La lengua en pedazos o la palabra como arma liberadora
El jueves 9 de abril se estrena en Caracas la obra de teatro La lengua en pedazos del dramaturgo Juan Mayorga, ganador del premio Princesa de Asturias de la Letras (2022), pieza que plantea un intenso problema dialéctico. La presentación será en la sala del Centro Cultural de Arte Moderno en La Castellana, con las actuaciones de Grecia Augusta Rodríguez y Wilfredo Cisneros, bajo la dirección de Carolina Rincón y Jeizer Ruiz.
La obra explora cómo el lenguaje puede convertirse en arma de control o en herramienta de liberación. El inquisidor intenta romper la palabra de Teresa, pero ella demuestra que su verdad nace de una convicción que supera cualquier juicio terrenal.
Para conocer más sobre esta obra conversamos con Carolina Rincón quien, como otras personas de las artes escénicas, se ha sentido atraída por la fuerza de la palabra de Teresa de Ávila, quien rompió paradigmas como mujer y pensadora, siendo una de las cuatro mujeres que ostenta en título de doctora de la iglesia.
– ¿Qué le atrapó del texto de La lengua en pedazos?
-Lo que me atrajo de esta obra es la contundencia de un texto dramático literario que es Premio Nacional Literatura Dramática 2013 y mi encuentro cercano con su autor, Juan Mayorga, pues tuve la gran bendición que me invitara a hacer un máster de teatro en la Universidad Carlos III, Madrid, en calidad de oyente. Pero yo venía mirando además este texto, que es muy especial, muy comprometido con la literatura, con la palabra, con la espiritualidad. Es un duelo entre Santa Teresa de Jesús o Teresa, en ese momento, y un examinador que representa la Inquisición. El texto es importante y relevante, va desde el actor al alma del espectador, porque estamos hablando de un encuentro de almas, valga la redundancia.
– ¿Qué valor tiene la palabra en esta obra?
-El valor que tiene es que está asentada en la palabra de Santa Teresa y el inquisidor viene a decirle que ella afirma que Dios anda entre pucheros y que se puede encontrar en la cocina de la primera casa fundada por Teresa y él necesita que le explique porque su intención es clausurarla. Es el investigador que llega a incriminarla. Y ella, Teresa, se defiende con la palabra que ha escrito, que es la gran maravilla desarrollada por Juan Mayorga, quien utiliza el verbo de la propia Santa Teresa. Y lo hace a partir de su lectura apasionada de El libro de la vida. Es colocar la palabra en primer plano en cada uno de estos dos personajes para generar un combate.
Y el poder de la palabra es el poder profundo de Teresa, quien rompe todos los papeles y todas las formalidades para quedarse solamente con la oración, porque nadie la podía borrar.
-La obra presenta a dos personajes, ¿alguno tiene más peso sobre el otro?
Están el inquisidor y Teresa. Son dos verdades. En la obra se enfrentan, por eso es una disputa o un duelo de dos personas que buscan la verdad. Ningún personaje tiene más peso. Justamente se crea el debate porque los dos creen en una verdad que está atravesada por sus palabras. Lo que he intentado como directora es mostrar a dos figuras que tienen el mismo peso para que el espectador pueda sacar sus propias conclusiones. Es decir, la obra no juzga ni te da soluciones. Las soluciones las tiene que buscar el mismo espectador.
– ¿Qué te movió traer esta obra a Caracas?
– Lo que intento, en primer lugar, es traer un nivel alto de espiritualidad y de debate del lenguaje. Pretendo como directora del proyecto y de la puesta en escena, que cada espectador valore lo que se habla, cómo se expresa. Que al salir de la sala se haga preguntas sobre el nivel de su espiritualidad. Obviamente, esta obra nos presenta a Teresa, quien está llena de fe, y a un inquisidor que tiene un Dios ausente y no presente, como el de Santa Teresa.

– ¿Cómo fue el proceso del montaje y qué es lo más difícil para un director en esta obra?
-En esta obra soy directora de todo el proyecto, junto a Jeizer Ruiz, joven director y actor que invité. Es una dirección a cuatro manos. Te puedo decir que todo está atravesado por el amor y, lo que puede ser más difícil, llevar adelante un proyecto de esta envergadura sola. Yo tengo una compañía, Productora de Sueños, pero es solo un nombre. Detrás estoy solo yo, por eso creo que es lo más difícil. Todo logra llevarse a cabo porque existe una fe profunda.
En cuanto al montaje, lo más complejo es hacerte entender como directora para que mis actores puedan comprender el mensaje de la obra. Y cuando te hablo de esto es porque es una pieza compleja. Tiene un nivel dramatúrgico muy alto por ser un debate filosófico y literario.
Entonces, no hace falta que un actor solo se persigne, como decía Fausto Verdial, y entre al escenario. Hace falta una comprensión de lo que es ese dramaturgo y luego yo como directora junto a mi compañero Jeizer Ruiz, que mis actores comprendan a dónde queremos llevar al espectador.
-Entonces, no es solamente meterse en el personaje, sino ir más allá.
-Totalmente. Todas las obras de teatro son importantes, pero esta tiene una calidad de escritura muy profunda y alta. En todos los países donde se ha presentado, los asistentes coinciden en que les brinda una sensación de mayor agudeza intelectual, que se origina por la profundidad del texto.
No son dos verdades que se enfrentan. Es un Dios presente, el de Teresa, y un Dios escurridizo, el del Inquisidor, pero cada uno cree en su verdad. Y el espectador va a decidir la suya. Lo interesante de este texto es que es un debate de la fe, la intelectualidad, el arte y Dios. El espectador también se va a hacer preguntas a sí mismo.
-Y usted ¿Se sintió atraída solo por el texto o porque Teresa era una mujer y por lo que ella representa en esa época?
-Teresa es un personaje absolutamente importante. Primero fue una subversiva, sus palabras quedarán y quedan para toda la vida y luego por un lenguaje profundo, maravilloso. El texto pertenece a un dramaturgo del nivel de todos los grandes escritores españoles, a eso se suma que Juan Mayorga es mi amigo.
Es la segunda obra que hago en Venezuela de Mayorga. La primera fue Amistad, que estrené hace un año y medio. Luego conocí el texto de La lengua en pedazos, y después vi el film Teresa, basado en la obra de Juan, y decidí que la debía montarse en Caracas.
¿Por qué es una temporada tan corta?
Aunque yo tengo una absoluta fe y estoy blindada con un trabajo de comunicación, económicamente no he recibido ningún apoyo. Entonces todo depende de si el público asiste o no a la sala. Tengo que dar las gracias a Gisela Capellin, mi hada madrina, porque me ha apoyado en la difusión. Volverla a montar aquí en Caracas depende de la respuesta del público en este momento.
Es una obra para hacerla en otros espacios y con diversos públicos, inclusive religiosos. Esta obra me interesa porque a diferencia de Juan Mayorga, quien no profesa la religión de Teresa, pero si siente una admiración profunda, yo profeso la religión católica. Esta es una obra que trata la espiritualidad, el lenguaje y su poder. Es el debate de dos personajes opuestos.
Antes de esa presentación, Carolina Rincón convocó a Jorge Palacios y a Carlota Sosa, quienes hicieron una lectura dramatizada en la Asociación Cultural Humboldt para recaudar fondos para este montaje. Por eso fue recurrente al dar las gracias a Gisela Capellin, quien es la productora ejecutiva y a todas esas personas que respondieron y la apoyaron para que este proyecto se hiciera una realidad.
La lengua en pedazo de Juan Mayorga es un texto que da relevancia al espectador y además de mostrar el valor de la desobediencia, también muestra un tiempo cuando había que callar a la mujer para mantenerla sumisa. Pero la obra va más allá, es disfrutar de la riqueza del nuestro idioma.
Las entradas ya están a la venta en las taquillas del teatro y en liveritickets.com a un valor de $20. La dirección y general y artística corresponde a Carolina Rincón; en el rol de Teresa lo asume Grecia Augusta Rodríguez; Wilfredo Cisneros encarna al inquisidor; José Jiménez es el encargado de la iluminación; la fotografía corresponde a Mauricio Donelli; el diseño gráfico es de Ioana Bunescu y en la producción ejecutiva, Gisela Capellin.


