Una conversación con Carmen Verde Arocha sobre poesía, gestión cultural y el mundo digital

Tuvimos el honor de recibir en Pasión País Radio a una figura destacada del panorama literario y cultural venezolano: Carmen Verde Arocha. Con una trayectoria multifacética que abarca la poesía, la escritura y la gestión cultural, es una intelectual de gran calibre. Es licenciada en Letras y cuenta con una Maestría en Historia de Venezuela por la prestigiosa Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), lo que demuestra su profunda conexión con el conocimiento y las letras.

Desde 1994, ha desempeñado un papel fundamental como directora de la Editorial Eclepsidra, una labor que la consolida como una incansable promotora de la literatura y el talento editorial en el país.

– ¿Qué balance harías de este año 2025 con relación al mundo editorial en el país?

Yo respondo desde mi experiencia eh con la editorial Con la con la editorial este año, ¿no? Eh, sin duda alguna se han presentado muchísimos libros. Sin duda alguna eh la mayoría eh son libros los que se montamos en Amazon o en cualquier otro espacio digital. (…) En el caso de Eclepsidra nosotros trabajamos con el apoyo de patrocinio, cada vez más difícil, hay que decirlo. Eclepsidra está de hace tiempo en busca de un patrocinador que nos acompañe. 30 años de trabajo ininterrumpido, ya estamos ya en 31, vamos a 32 años. Este año hemos sacado cinco títulos. (…) Sí, que, aun sacando cinco títulos, diría que ha habido un gran descenso en la actividad en este año que ya está por finalizar.

– Al adentrarse en la esfera digital, un escritor contemporáneo se enfrenta a un panorama de discusión que a menudo dista mucho del verdadero oficio literario. Esta dinámica se ha traducido en una agresiva e incesante arremetida contra las editoriales, particularmente las españolas, donde la principal fuente de molestia radica en la necesidad de que el autor asuma costos para publicar su obra, un modelo que se confunde con la edición tradicional. Sobre este tema Carmen Verde Arocha expresó:

Sí, yo creo que, en estos tiempos con las redes, con las ansias de figurar, con todo lo que ha pasado el en el siglo en el siglo XX, vamos a decirlo así, suena rarísimo, pero el siglo 20, en el siglo 20. Uno primero conocía la obra y después los autores. (…) Entonces, claro, hay un desbordamiento en estos momentos. Todo el mundo cree que es editor, por eso prescinde, quiere prescindir de las editoriales. cuando seas muy joven, yo no lo critico porque la experiencia de ser joven lleva a toda esta experimentación, ¿no? Exacto. Pero con el tiempo, a medida que lo diga ya alguien ya más adulto, tú te preocupas. Entonces, por supuesto, el mundo editorial no es solamente lo que conocemos. Ahí tendríamos que hablar, el ecosistema editorial es muy amplio y es bueno obtener ese conocimiento. O sea, comienza desde la forestación, desde la hechura del papel, desde todo lo que requiere la industria gráfica, tú lo sabes muy bien. Ese pasando también por todo el universo interior del escritor, lo que lleva a escribir algo.

– ¿Qué representa para ti este tipo de concursos? ¿Son un estímulo? Sabemos que en el ámbito de la literatura hay unos concursos eh de mucho nombre, este de muchísima proyección, pero también hay todos estos concursos que mes a mes respaldan la actividad. ¿Cómo lo ves?

Yo siempre confío en los concursos y paradójicamente he participado muy pocas veces en mi vida en los concursos, casi nunca. (…) A mí me gusta creer en las cosas. Porque además eso forma parte de esta de la misma poesía, ¿no? De estar en poesía, de tener la capacidad del asombro. Es verdad que hay de todo en la viña del Señor, pero no todos los concursos tienen por qué ser iguales. Entonces, no siempre uno manda el concurso para ganar. (…) Pero bueno, esa es la experiencia. A mí me tomó por sorpresa.

– ¿De qué que va tu libro Mares y halagos?

Es un texto que yo vengo trabajando como te dije de hace 8 años. Me imagino que cuando escuchas mares y al lago están pensando que es un libro sobre el mar. Sí y no. Porque es un poco el río me ha acompañado toda la vida, los quienes me han leído saben. Y el mar es un es como es como una poesía espejo, el mar el afuera y el dentro de uno.  Ese viaje como al subconsciente, ese viaje al amor porque están los halagos, pero también el halago con comilla que a veces incomoda. Y también ese, digamos, ese viaje interior es a lo que eres en esencia, ese viaje, esa infancia eh a la que nunca llegas, ¿no? Porque nunca se vuelve a la infancia.

– ¿Cómo trasciendes tú la poesía con esos jóvenes donde tal vez la poesía no tiene nada de inmediatez? ¿Cuándo estás dando clase frente a un grupo de jóvenes, cómo tú puedes tocarlos, cómo puedes moverle el piso entre tanta inmediatez?

Yo les aclaro a ellos inmediatamente, o sea, una cosa es la información que se consigue en las redes, que es mucho, pero la información no es conocimiento. Y El conocimiento te lo dan los libros, las lecturas, los estudios, la universidad. O sea, ustedes están aquí no buscar información, eso está en las redes porque todas las redes tienen que confirmar los tres, cuatro y cinco veces. Vienen a la universidad a los libros a buscar conocimiento.

– ¿Qué es lo que tú dirías que quedó por fuera que es importante para ti que escuchemos después de estas bellas definiciones que nos has dado hoy de lo que significa escribir?

Me gustaría dirigirme a los jóvenes. Decir a los jóvenes que en el camino del trabajo profesional y creativo a lo que se dediquen. Yo pienso que es importante algo el no dividirse, el tratar de siempre de no fragmentarnos, de estar reunidos ante esa avalancha de la que te hablaba al principio. De tantas redes sociales, de tanta información día a día. Tratar de reunirnos, de no hacer no volvernos tan dispersos, no hacer tantas cosas. Esto me lo planteé muy tempranamente cuando hice estudié letras, ¿no? Pero después me quería dedicar a la poesía. (…) Entonces, yo les diría a los jóvenes, no dividirse.

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