, son en total 150 actores y cantantes quienes brindan una participación que responde a un montaje de carácter internacional.

Dos, son los directores: Daniel Gil frente a la Orquesta Sinfónica Municipal y el Orfeón Libertador, y el director general, Carlos Scoffio, demostrando una vez su dominio del género y del escenario.

Recurrir a dividir el escenario en tres claras bandas escénicas que nos regalan de atrás hacia adelante momentos de clara composición ha sido un acierto. 

Hablamos de las gradas que se convierten en espacio de expectación. La sociedad reinterpretada de muchas formas, desde los que disfrutan la noche hasta los que asisten a una corrida de toros y ensalzan la fiesta brava. El plano medio en el que confluye la “bailaora”, ejemplo de los que viven su propia experiencia. Los que buscan sus orígenes, la disputa, la represión, el poder y el sometimiento.

Y el primer plano en el que confluyen imágenes que logran cautivar a través de distintas composiciones fotográficas. Ellas nos recuerdan el valor de la imagen, y nos trasladan desde el borde mismo del escenario hasta nuestra contemporaneidad, donde hasta se hace un guiño al selfie, que es un guiño a las acciones que hoy nos dominan.

Escenografía, vestuario, iluminación confluyen en un trabajo impecable. Nos urge y nos satisface ese reencuentro con el trabajo profesional, con la calidad. Quedan solo dos funciones que debían agotar las entradas. Se lo merecen.

Este montaje ha revivido a la Carmen, la de Prosper Mérimée, la de Bizet, la que versionó Chaplin, la de Otto Preminger, la de Carlos Saura. Solo por recordar que esta mujer seductora y dominante ha ido tejiendo una tela de araña donde los atrapa a todos. Imposible que un director como Carlos Scoffio no se dejara seducir. La historia está contada y usted, lector, no se la puede perder.

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