El último mes del año 2024 me acercó de forma contundente al tema de la salud, desde lo que significó una hospitalización y un cuadro de emergencia. Entre los varios temas a los que he dedicado mis reflexiones a raíz de dicha experiencia, está el de la enfermería y lo que significa una profesión que a veces se solapa ante el ejercicio de otros profesionales.
Lo cierto es que en esta oportunidad deseo darles a ellas el verdadero protagonismo, porque después de todo son las que están presentes, las que sirven de compañía, de consuelo y de protectoras del paciente. El médico deja las instrucciones y son ellas las encargadas de llevarlas adelante, cumplir el tratamiento y ver hora tras hora como uno avanza. Es evidente también que, si ellas se equivocan o no cumplen el tratamiento como es, será el paciente quien pague las consecuencias.
Tuve la suerte, a mi ingreso en una sala de emergencia que estaba llena, de que la enfermera que me recibió estuviera pendiente de mí. Cuando me pasaron a la sala donde debía esperar la orden de mi hospitalización, fue ella la que se ocupó hasta que me subieron. No vi a ninguna otra persona, aparte del médico, hasta casi el final.
La clínica Metropolitana realiza cambios de turno cada seis horas; eso quiere decir que hay 4 grupos que se van rotando. Allí tienes la oportunidad de distinguir quiénes son las más amables, las que se muestran más humanas, las que te tratan con cortesía y nada más. Las que son frías y distantes, en fin, la muestra de cómo los seres humanos somos distintos; cada uno tiene su carácter y cada quien tiene su forma de relacionarse. Lo importante en estos casos es que hoy en día las clínicas hablan de imagen, de mercadeo, de comunicación y, en consecuencia, también se preocupan por la formación profesional y por la evaluación del servicio. No importa su comportamiento personal; por encima está la amabilidad y la eficiencia con que tienen que realizar su trabajo.

La otra cara de la atención médica tiene que ver con que no puede desprenderse del hecho de que se está tratando con el bien más preciado del ser humano, que es su salud, y a esto se le agrega que cuando enfrentas un quebranto, se pone en evidencia la fragilidad del ser humano, quien pasa a necesitar de señales que generen confianza. Esas señales solo las pueden generar los profesionales que te atienden.
De esta oportunidad no voy a olvidar a Maylin Fonseca, quien con todo el cuidado necesario se dedicó a atenderme en una dolorosa infiltración y a ubicar en mi mano el lugar ideal para un nuevo catéter que debía aguantar mínimo dos días. En cada acción demostraba su profesionalismo y el amor por lo que hace.
En Maylin reconozco el trabajo de todas las mujeres que escogen esta profesión que implica, además, sacrificio personal porque es un trabajo muy duro y estoy segura de que en muchos casos es ingrato. Lo cierto es que Florence Nightingale a quien se le considera la madre de la enfermería moderna y verdadera creadora de una filosofía en la enfermería, habló de acciones y valores que hoy siguen más vigentes que nunca.
La medicina contemporánea puede alcanzar grandes avances, tecnológicos y en investigación, pero es la calidad humana de quienes la ejercen el más importante, inigualable e impagable valor.



2 respuestas
Siguen existiendo personas que saben lo que hacen y saben donde están paradas, manteniendo la empatía y el profesionalismo.
¡Definitivamente! Son un ejemplo de profesionalismo y ciudadanía. Gracias por leer este artículo de nuestra columnista Inés Muñoz Aguirre