El día que este artículo se publique, lunes 6 de septiembre, yo estaré en un avión atravesando el Atlántico, rumbo a España, con destino final en Italia – si es que no sucede nada que altere el curso normal de las cosas – . Así que esta semana se impone la rutina previa a cualquier viaje; a saber: pasaportes – y lo digo en plural porque deben ser dos, documentos varios – como licencias también dos, Cédula y DNI europeo – tarjetas y efectivo, equipaje – incluido neceser y medicinas básicas -, reservas en papel – a pesar de que avión, carro u hoteles están registradas en la red – y etcétera por no extenderme más.
No olvidar cables y dispositivos – que años atrás ni pensábamos en ellos porque lo más sofisticado electrónicamente que llevábamos podía ser una navaja múltiple del ejército suizo, que no necesita de conexión -, solicitar al banco la posibilidad de operar desde el exterior – a pesar de que todas las operaciones se hacen por internet; supongo que no es sino la obsesión de saber por donde se mueve el ciudadano -, muda de ropa y cepillo de dientes en el equipaje de mano por si acaso se extravía la maleta principal, contratar una eSIM online – para tener datos y llamadas y no depender del roaming, que puede suponer un gasto mayor que el pasaje de avión a poco que te descuides -, y según las necesidades particulares de cada quien, no olvidar regalos o presentes que la gente a visitar le piden a uno.

A mi por ejemplo en este viaje, me pidieron unas hieleras de silicona para sacar cubos de hielo compactos y resistentes porque, según me dicen, en Italia – que no conceden la importancia que nosotros le damos a un hielo de calidad -, no existen hieleras para venezolanos. Si me abren la maleta y descubren un par de cubiteras, seguro que quedarán sorprendidos porque lo normal en un vuelo que viene de Caracas es conseguir en las maletas de los viajeros harina pan, queso paisa, pirulin, nestea de durazno, un chinchorro, torontos, hallacas, chicharrón de cerdo, jalea de mango, cigarrillos belmont, caballito frenao y etcétera………pero hieleras de silicona, eso no es lo normal. Si voy preso al cuartico e interrogado por la policía de fronteras, tendré que remitirles a mi amiga Claudia Biagolini solicitante del contrabando, para que testifique a mi favor.
Y dado que no hay que perder tiempo para hacer las diligencias necesarias, esta misma mañana me he puesto en camino caminando y he ido hasta Mango Bajito en el Milenium en Dos Caminos, porque si no las encuentro ahí, no las encontraré a no ser en Traki o quizás en el Tijerazo. A paso de vencedores, en el trayecto entre la parte alta de la Castellana, pasando por Altamira, Los Palos Grandes, Santa Eduvigis y Dos Caminos, se puede apreciar la vida cotidiana de la ciudad: motorizados a la sombra degustando comida de un tupper, gente sentada en las terrazas de docenas de cafés y panaderías que hay en la zona, personal desayunando en los varios carritos y locales de empanadas y pastelitos y ya al regreso, más cerca de la hora de almuerzo, los mesoneros a la puerta de los restaurantes, que ahora ofrecen en Caracas los menús del día con sopa, seco y jugo a precios asequibles.

Dos me llamaron la atención en Chacao, detrás del mercado viejo: El Pulpo, con sopa y segundo más bebida por 8 – que tiene una carta española con cantante y organista los fines de semana – y El Gran Garden, un chino que ofrece combos de 10 con los que comen dos personas con dos platos y botella de refresco. Todos los negocios del área, presentan combinaciones de comida y bebida para atraer clientela, con docena de polares por 10, whisky de 12 por 35 y vino por 10, con los correspondientes tequeños para sustentar el alcohol y pizza, pasta, pollo, parrilla o similares para después del tercer lote de cervezas.
Pionero en esa calle de Chacao, está la Tasca Amelino que tiene la fama de tener las cervezas muy frías y un buen pollo a la canasta. Puede hacerse un recorrido comenzando por Amelino y terminando en el Pulpo, con la tercera ronda de birras y un buen plato de callos picantes. Son poco menos de cien metros lisos.
Conseguí las hieleras de silicona con la intención de regresar caminando, pero al pasar por delante de la estación del metro de Parque del Este, observo que hay una cola, dos colas en realidad, de personas que según me informan, es un operativo para obtener la nueva tarjeta para usar el sistema de transporte. Estudiantes por un lado y público en general por otro, bio pago por una fila y efectivo o débito por otra. No soy habitual usuario del metro pero a veces, a los que caminamos por la ciudad de punta a punta o subimos al Ávila hasta el Humboldt o Naiguatá por la Julia, nos viene bien un carrito por puesto o un metro, sobre todo cuando tienes los “pies recalentaos” después de 30 kilómetros.

Me vence la curiosidad y me pongo en una cola, que resulta ser la equivocada porque lo del bio pago no funciona con mi huella. Me cambio de fila y hago mi pago en efectivo correspondiente de 30 bolívares – que consigo cambiando un dólar a una vendedora de tostones -obteniendo mi tarjetica amarilla, que para mi sorpresa no tengo que recargar nunca ya que es eternamente gratuita para los que hemos superado el listón de los sesenta.
Ya que tenía mi tarjeta nueva tenía que usarla, así que presenté el plástico en la pantalla y una voz muy oficial cantó “Exento”, la puerta se abrió y bajé al andén dirección Propatria para llegar hasta la estación de Chacao. Esperando el tren, me aborda una pareja de chicas, preguntando si me pueden hacer una entrevista acerca del nuevo servicio. Respondo que sí, me colocan un micrófono en la franela y me enfocan con un celular, mientras declaro amablemente sobre las bondades de SUVE, que así se llama el nuevo sistema.
Vendedores de chocolates, galletas, yesqueros con sus gritos de guerra “buenos días Venezuela”, un señor mayor con sombrero pelo e´guama cantando música llanera, un evangélico recitando pasajes de la biblia, un par de ciegos implorando una ayudita y docenas de ciudadanos resignados y aislados en su mundo celular para que no le vendan ni le pidan nada. Sabana Grande en el vagón, pero con aire acondicionado. He de reconocer el buen aspecto y funcionalidad de las estaciones y los trenes lo que me hace pensar que “Señores ciudadanos y gobernantes SI SE PUEDE, cuando hay voluntad de ambas partes; unos en conservar y cuidar su entorno y los otros en conseguir que los presupuestos se convierten en acciones y no en camionetas de lujo”.
Pero al margen del transporte subterráneo y el garbeo a pié también seguimos paseando en bicicleta. No sólo haciendo largas rutas hacia la playa; a veces miramos a la montaña, como este domingo pasado, que la “serpiente multicolor” – así llaman los comentaristas deportivos a un pelotón ciclista – , se dirigió hasta Carrizal, pasando por la Cortada del Guayabo. Salida temprana a las 7 y regreso a media tarde por la misma vía, con un descanso de aprovisionamiento en la Chicharronera para empujarse un cochino frito con sus papas. Un día revuelto en cuanto al clima se refiere y los ciclistas vuelven mojados y arenosos debido a la dureza de algunos tramos. Pero un día magnífico de ruta exigente pero feliz.

Para no perder el ritmo y la forma física, Chacao Bike reúne a sus acólitos, dos veces a la semana en la tarde – martes y jueves si el tiempo y la autoridad competente lo permiten – pero debido a la horas, nos vemos obligados a realizar trayectos más cortos y dentro de los límites de la ciudad, entre Chacao y Baruta. Este martes, favorecidos por la ausencia de lluvia – un determinante en estas fechas -, salimos de la Plaza, canal bici hasta la Rómulo Gallegos, subida por la principal de Boleíta hasta el cruce hacía los Chorros, de nuevo subida rumbo al Club Catalán, bajando luego hasta el Country Club y subiendo hasta las caballerizas.
Luego cada quien para su casa, después de regresar al punto de partida tres horas más tarde. Rodar en la noche es rodar con gran cuidado por la falta de luz, sobre todo por el peligro de los huecos y las alcantarillas. Es verdad que el grupo protege y gracias a los focos individuales, se hace una masa de luz que permite ver mejor, el tráfico es casi inexistente y la temperatura ayuda, pero la noche es la noche, con todo lo que ella implica. Hay una expresión plástica muy interesante en un grupo que se desliza envuelto en una nube de luz blanca y punteado con las intermitentes luces traseras rojas, como luciérnagas rodantes; expresión cinética que se aprecia muy bien en los vídeos que los ciclistas aficionados a la cámara, van filmando durante el recorrido. Algo muy cinematográfico.

Hablando de cine: para los amantes del género histórico-gastronómico, no se pierdan la viuda de Clicquot, la vida de la persona que llevó la marca a su gloria. Me hubiera gustado más que el filme lo hubieran realizado los franceses en vez de los ingleses – que son magistrales para hacer cine histórico pero de Inglaterra -, porque hubiéramos conocido los detalles de aromas, sabores, temperaturas, burbujas, botellas, bodegas, uvas, climas, tierras y todo eso que la señora maneja en la película pero que no explica. Y además, el acento británico está muy bien pero champagne y Champagne, cuadran mejor con un acento de la región del Marne. De todas formas, creo que es muy recomendable.
Haciendo honor al almuerzo montañero, está semana dejamos la receta de una Porchetta, que en esencia es lo mismo que el chicharrón criollo; es decir, tocineta o parte baja de la costilla o pork belly, como es conocida actualmente. Una pieza de grasa entreverada de carne protegida con un cuero que se pone crujiente después de varias horas de asado lento. Esta delicia, se devoró en una reunión entre amigos en estos días y ofrezco la receta tal y como se hizo.
RECETA DE PORCHETTA Y CHICHARRÓN. INGREDIENTES.
Pieza de tocineta completa de 5 centímetros de grosor 2 kg. Bien limpia y amarrada en círculo. Una tira de chicharrón de 2 centímetros 2 kg. Naranjas de jugo 10. Aceite de sésamo 2 cu. Soya oscura 6 cu. Salsa BBQ 6 cu. Sal y pimienta. Ajo 6 dientes. Vino blanco 2 vasos. Agua 500 cc. Papas 2 kg, peladas y cortadas en tacos grandes.
PREPARACIÓN.
Mezclar bien todos los ingredientes y en una bolsa ziploc poner tocineta y chicharrón a marinar durante una noche. En dos bandejas separadas, colocar ambas piezas y cubrir con papel de aluminio. Colocar las papas con la porchetta enrollada. Hornear durante 4 horas a fuego medio hasta que ablande. Después a fuego más fuerte ( 200 Celsius) dorar hasta que la piel quede crujiente. Colar la salsa resultante y ponerla de nuevo con la porchetta. El chicharrón aguanta bien con su propia grasa. Cortar la porchetta en ruedas y acompañar con la salsa y las papas. Cortar el chicharrón en tiras anchas y agregar como contorno. Puede acompañarse con un pan gallego de Los Claveles de la Alta Florida y un buen tinto con cuerpo.


