CRÓNICAS DE CARACAS CAP 23  

CHORONI
Josu Iza

DEDICADO A: la dedicatoria de esta semana se extiende a varias personas. En primer lugar al recuerdo de dos de ellas muy cercanas que suponen  pérdidas importantes; en el plazo de un mes dos amigas que eran referencia de mi memoria emocional desde hace 45 años cuando llegué a Venezuela:  Rebeca Krakower y Ani Abuin. Para rematar la desgracia, falleció también la mamá de la primera en estas mismas fechas.  

Quiero dedicarles también a dos compañeros ciclistas que están en convalecencia, uno por Covid y el otro por una operación: afortunadamente los dos recuperándose bien, dentro de poco seguirán rodando por la vida. 

AIRFRYER

Y por último y aprovechando que estamos en Pesaj, quiero recordar a todos aquellos que  están combatiendo por la libertad y la vida de su país y del mundo. Los que están en el frente de batalla y los que están en la retaguardia soportando los embates de la guerra. Para amigos y familiares y toda la población de Israel, vaya para todos ellos mi reconocimiento y mejores deseos de que cada día regresen a salvo con sus familias.  


Cuando llegan estas fechas  el dilema siempre se presenta: nos vamos a gozar de la playa o montaña con la muchedumbre o nos quedamos en Caracas disfrutando de la Semana Santa, del Pesaj y la soledad citadina.  Cualquiera de las dos decisiones es acertada y nosotros este año decidimos quedarnos en esta ciudad y ver que provecho se le podía sacar. Básicamente, reunirnos con amigos que también tomaron la misma decisión, compartiendo mesa y mantel, pantalla cinematográfica y en el caso de los aficionados a las dos ruedas, alguna jornada de ciclismo en los contornos de Caracas sin mucho esfuerzo. Ya antes habíamos hecho el paseo del mes en la rodada en Aragua. 

Muy temprano, 3 de la mañana, nos convoca la gente de transporte Periquito para salir desde el San Ignacio rumbo a Maracay. Así uno se acueste a las 8 de la noche del dí anterior, el cuerpo acostumbrado de dormirse a las 12 no responde y al final estás en una duermevela relajada, esperando que suene la alarma que nunca llega a sonar porque la desactivas a las 2 para ir preparando las cosas que es necesario llevar, como el consabido bocadillo de tortilla francesa con chorizo, frutos secos, agua congelada, cambio de ropa, bloqueador y una pequeña lista para cubrir las necesidades de un ciclista-bañista. Partimos puntuales a las 3.30 para llegar al Hotel Pipo punto de reunión y salida de la ruta a las 6 en punto, buena organización, control de la policía del tráfico y después de recoger el número y la pulserita – sin los cuales no tienes derecho a asistencia en los puntos de hidratación y a la entrega de la medalla que acredita tu participación en la prueba. Uno cree ingenuamente que podrá echar un camarón en el trayecto de dos horas pero siempre hay otro insomne que comparte la conversación contigo; en este caso con mi amiga Macri mientras Pepe, su hermano, cae rendido en los brazos de Morfeo. Nos encontramos en la salida con el grupo que viene desde Caracas y Los Teques, y con el resto de participantes y sin anestesia, arrancamos para cubrir los primeros 15 kilómetros de subida hasta la Cumbre; veinte años sin ir a Choroní, se dice pronto, no recordaba cómo era la carretera, subida dura y larga. Cada quien a su ritmo, hice la subida con el hermano y la bajada de 25 con la hermana, a la que le gusta bajar suave como a mi. Y bajar despacio permite – aparte de cuidar el físico -, disfrutar visualmente de esa carretera maravillosa entre montañas, valles, curvas sinuosas, espacios donde la vida  transcurre a otra velocidad, los paisanos que deambulan al borde de la vía responden a las preguntas acerca de la distancia hasta la meta con sentencias  inverosímiles, dispares. Esos 25 a pesar de ser en bajada continua se hacen largos y da impresión de que no vas a llegar nunca a Choroní; al final después de un par de horas con sus correspondientes paradas para refrescarse con fruta y agua, entras en esa calle que se alarga durante varios kilómetros hasta que llegas al malecón, cruzas el río donde están los botes y sigues hasta Playa Grande. Sólo quieres dejar la bicicleta en el transporte, cambiarte de ropa, sentarte con los amigos debajo de un toldo, abastecerse de birras bien frías y comentar las incidencias y curiosidades del día, amén de otros temas recurrentes. Una parte de los que llegamos al pueblo se quedaron a pasar la noche y otra parte nos regresamos esa misma tarde – con gran pesar porque lo ideal es aprovechar la noche – en un viaje de más de cuatro horas hasta Caracas, que se hace largo y pesado en ese tráfico por la autopista. Con todos los inconvenientes, incluida la mala organización de la playa en sí – el estacionamiento queda al principio, los restaurantes y baños están después y luego viene la playa que como su propio nombre indica es bien grande, para comer o tomar cerveza tienes que traerla tú mismo hast el toldo caminando una buena distancia, porque el servicio, al menos ese día es pésimo -, el día fue magnífico desde todo punto de vista. 

En esos días también salimos a dar un paseo Luis y yo – porque la gente andaba desperdigada en otras rutas; salimos de los Símbolos, nos llegamos hasta la Mariposa donde nos esperaba Macri y subimos hasta la Cortada del Guayabo. Luego nos invitó a rodar por Monteclaro y he de decir que me sorprendió agradablemente todo el área de la urbanización y el club. Creo que hicimos unos 13 km dentro y luego vuelta a la Cortada, Luis y yo y de regreso a Caracas. Corta, intensa y afable, suficiente para mantener la forma, poca gente en la vía, se nota cuando sales temprano a las 6 en esas fechas porque los que no están en la playa resucitan a media mañana. 


Y aparte del deporte – se me ocurrió subir al cerro un día y cuando estaba bajando como a las 10, subían miles de personas en grupos, con bolsas de comida, música, gritos y hasta un grupo de cristianos fervientes abanderados por una cruz que cantaban loas al Señor en pleno Ávila y se pararon en círculo virtuosos para rezar unos salmos y darle gracias al Altísimo. Espectáculo en la montaña en lugar menos propicio para ello; el público no entiende que el cerro es un lugar donde se aprecia la belleza y el silencio, donde cada quien sube y baja pensando en lo suyo o conversando en voz baja para no interrumpir la magia. Pero una cosa es un amante del monte y otra un dominguero, que lo mismo le da ir a Sabana Grande, al Sambil o al Ávila. Los guardaparques, que se esfuerzan por hacer cumplir las reglas, poco pueden hacer para contener esa multitud incontenible que dejan mala vibra y toneladas de basura en un parque natural -, apart del ejercicio decía, los almuerzos con los amigos es lo más reseñable de la semana, santa y profana al mismo tiempo. Por fin hicimos una prueba con el Guanciale: con Jorge y Silvia, Amaya y Roberto que se lanzó una Carbonara – de la cual comí tres platos he de reconocerlo – que sirvió de prueba del embutido, que también probamos en crudo en unas lonjas transparentes como si fueran jamón, unos Hongos rellenos al horno y unas Croquetas de setas y morcilla como aperitivos. En otra ocasión compartimos con Rosella y Carlo unos Makareles – llamados también caballa o   verdel -en dos versiones rebozados o encurtidos, Mograbiegh con Camarones y Bisque de Jaiba con cubos de Aguja abrasada con sésamo y un toque de Chili Oil, sencillamente espectacular. No voy a hacer referencia al consumo de vino para acompañar estos dos condumios porque perdí la cuenta de botellas en el primero y nos contuvimos en el segundo porque después fuimos al cine para ver la película de Sorrentino, la Grazia. 

BISQUE


De trabajo, poco, un curso de Risotto a continuación de un curso de administración de inventarios – no importa que el tema sea administrativo operacional, siempre le empujan a uno para cocinar algo rico, en este caso un Risotto de mariscos -. No son días para dedicarle al trabajo, se supone que más a la introspección y al descanso. 

Y por cierto, ahora soy una persona normal, me he comprado un Airfryer para hacer pruebas con vistas al trabajo. Iré informando.

RECETA BISQUE DE JAIBA, AGUJA ABRASADA:  INGREDIENTES: Jaibas 4, una por cabeza. Ajo 4 dientes. Cebolla 150 gr. Sal y pimienta. Brandy o ron 1 vaso. Perejil 1 ramo. Mantequilla 100 gr. Sésamos blanco y negro. Paprika, Aceite de oliva. Chili Oil o picante rojo. PREPARACIÓN PARA EL BISQUE. Sofreír ligeramente ajo y cebolla, después agregar las jaibas enteras y dejar durante una hora que se cocinen, salpimentar, flambear con el licor, que se evapore el alcohol. Machacar con un mortero de madera en la misma olla las jaibas, añadir caldo y dejar durante otra hora a fuego lento. Después tritura en licuadora y colar muy bien. Dejar reducir hasta el punto de crema y montar con mantequilla. Mantener caliente. CUBOS DE AGUJA: Cortar el pescado en cubos de 3×3 y hacer una mezcla de sésamos, sal, pimienta y paprika con el aceite.  Dejar aliñando un par de horas y luego pasar por sartén que selle las pìezas y reservar. Para montar el plato, colocar en el fondo de un sopero profundo, el bisque bien caliente, luego las piezas de aguja calientes  y un toque de picante. Espumante muy muy frío y pan crujiente porque no querrás dejar nada en el plato. 

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