En el espacio intermedio entre Nueva York e Italia, la estancia en Caracas resulta muy estimulante. Estamos en plena época de lluvias y las avalanchas no solamente son de agua caída del cielo. También hay otro tipo de aludes que están afectando la vida regular del país como las elevadas temperaturas – climáticas y políticas -, el advenimiento prematuro de las fiestas navideñas, la oferta de alojamiento gratis todo incluido a cargo de la república a los ciudadanos díscolos, las advertencias de penalizaciones a destacados próceres por parte del hermano mayor, las inundaciones, el derrumbe de puentes y casas, el borrado preventivo de informaciones comprometedoras…… Pero sobre todo, lo que más afecta la existencia y supervivencia de la ciudadanía, es la inmanejable – en nuestro plano individual – incertidumbre en la que estamos inmersos desde hace un rato largo.

Mientras tanto, y procurando estar a resguardo de las inclemencias del tiempo y de las circunstancias y los apagones misteriosos, no nos queda más remedio que intentar llevar adelante nuestras actividades cotidianas de la mejor manera posible. En lo relativo a la cuestión laboral, se hace lo que se puede, dependiendo del ánimo de la clientela – no demasiado alto por estas fechas -, la social presenta un listón más elevado y las relativas al divertimento y expansión más arriba aún. Porque a diferencia del trabajo y el país en general, lo social y personal dependen más de uno mismo y el entorno cercano y no tanto de la situación política nacional e internacional o del talante del resto de ciudadanos que uno no trata o conoce.
Por ejemplo, se puede ir al cine o al teatro, asistir a un concierto, una presentación de un libro, una “vernissage” en una galería, pasear por la montaña, tomarse un café en una terraza, reunirse con los amigos alrededor de una mesa bien servida, caminar por una avenida, rodar en bicicleta y un largo etcétera, sin necesidad de estar pendiente de la agenda de fuerzas ajenas, salvo pronóstico del tiempo, zonas de la ciudad conflictivas y horarios determinados. Cada quien tendrá que evaluar riesgos y temores, disposición y presupuesto y acomodar todas las variables para que – con total libertad dentro de lo razonable, no nos vayamos a poner exigentes con ese concepto – pueda tener una “vida agradable” y vean que lo escribo entre comillas.

Por mi parte, en esta transición en la que me encuentro – además de otras cosas – me he apuntado a practicar todo el deporte que me permite el tiempo disponible y el tiempo meteorológico. De lunes a viernes, a media tarde, son los días elegidos para subir al Ávila por Sabas Nieves. Hay que mirar al horizonte hacia Petare – que supera en fiabilidad las apps, mapas y predicciones de los expertos – para saber si entre las 4 y las 6 pm, tendremos un respiro para no llegar a casa como pollos empapados por el agua y rebozados por el barro de los senderos del cerro. Los martes y jueves hay que consultar los mismos oráculos para saber si entre 6.30 y 9 pm se podrá rodar por las calles de Caracas con el grupo de Chacao Bike, que sale desde la Plaza del mismo nombre. Con este fenómeno de las Ondas Tropicales, hay días que sí, días que no. Si no hay alternativa deportiva procuramos otra para ocupar esas horas, buscando que sea compatible con los horarios del cine en el Trasnocho de las Mercedes, los eventos en Cinética Cultural en Los Ruices o las programaciones en GAC, en Altamira. Pero el fin de semana, específicamente el domingo, a veces es ideal para hacer un plan de bicicleta de día completo. Y en este mes, hemos tenido la fortuna de poder disfrutar de dos paseos a la costa que han merecido la pena.

El primero tuvo como destino Playa Bikini, de la Guaira hacia el oeste cerca de Oricao. Partiendo de Chacao a las 5.30 am, recogiendo al resto de los ciclistas en puntos intermedios como El Calvario o el final de la Avenida Sucre en Catia. Después el camino nos lleva por la carretera vieja de la Guaira, subiendo montaña, parando en el mirador de Pedro García para reponer fuerzas con el desayuno que cada quien se haya preparado y compartirlo con la legión de perros realengos que ladran a todos los visitantes, vayan en moto o en carro, pero no a los ciclistas porque son los únicos que aportan calorías a sus frugales dietas. Después de una subida que requiere esfuerzo y un desayuno compartido, toca bajar cómodamente por una vía entre montañas verdes en esta época y con magníficas vistas al litoral y aeropuerto. LLegada a la Guaira por el barrio Marlboro – que según me contaron, se llama así porque allá había una factoría de la marca de tabaco – y aterrizaje en la avenida principal Soublette, para cruzar con ayuda de la policía porque no hay semáforo que el tráfico respete, hacia la Calle José María Vargas o Avenida Bicentenario, que recorre la costa al pie del mar hasta Mamo, donde comienza el otro calvario de la subida a las Tunitas para bajar a la olvidada central de Tacoa , continuar bajo un sol inclemente sin opción a sombra hasta Puerto Carayaca y por fin llegar a Playa Bikini, un oasis de paz con una playa estrecha pero pacífica, con una agua placentera y un restaurante en el que la jefatura de Chacao Bike había reservado Sopa de pescado para 40 y cada quien lo que quiera aparte en el Restaurante La Catira. Hidratación a cargo de la Polar o bien de la Zulia, buena comida, un largo baño, brisa reconfortante y dos autobuses para subir a Caracas con bicicletas incluidas a media tarde.
El segundo paseo, comienza con las mismas características de horarios y ruta hasta barrio Marlboro pero al entrar en la Soublette, tomamos dirección hacia el este, con destino a Playa Pantaleta. Esto nos conduce hacia Macuto, Caraballeda, Naiguatá, Camurí Mar y la playa, destino final. No hay subidas pronunciadas como hacia el oeste aunque los tramos entre Macuto y Caraballeda y el trecho antes de llegar a Puerto Azul desde Tanaguarena, en un día de calor como el que nos tocó, fueron especialmente duros, pero llegamos – cada quien a su ritmo – y la recompensa se agradeció por unanimidad. . Hay que destacar que fue un día de pinchazos e inconvenientes – el héroe Norberto y mecánico oficioso del grupo, del que Rodrigo dice que en todo grupo debe haber un Norberto por exigencia del guión, llegó con el caucho de atrás reventado en el primer lote – pero todos consiguieron llegar a la meta. No había esta vez un lugar reservado para reponer fuerzas e hidratación. Norberto, Rodrigo, Osmary – la Jefa y líder espiritual – y yo mismo, recorrimos la playa para contratar un menú para 16 personas pero después del examen de las cocinas, la pobre oferta de producto congelado hace meses y la indolencia del personal, casi terminamos resolviendo con unas empanadas, que parecían ser la mejor opción en vista de lo visto.

Pero como dicen, que el Señor aprieta pero no ahoga, caminando ya en dirección a las empanadas, nos encontramos con un lugar que estaba abriendo a esa hora – 10 am -, La Pérgola, atendido por Elizabeth, su esposo José y su mamá o suegra María, según se vea. Unas mesas con sombrilla, una conversación para ver que se ofrecía, unas cuantas rondas de Polar muy fría y descubrimos que el cocinero – esposo y yerno en este caso -, se había formado durante años en Asturias, España y nos despachó con un asopado de marisco, hamburguesas de camarones, fosforera y pollo a la broaster – a gusto de cada consumidor – y nos arregló el día y la salud. A la hora convenida, un autobús nos recogió en la Playa y nos subió hasta Caracas, donde descubrimos para nuestra sorpresa – ya que el día estaba despejado y caliente en la Guaira – que había caído un brutal palo de agua en la capital.
Varios escogimos el Asopado de Marisco como plato, con sus tostones sólamente fritos con su sal, sin nada de esas mezclas de salsas y mejunjes con los que disfrazan los humildes pero sabrosos patacones. Y como realmente estaba muy bien preparado con su arroz al punto como un risotto, merece salir en la receta de esta semana.

RECETA ARROZ ASOPADO CON MARISCO. Más o menos como lo prepararon en la Pérgola. INGREDIENTES 4 personas: Cabeza de pescado blanco 500 gr. Arroz largo Mary 300. Camarones 500 gr. Mejillones sin concha 250 gr. Jaiba 6. Calamar 200 gr. Cebolla 100 gr. Ají dulce 50 gr. Ajo 4 dientes. Cebollín 100 gr. Paprika 1 Cu. Colorante amarillo 1 Cu. Aceite de oliva 2 Cu. Cilantro 1 ramo. Vino blanco 1 vaso. Sal y pimienta. PREPARACIÓN: Cortar muy fino cebolla, ajo, ají y cebollín. Sofreír a fuego lento con el aceite de oliva hasta dorar levemente. Reservar. Hacer un caldo con la cabeza de pescado y colar bien para limpiar. Reservar. BISQUE. Con las jaibas hacer un bisque, salteando las jaibas, flambear con ron y machacar con un mortero, dejando hervir para luego pasar por licuadora y colar bien. Reservar. En el sofrito, agregar los calamares cortados y los mejillones, el arroz y el vino y dejar por unos minutos que evapore el alcohol. Añadir 3 o 4 de caldo por cada taza de arroz – dependiendo si se quiere más o menos caldoso -, y una taza del bisque poniendo a punto de sal y pimienta. Vigilar bien el arroz para que quede al punto, agregar el cilantro al final y servir después de reposar dos minutos. Abstenerse de añadir Jerez por favor. Un toque de aceite de oliva.


