Hace un mes del trágico día. En estas semanas no he tenido cuerpo para escribir mi crónica semanal porque mi mente y corazón estaban enfocados en otros asuntos que luego pasaré a relatar. Este fin, en el Trasnocho – un regreso que todos celebramos – coincidí con mi editora, Mariam, nos dimos un abrazo sin casi palabras en el que nos dijimos todo lo que queríamos decir (hay que ver la fuerza de esta mujer que le tocó vivir una catástrofe en medio de la pérdida de Inés, su compañera de vida y trabajo) y a quien prometí volver a mis relatos en Pasión País.

No sé si fue casualidad o presagio, pero el 24 de Junio a las 6 de la tarde, estábamos en la capilla del Rosal, celebrando una misa en homenaje a Inés Muñoz y comenzando el oficio, la tierra tembló. Afortunadamente salimos indemnes todos los que estábamos en ese sótano y nos enteramos de la magnitud del evento al llegar a la superficie; todo el mundo se dispersó, nos despedimos como se pudo y nos dirigimos cada uno a nuestras casas para encontrarnos con nuestra desgracia particular. Pero aquí estamos de vuelta, porque la vida continúa y queremos lo mismo que nuestras dos editoras y líderes de este proyecto deseaban: seguir apasionados por este país.
DEDICADO A: Nuestro país y sus habitantes, especialmente a aquellos que han sufrido pérdidas personales, materiales o humanas. Y hago extensiva esta dedicatoria a todos nosotros, ciudadanía de nuestra Venezuela, que además padecemos el sentimiento de haber retrocedido de nuevo a pesar de nuestro esfuerzo diario por avanzar, por recuperar nuestro país y su esencia, por rescatar lo mejor que tenemos: nosotros mismos. Toda Venezuela ha perdido en esta tragedia pero nos impacta de lleno la catástrofe de la Guaira, el repetido infortunio que otra vez más golpea a nuestros hermanos.
Han pasado cuatro semanas del fatídico día 24 de Junio y nuestras conversaciones todavía comienzan y terminan expresando nuestro dolor, hablando de nuestras experiencias y de las ajenas; no salimos todavía de esa espiral y nos va a costar porque el infortunio es mayúsculo, no existe parangón en la historia reciente y pasada de nuestra costa. Sin olvidar al resto de nuestra geografía nacional que también padeció el golpe con pareja intensidad. Dedicado también a toda la gente que ha hecho lo imposible para ayudar a tanto necesitado, rescatando personas, recopilando víveres e insumos, entregando maquinaria, trasladando y haciendo acopio para repartir, profesionales de la salud, grupos de motorizados, grupos de ciclistas, camioneros, autobuseros…..y que no se me olvide nadie, a todos los que han colaborado a su manera y a su nivel. A todos gracias.
Ahora que está en pleno auge el tema de la historia griega en las pantallas, con la Odisea, es fácil que el pensamiento se vaya de viaje hacia esas latitudes y traigamos al presente la mitología y sus personajes. La tragedia de la Guaira me hace recordar el mito griego de Sísifo, condenado por los dioses al castigo eterno de empujar una pesada roca montaña arriba, sólo para que cada vez que está cerca de la cima, ruede de nuevo hacia abajo y así eternamente. Por no ir muy atrás, en el 99 se produce el primer deslave que devastó toda la costa, cuando el área se estaba recuperando ocurre en el 2006 el segundo y ahora 20 años más tarde, cuando parecía que estaban viviendo una normalidad, los clubes de playa recuperados, los balnearios funcionando los fines de semana y los períodos vacacionales, los pescadores y agricultores produciendo y todo el mundo generando ingresos, cuando parecía que el país se estaba encaminando a una nueva fase, el puerto y el aeropuerto – motores importantes – cobrando nueva vida……entonces cae de nuevo la roca hacia abajo y volvemos al punto de partida, a la tragedia, los fallecidos, los desaparecidos y las enormes pérdidas económicas y humanas. Es al mismo tiempo metáfora de Venezuela en su conjunto porque son muchos los desastres de todo tipo que esta nación ha soportado a lo largo de su historia más reciente, por no hablar de la pasada. Y a cada desplome, la ciudadanía ha respondido con solidaridad y fuerza para volver a levantarse y así repetidamente hasta la siguiente caída.

Es un hecho que este es un país donde la fraternidad y el apoyo es infinito cada vez que hay personas en situación de precariedad; esto es absolutamente necesario y plausible, pero también es cierto que ese altruismo esconde la ineficacia, la corrupción y el destino de recursos a otros cosas que no son el tener previsión, equipos y personal especializado, para cuando suceden estas catástrofes. Al final siempre es la ayuda exterior y la de la sociedad civil la que resuelve los problemas. Y de paso y probablemente lo peor, es que seguimos creando generaciones de damnificados y dependientes de ese esfuerzo solidario, que siempre estarán pendientes de que les regalen. Y así no se construye una sociedad adulta, madura, independiente, que genera sus propios recursos y que transmite en su entorno familiar y social la cultura del esfuerzo y la prosperidad. Después daré ejemplos de esta reflexión.
La historia de Sísifo simboliza el esfuerzo inútil y la lucha constante contra el absurdo de la vida. El escritor existencialista francés Albert Camus analizó este mito en su obra, utilizándolo como una poderosa metáfora de la condición humana: la vida carece de un sentido, pero el individuo debe rebelarse contra ese sinsentido encontrando valor y felicidad en su propia lucha. Y a eso es a lo que está forzada la gente de la Guaira – y por extensión todos los ciudadanos de este nuestro país -, a seguir luchando por encima de cualquier forma de desventura. Hemos forjado carácter a lo largo de tantos años de desgracias, hemos aprendido a sortear todo tipo de dificultad y estamos orgullosos de ello pero por favor Señor, queremos una tregua y poder descansar un poco de tanta calamidad.
Este sábado 25 y el anterior, el grupo de ciclistas – al que tengo el honor de pertenecer -, Rueda Venezuela, liderado por una fuerza de la naturaleza, Vanessa Méndez, organizó, con la ayuda de otros grupos ciclistas, mecánicos, animadores, creadores de contenido, influyentes etc….y con el apoyo de mucha gente que contribuyó con bicicletas, repuestos, comida, bebida, ropa y mucho más, dos días de asistencia para damnificados en la zona de Playa Surfista, específicamente para los niños de esa comunidad. Se reconstruyeron bicicletas, se donaron otras bicis, patinetas, todo lo que tuviera ruedas, se entregaron juguetes, se fabricaron papagayos, se organizaron partidos de fútbol playeros, se dieron desayunos, almuerzos, se donaron artículos básicos del hogar…………pero sobre todo se distribuyó esperanza, un poco de alegría para esos niños que han sufrido más que nadie.
Los dos sábados llegué a mi casa fundido pero pleno, la relación con mis compañeros ciclistas es más de familia que de colegas de rueda y con toda la gente que colaboré, que no conocía antes, se ha creado un vínculo que permanecerá en el tiempo; ya somos más una Band of Brothers que unos simples colaboradores de ayuda. Por otro lado, con mi socio y amigo Roberto Zanetti, hemos estado fabricando comida para alimentar a rescatistas y damnificados en general, no puedo especificar a quien se le entregó, porque venían a recogerla, pero aunque fue un pequeño esfuerzo durante los primeros días, ahí está también si sirvió de algo. No digo esto para apuntarme ningún mérito porque el mérito es pequeño comparado con la necesidad, sino para poner de relieve lo que expuse anteriormente.

La zona de esa playa no sufrió tanta devastación como Caraballeda o Playa Grande, pero los edificios de 5 pisos – calculo que unos cien quizás – que quedan frente al mar, quedaron inservibles, algunos medio caídos y creo que todos los vecinos están ahora viviendo en carpas a lo largo de la avenida. En la misma playa han instalado un centro de atención, acopio y también algunas tiendas de campaña y ahí se concentró nuestra operación de apoyo. Es difícil describir la emoción y el dolor en medio de ese pequeño caos, con ese grupo de niños desesperados por recibir algo, inquietos en las colas que se tuvieron que organizar para poder reparar máquinas, algunas de ellas inservibles, que ellos donaron para sacarles piezas, la agitación en el momento del sorteo de las bicis donadas para aquellos a los que no seles pudo arreglar, el papel a veces bueno y otras no tanto de algunos padres y madres, exigentes damnificados profesionales, la vigilancia sobre los merodeadores que están pendientes de llevarse lo que puedan al descuido y el papel de las personas responsables de la comunidad, elogiable en su mayoría y criticable en algún caso aislado porque no se le quita la maña de que tienen que recibir privilegio y comisión por una labor que debería ser una obligación natural para ellos. Dicho esto, todo el esfuerzo colectivo mereció la pena, y dejó una buena experiencia que vamos a repetir, con más apoyo cada vez de grupos, organizaciones y particulares que se van sumando la iniciativa.
Sólo mencionar que abrieron el Trasnocho y que tuvimos la oportunidad de ver la Odisea – requiere de horas de debate entre amigos con acompañamiento de almuerzo e hidratación – y de una magnífica película: el Afinador, que también se presta para una rica conversación. Y que es una isla de relax en medio de tanta zozobra poder ir al cine y reencontrarse con amigos y conocidos. Es necesario tomar distancia para poder ver mejor.
Por aquí dejo datos de la persona que está coordinando Rueda Venezuela por si alguien quiere colaborar o aportar.
1.- RUEDA VENZUELA. COORDINADORA Y JEFA VANESSA MÉNDEZ. 0414 9032171


