El reencuentro con el mejor escenario

Inés Muñoz Aguirre

La recuperación del Teatro Teresa Carreño para la cultura, para lo que fue creado, nos reconcilia con la verdadera conexión social que no es otra que aquella que se apoya en la educación, la formación y la expresión cultural.

Ver en escena el Pájaro de Fuego interpretado por el Ballet del Teresa Carreño propició en primer término esa conexión con la memoria que es fundamental para la estructura emocional de la sociedad. ¿Cómo hace una comunidad que no tiene referentes de calidad?

Los venezolanos tenemos la suerte de haber contado con gestores que propiciaron la creación de espacios como el Teatro Teresa Carreño (19 de abril de 1983).

Su inauguración fue un momento inolvidable no solo para los venezolanos, sino para América Latina, porque la gestión con la cual se abordó su programación lo colocó a la vanguardia de todo el continente, llegando a ser considerado como el complejo cultural más moderno del país.

Este espacio sufrió la terrible crisis por la que ha atravesado Venezuela. Puede que aún queden vestigios y añoranzas de lo que fue porque solo basta recordar espacios como la librería o la tienda de discos que funcionaba en sus instalaciones para entender que no todo se hace a fuerza de cuatro mesas y sillas acompañadas de deseos, si no que aquellas tiendas respondían a la majestuosidad de dicha construcción y a las estructuras que se hacen eco internacionalmente…

Aquellos eran momentos de visita de los más grandes artistas del mundo y de turistas que nos visitaban desde otros países para disfrutar lo que les ofrecía nuestra cartelera.

Sin embargo, estamos viviendo una etapa de resurgimiento; hemos visto regresar algunos intérpretes y estrenarse otros. Se percibe el rescate de algunos espacios y, por sobre todo, podemos descubrir en su escenario la otra cara de ciertas acciones que se diluyen con el tiempo, para dar paso al verdadero talento en todas sus expresiones.

En la historia, siempre vence la educación, la formación, el profesionalismo y la calidad. Para los más apasionados de la interpretación social, podríamos decir que siempre vence el bien sobre el mal, estando identificada esta premisa con los verdaderos valores.

Esta temporada de ballet recién finalizada puso sobre el escenario la calidad, el trabajo en equipo, la creatividad, la capacidad de reconstrucción y adaptación, ya que se trabajó basados en la puesta en escena que hiciera del «Pájaro de fuego» hace 40 años, el coreógrafo Vicente Nebrada, quien en esa reconstrucción de la memoria vuelve a ser un gran referente para la danza y el ballet en nuestro país.

Así es como el mayor brillo en ese escenario lo alcanzaron los músicos y los bailarines presentes, quienes nos hicieron recordar que somos un país rico no sólo en paisajes, si no en talento.

Todo esto sin dejar de mencionar el impacto que me causó la civilidad de un público, que apenas sacó sus celulares, que se mantuvo en el más solemne de los silencios, como demostración de que lo que tenía ante sus ojos, es lo que merece una sociedad para salir adelante y alcanzar el verdadero desarrollo.

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