En estas últimas semanas he tenido que ir varias veces al centro en metro y como nos es cosa de perder el tiempo, mi mente inquieta se dedicó en los trayectos a hacer estadísticas sociológicas mentales – que luego iba anotando en el celular -, con el objeto de tener unos datos objetivos acerca de la realidad que se desarrolla en ese medio de transporte. El estudio tiene que ver con siete días, en trayectos de 45 a 60 minutos, en una muestra de medio vagón – lo que cubre la vista claramente – , que equivale a una media de 50 personas. Del apunte de cada día pude obtener una media que es la siguiente. Hay otras muchas cosas que se pueden observar pero aquí van las primeras.
1.- 30 de 50 van mirando el celular. De ellos 10 lo escuchan a toda voz. Otros 10 de 50, van dormidos y el resto van pensando en algo.
2.- 30 de 50 usan gorra
3.- 48 de 50 calzan zapatos de goma. Sólo 2 usan zapatos de cuero.
4.- Entre 2 y 4 de 50 son gays. Me remito a las pruebas porque se estaban jamoneando.
5.- Racialmente: 10 blancos, 30 pardos y 10 negros. Con sus diferentes matices entre mestizos, mulatos, albinos, indios, bachacos, zambos y etc.
6.- 40 de 50 van con mochila. 2 con maletín. 8 con bolso femenino.

7.- 25 hombres. 25 mujeres
8.- 2 de cada 3 asientos de la tercera edad lo ocupan jóvenes. Ancianos parados.
9.- 40 de 50 no hablan. Los 10 restantes hablan de dinero, chismes varios o cuentan su vida.
10.- 2 de cada 10 llevan auriculares de D´J. 10 de 50 auriculares inalámbricos. Otros 10 alámbricos.
11.- 2 de cada 10 que duermen, roncan fuerte.
12.- 1 de cada 10, da consejos gratis
13.- 1 de cada 10 da arengas políticas.
14.- 2 de 2 espacios de enganche de los vagones suenan por falta de aceite.
15.- Personajes fijos por trayecto: 1 pastor evangélico. 1 pareja de ciegos cristianos cantando con una corneta (provoca darles dinero pero para que se callen). 4 vendedores de chucherías. 1 vendedor de yesqueros o bolígrafos. 1 ex locutor de radio con una pierna averiada que regaña a la gente porque no le da dinero.
16.- 7 de 7 trayectos, el aire funciona bien. Estaciones muy limpias. Vagones en buen estado. Escaleras mecánicas y máquinas expendedoras funcionando. Personal atento.
Y por último, el cine. Fuimos a ver con nuestros amigos, después del almuerzo marino, a ver la última de Sorrentino, La Grazia. Mariano De Santis, presidente (ficticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y católico, que de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral. Fue inspirada por el caso del indulto que otorgó el presidente real, Sergio Matarella a un hombre condenado por matar a su esposa quien padecía Alzheimer. No voy a extenderme sobre el filme, pero creo que es altamente recomendable, voy a verla por segunda vez en mi casa sin estar expuesto a cotufas, refrescos, tequeños, celofán, comentarios de espectadores y todas las calamidades que hay que sortear par pòder ir al cine en pantalla grande. Un acto que debiera ser individual, solemne y reservado.
Tan emocionado quedé con la película – Sorrentino es el nuevo estandarte del neorrealismo italiano con estética moderna -, que en los días siguientes y aprovechando que tengo todos los filmes grabados, me dediqué a disfrutar de un maratón, aquí en la intimidad de mi casa para recordar que el cine sigue siendo un placer. Y con esto nos despedimos hasta la próxima semana. La siguiente salgo de viaje por dos meses y estaré enviando crónicas de mis experiencias por esos mundos de Dios. Hasta luego y que la pasen bien.


