CRÓNICAS DE MARGARITA DICIEMBRE 2024 CAP 2

Margarita - Vamos con la segunda crónica después de nuestra primera semana en la isla.  Recordamos que descansar es un deseo pero no una realidad, aunque la actividad que uno realiza en Margarita
Josu Iza

Margarita – Vamos con la segunda crónica después de nuestra primera semana en la isla.  Recordamos que descansar es un deseo pero no una realidad, aunque la actividad que uno realiza en Margarita nunca es una penitencia como dice la canción Work Song de Nat Adderley  y Oscar Brown Jr. “Arrastrar la dura cadena, trabajar sin tregua y sin fin, es lo mismo que una condena que ninguno puede eludir…….”. 

Por supuesto, nadie que vaya de vacaciones por una semana o dos, quiere estar ocupado de aires, neveras, piscinas o baños pero los que pasamos allá unos meses, vivimos la isla con otra disposición. 

Margarita - Vamos con la segunda crónica después de nuestra primera semana en la isla.  Recordamos que descansar es un deseo pero no una realidad, aunque la actividad que uno realiza en Margarita

Sabemos de antemano que nos esperan diversas tareas; tareas que suponen tiempo y esfuerzo y así lo tenemos asumido porque es parte del divertimento cuando se es visitante-residente. 

De hecho es parte del contacto con la realidad de la isla y su gente: el técnico, el jardinero, las tiendas de productos, las ferreterías y otros comercios, que implican el saludo, la conversa, los reencuentros con las personas que conocemos desde hace años; que nos reciben con familiaridad  y hasta con cariño y que agradecen que uno les visite.

A veces yendo a lugares que no están en las vías principales sino en las rutas rurales donde viven los conuqueros, como Chuíto Magaña, pescador y agricultor en sus días libres; o Carlos Guaripete, criador de gallos de pelea y patriarca de una amplia familia que se dedica al cultivo y la ganadería, Jorge el cultivador de mangas y ponsigué o José el Pintao, conuquero de verduras para sopa y huevos criollos, por dar sólo unos pocos ejemplos. 

Pero también tenemos amigos que se dedican a otras actividades fuera de lo rural: Abdul y Judá Sleiman, industriales ferreteros, con quien compartimos una amistad y un gusto por la buena mesa. En estas fechas les invitamos a degustar una parrilla de pescado, asada en el Anafre de barro. 

Para quienes no conozcan este artefacto, el anafre es un fogón fabricado artesanalmente en el Cercado – próximo a Santa Ana – que cumple la triple tarea de asador, ahumador y fogón en una sola pieza. Ningún artilugio moderno es capaz de igualar dicha versatilidad. Y el aroma y sabor de lo cocinado en anafre – carne, pescado, marisco, pollo, vegetales…..es inigualable, con un poco de leña y carbón si se quiere. En nuestro caso con leña de las ramas que caen de los mangos del conjunto donde habitamos.

Y no nos olvidamos de Francisco Regueira, habitante de la Playa de Parguito, experto ebanista y maestro estudioso de las filosofías orientales, que practica como forma de vida.

La madera y el pensamiento son sus campos de conocimiento, además de ser un gran conversador, contador de anécdotas y chistes, nacido en Barcelona España pero margariteño desde hace 42 años. Y hay muchos más que iremos mencionando. 

Margarita - Vamos con la segunda crónica después de nuestra primera semana en la isla.  Recordamos que descansar es un deseo pero no una realidad, aunque la actividad que uno realiza en Margarita

Han sido estas semanas en Margarita especiales porque hemos compartido con dos parejas de amigos que llegaron el día 20 de diciembre, juntos en el ferry que parte de la Guaira. Por fortuna y cortesía de otros vecinos y amigos, pudimos coincidir en tiempo y espacio con ellos, hasta el 2 de enero con unos y hasta el 8 con los otros, aunque con ciertas coincidencias en el tiempo, incluida la celebración del 31 de diciembre, con un grupo más amplio de familia, que vino desde la vecina Bogotá. Amigos estos cuatro, que lo son también en Caracas desde hace muchos años y con los que coincidimos en gustos gastronómicos, cinematográficos y muchos otros. Queridos y apreciados amigos que en esos días, fueron nuestros compañeros de viaje a lo largo de la isla. Los recibimos con una variedad de empanadas – de Doña Clara -, preparadas para mantener el crujiente en sincronización con su llegada a la isla, jugo de mango de la casa,  café recién hecho y postre de desayuno. 

Qué mejor recibimiento después de tantas horas de ferry y espera, falta de sueño y mal comer.  Después, mientras las señoras acomodaban equipajes y recuperaban el  resuello, los señores nos fuimos hasta Sigo y Río para abastecer de vituallas y licores. Luego un buen almuerzo y la correspondiente siesta de tarde que hace olvidar el jetlag y otros padecimientos. Primer arroz con mariscos de la temporada para cenar. Primera cena compartida con sus cuentos y sus vinos. 

En esos primeros días recorrimos varios lugares en plan de playa. Uno de ellos que pudimos redescubrir fue Playa Constanza, un paraíso escondido debajo de la montaña conocida como Cerro El Cacao, en un desvío por una trocha de piedras de la carretera Avenida Simplicio Rodríguez – que va desde Manzanillo hasta Juan Griego -.  Esta pequeña playa está fuera del circuito turístico y nadie la visita – esperemos que siga así – porque el acceso es incómodo y el chiringuito que servía de bar y restaurante rústico está ahora abandonado, como muchas cosas en la isla. 

Protegida por un pequeño golfo y unas formaciones rocosas que hacen de espigón, el agua es como una piscina transparente, sin olas y con una arena muy suave. Eso sí, o llevas sombrilla y sillas o te proteges del sol debajo de unos cujíes espinosos con los que hay que tener cierta precaución; y no esperes empanadas ni cerveza fría, tendrás que llevarte tu cava con hielo y la bebida que te gusta para la playa, amén de chucherías de aperitivo, si no quieres pasar penalidades. Hermosa playa a la que volvimos en varias ocasiones. 

Pero el gran paseo de esta ronda fue la excursión a Macanao. Lo que se considera como península, pudiera considerarse también como continente, básicamente por su tamaño, que es algo menor que el otro lado de la isla de Margarita. Pudieran ser como un archipiélago unido por el filete de la Playa de la Restinga que comienza en la Ensenada de la Guardia; una más verde y la otra más seca, con un territorio intermedio – Municipio Tubores – que es el anticipo desértico de lo que es Macanao. Su nombre lo toma de un Cacique Guaiquerí y en lengua indígena significa “tierra de macanas”, por la existencia en sus cerros de árboles de madera dura como yaque, apamate, ceiba, algarrobo y guayacán, con los cuales se fabricaban armas e instrumentos de trabajo. 

Margarita - Vamos con la segunda crónica después de nuestra primera semana en la isla.  Recordamos que descansar es un deseo pero no una realidad, aunque la actividad que uno realiza en Margarita

El centro de Macanao en Margarita es una montaña – al estilo de la Sierra pero árida -, y su periferia está salpicada de poblaciones a lo largo de la costa – que recorre una carretera en buen estado – salvo San Francisco que se ubica en el centro de la isla. Nosotros decidimos ir un domingo sin tomar la previsión de cargar gasolina el día anterior, pensando que las bombas en el camino estarían abiertas. Craso error. Entre Paraguachí y la entrada hacia la Restinga estaban todas cerradas; dimos vueltas arriba y abajo durante dos horas hasta que decidimos regresar hasta el aeropuerto, donde afortunadamente la bomba estaba abierta al público. 

De ahí retomamos el camino como si nada hubiera pasado pero debido a la hora, tomamos la dirección a partir de Boca de Río hacia Punta Arenas, renunciando a darle toda la vuelta a Macanao en Margarita como teníamos previsto al principio. 

Será en otra ocasión cuando recorramos el resto de la vía por el norte en Margarita. No fue sino hasta llegar a el Manglillo – un pequeño pueblo de pescadores – que pudimos conseguir hielo y donde desayunar. Después de mucho preguntar y ayudados por la fortuna, dimos con una casa donde la Señora Milagros, despachaba desayunos a la puerta del patio de su vivienda. La señora montaba las empanadas, la nuera las freía, el esposo servía los papelones con limón  y el hijo servía el café. Familia bien organizada, empanadas de pescado y de queso muy buenas como casi todas en Margarita, buena y amable atención y precio de combo, dos con papelón y café incluido por un dólar, algo de fantasía. 

Ya desayunados, con hielo en las cavas y ganas de playa nos fuimos directo hasta la que tiene fama de ser la más bonita de la zona. Efectivamente, Punta Arenas en Margarita es una semi bahía larga, con un par de restaurantes muy bien montados con sus cabañas, toldos e instalaciones muy bien mantenidas. A partir de los restaurantes, cambia el paisaje porque allá están instalados los pescadores con sus casas precarias, techumbres de palma, cerritos de basura que dan a la playa un tono poco acogedor, pero uno no mira ni se acerca por allá, se queda dentro del área civilizada.  

Bella playa, lástima que ese día el viento arreciaba y los granos de arena se pegaban del cuerpo y de la cara con la crema protectora; pero el agua que estaba ondulada por la brisa estaba divina, limpia y transparente; después de  un par de horas cuando el viento arreciaba vuelta para casa. 

Un viaje de casi tres horas a media tarde en Margarita. Con qué gusto llegamos y nos dimos un buen baño de piscina, nos refrescamos con unas bebidas heladas e hicimos apetito para lo que nos esperaba. 

 Almuerzo, merienda, cena, tres en uno, una buena parrilla de mero con sus papas asadas y una ensalada que nunca puede faltar, el mejor remedio contra el cansancio de un largo y caluroso paseo. Eso y unos whiskys con agua de coco de la Señora Chucha, complemento ideal  para una velada al aire libre, salvo la cena en mesa y con aire acondicionado que el cuerpo agradece. 

No podemos pasar por alto un buen desayuno en Pastelitos Maracucho en Margarita – si este negocio no existiera habría que inventarlo y darle una medalla como ejemplo de lo que debe ser un negocio de comida -. Pastelitos de papa con queso, carne mechada, queso telita y mi jugo preferido: guanábana, tan densa que casi no pasa por el pitillo. Un aplauso para sus propietarios y sus trabajadores que hacen honor al negocio. Su mural gigantesco en la pared del fondo del negocio es un espectáculo.

Margarita - Vamos con la segunda crónica después de nuestra primera semana en la isla.  Recordamos que descansar es un deseo pero no una realidad, aunque la actividad que uno realiza en Margarita

Y tampoco el trabajo de La Granjita- allá por Camoruco en Atamo, antes del Bodeguero – la hacienda que es como un oasis que cuenta con una abundante provisión de agua, que dirige David Espinosa, que cultiva – con riego por goteo – lechugas, ají margariteño, hierbas aromáticas, albahaca, espinacas, rúcula y otras. 

Es impresionante ver las instalaciones y montajes de los cultivos en Margarita, el cuidado de los agricultores y la delicada selección del producto que envasan o empaquetan para la venta, todos los días fresco. Ya han conseguido extender su producción por toda la isla y están pensando en expandirse al resto del país. Y han comenzado por la capital a donde envían por avión para repartir por otras ciudades. 

Tuvimos la suerte de ser atendidos por David que nos contó de su empresa, ya consolidada pero gracias a un esfuerzo enorme y una dedicación que amerita el éxito. Es una señal de estas islas dentro de la isla y una comprobación de que el trabajo y la constancia dan su fruto; algo tan difícil en Margarita.

En este capítulo hablamos de los nuevos detalles de la tecnología margariteña: el transporte de bombonas de gas ya no se hace con camiones; debido a la escasez y a que no hay más de una docena de pedidos disponibles al día, para ahorrar costes de gasolina, ahora se hacen en moto. 

Observen. También podemos observar el efecto del licor de culebra – otra variedad de tecnología licorera – sobre los habitantes de la isla. Vean las fotos. Coincidiendo con estas fechas navideñas celebramos el Hanukah, pero ante la falta de Hanukiyá – perdón si no se escribe así – para prender las velas diariamente, la creatividad desarrolló un sucedáneo con mucho arte y mucha fé, un palo pulido recogido de la playa con sus ocho velas, el cual cumplió con las necesidades religiosas.  

Pero supera a toda expectativa, la última adquisición de las autoridades de tránsito para marcar los huecos. No se puede negar el esfuerzo para mantener el medio ambiente a base de un buen reciclaje. Simbiosis de caucho con silla, el último grito del mercado.  

Y hablando de ron, queremos hacerle un reconocimiento a nuestro amigo Jorge Heiber, industrial del Ron con Ponsigué, odontólogo en sus ratos libres, amante de la pesca, jardinero xerófilo, que a pesar de ser de Caracas, está promocionando la nueva marca de la isla, Ponsigué Hijo er´ Diablo. Soy testigo de su pasión, porque he trabajado mano a mano con el promotor para rastrear la fruta por media isla – ahora que está empezando a madurar en los árboles -. Días y días de búsqueda y averiguaciones, preguntas a todos los paisanos sentados en sus sillas con cara de saber de la materia que nos ocupa, vecinos, bomberos, comerciantes varios, familiares y amigos……al final y gracias a la entrenada vista de Jorge para detectar entre tanta vegetación las matas de ponsigué, se consiguieron dos proveedores que nos aportan la suficiente fruta para el proyecto experimental de varios galones a macerar. 

Por si acaso también se han hecho pruebas con el Tamarindo Chino, aconsejados por aborígenes que conocen el producto y de paso más fácil de conseguir. Habrá que ver el resultado después de un año y para adelantarnos, hemos comenzado la siembra de varios ejemplares para ver su crecimiento y no tener que depender de la producción externa. Y sobre todo para no tener que andar preguntando a cualquiera que tenga aspecto de saber dónde puede haber materia prima. Un emprendimiento que comienza ahora pero que hará temblar a Elon Musk. 

Otra excursión en Margarita con nuestros amigos fue la realizada partiendo de Paraguachí, pasando por Cocheima y entrando a la Asunción para subir por la vía del Castillo de Santa Rosa hasta la Sierra. Atravesamos el Cerro Copey para bajar posteriormente hasta el Valle del Espíritu Santo y llegar al Santuario de la Virgen. Cerrado todavía el Restaurante el Paraíso, en lo alto de la montaña, no sabemos si por la hora o porque está cerrado, ojalá que no. 

MARGARITA

Margarita - Vamos con la segunda crónica después de nuestra primera semana en la isla.  Recordamos que descansar es un deseo pero no una realidad, aunque la actividad que uno realiza en Margarita

La carretera discurre por una serie de valles verdes y llenos de vegetación, pequeños pueblos o caseríos envueltos en la floresta hasta que desemboca en la plaza aledaña a la catedral. Se ve que estamos en fecha de visita de turistas porque la feria de empanadas está llena de gente, así como las docenas de tarantines que venden recuerdos, artesanía, imágenes y todo tipo de pulseras, medallas, rosarios y objetos religiosos. Todos te quieren regalar una pulsera – sin compromiso – que te protegerá de todo mal y pase usted más tarde para ver si se lleva alguno de nuestros souvenirs. Nadie sale indemne de tanta oferta, nosotros lo hacemos con un bolso tejido a mano, pulseritas y medallas varias, unas cuantas empanadas y un exquisito papelón con limón. 

En la basílica hay más gente descansando en la sombra y haciendo fotos que rezándole a la Virgen pero hay que reconocer el mantenimiento que recibe la iglesia gracias al fervor que despierta la Virgen del Valle. 

Seguimos después para el centro, pasamos por la Plaza Bolívar  y los bulevares Gómez y Guevara donde el comercio está que bulle de gente, vendedores ambulantes de todo tipo de comida – empanadas, arepas, tostones, sopas, tequeños y tequeñones, bombas, papas rellenas y otras cosas que no puedo reconocer y que nunca probaré -. Hay mucho público y parece que hay bastante venta en estos días previos al fin de año. 

Llevamos a nuestros amigos por la parte baja de Porlamar, en esa zona que yo llamo La Habana margariteña, el barrio de los Cocos, con su Mercado de pescado y marisco, sus tiendas de objetos de segunda mano – donde conseguí hace años una bombona de gas usada porque si no estás apuntado en la comuna no hay manera de conseguirla -, sus atorrantes, sus casas desvencijadas y muchas de ellas invadidas. De ahí seguimos haciendo el tour, saliendo por la calle Igualdad hacia la Santiago Mariño, que luce no tan abandonada como hace unos años, ya que algunas empresas han abierto sus oficinas y algún almacén de ropa también. Pero seguimos en dirección a la 4 de Mayo, antaño una avenida con vida propia, al igual que la anterior, pero ahora triste y con la mayoría de sus locales cerrados. Hasta el cruce con el Centro Comercial los Robles y la Jóvito Villalba – en esa zona todavía sobreviven con mucha dignidad y un buen trabajo los restaurantes el Remo y Gaia y más arriba Pan París -, que conduce a Pampatar. Antes de llegar a Costa Azul y Rattan, tomamos el desvío en la bomba de PDV, que nos lleva por la antigua carretera de los Robles hasta la 31 de Julio y rumbo a Paraguachí. 

Una ruta de reconocimiento por media isla que nos permite ver el estado general, en estos días en los que hay cierto movimiento de visitantes, afortunadamente para Margarita. 

Mientras escribo esta crónica y aunque fuera de lugar, voy a hacer una Mención especial  a Santa Empanada, un negocio familiar donde atiende con eficacia y amablemente Johny, cobra ágilmente Roni con su  punto de venta portátil y fabrican las empanadas tres chicas uniformadas, impecables, que mantienen un lugar cómodo, limpio y original en su decoración.

La lista de rellenos es amplia, variada y de calidad muy por encima del nivel medio en Caracas. En los Ilustres, al lado de la redoma de Los Símbolos, estuve hoy almorzando a base de unas deliciosas y crujientes de carne mechada y queso fundido – que hacen según pedido al momento –  acompañadas de un jugo de parchita pura pulpa  y lo mejor: café gratis por la casa. 

Y como dice el cartel que preside el negocio, Con Dios estamos y en la gloria con esas empanadas divinas. 

Todavía nos falta el relato de nuestra cena de Navidad en Margarita, de varios paseos más por la isla, nuestra cena de fin de año, datos de playas  y cuentos varios, pero todo eso será en las próximas crónicas que vendrán las siguientes semanas. 

Margarita tiene mucho que contar; ojalá que se mantenga, al menos como está ahora. Hay que quitarse el sombrero con la fortaleza de su gente, que a pesar de apagones, falta de servicios, abandono oficial y demás calamidades, todavía siguen en pie y no escatiman sonrisas y buena atención, amabilidad y encanto margariteño. Un brindis por todos ellos.

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