Todas las ciudades del mundo civilizado – menos la nuestra – se han transformado positivamente en las últimas décadas, especialmente las europeas y norteamericanas. Han recuperado puertos y márgenes de ríos, plantas industriales abandonadas, zonas degradadas, estaciones de ferrocarril y cualquier parcela libre que pudiera ser rescatada para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, haciendo énfasis en la calidad del medio ambiente con respecto al agua, el aire y el espacio urbano en general y no derribando – salvo en los casos que es inevitable – sino transformando en lugares habitables, fábricas o edificios antiguos que quedaron como monumentos al abandono.
Después de pasear por las dos orillas del Sena, ver el origen dos milenios atrás y la renovación fundamental del S XIX, es preciso dar un vistazo a las últimas últimas actuaciones de gobiernos y particulares, que han contribuido a que París siga manteniendo una belleza clásica y ostente un encanto vanguardista en los nuevos desarrollos urbanísticos del Siglo XX y XXI.
Hay una tradición en Francia sobre el «síndrome de pasar a la posteridad», que aqueja con fuerza a todos sus mandatarios, desde Luis XVI el Rey Sol hasta el actual Macron, aunque los tres últimos – Sarkozy y Hollande incluídos – no han gozado de unos presupuestos generales sin fondo – más bien la posibilidad de endeudamiento que no pagaron ellos sino sus compatriotas – de los que disponían sus colegas anteriores.
De la era moderna y dentro de un sistema democrático, ha sido François Miterrand el que más obra pública ha legado para su gloria personal, en el París de finales del S XX. Comenzando con la Biblioteca Nacional – el apellido es fácil de adivinar -, obra del arquitecto francés Dominique Perrault.
Lo imaginó como un lugar perfectamente simétrico, ligero y equilibrado, hecho en su mayoría de acero, vidrio y madera y dio a la biblioteca un significado simbólico al crear cuatro grandes torres angulares que representan los libros abiertos. Fue inaugurada en 1998 como ambiciosa punta de lanza proyectada sobre dos frentes: uno, doméstico, orientado a desmantelar un viejo barrio industrial y convertirlo en residencial y el otro europeo, destinado a continuar la escalada de megaproyectos culturales tendentes a mantener a la capital francesa en el epicentro de la escena continental.
Para los visitantes y residentes, la biblioteca es accesible e inclusiva, sin utilizar su masiva presencia para apropiarse del lugar sino para crear un espacio público liberado. En el centro de la explanada elevada se encuentra un gran patio vaciado y saturado por árboles, como si el entorno urbano se hubiera desvanecido y rellenado con vida. El propósito del diseño es claro: en el núcleo del proyecto está la naturaleza, no el hombre y su urbanismo.

Otra de las magnas obras que ordenó realizar de su serie «Les Grands Travaux» – seguimos con Le Roi Socialiste – fue La Defense, un moderno barrio de negocios situado al oeste de París, fuera del anillo Periférico, como prolongación del eje histórico que comienza en la Pirámide del Louvre, pasa por el Arc de Carrousel y prosigue hasta el Arc de Triomphe, continuando física y visualmente por el Pont de Neuilly y finalizando en el Grand Arche de la Defense.
Se puede ver en una sola línea recta todos los monumentos intermedios, de arco a arco hasta el final a más de ocho kilómetros, porque a los urbanistas franceses siempre les ha fascinado el concepto cartesiano de la ciudad. Este distrito se compone esencialmente de torres de oficinas, conectadas por una inmensa explanada peatonal – Le Parvis – que tiene jardines colgantes y sesenta obras de arte que hacen de él un verdadero museo al aire libre y un paseo muy apreciado por las personas que viven o trabajan allí, «les Défensois».
Su nombre viene del monumento La Défense de París creado como homenaje a los soldados que defendieron la ciudad durante la Guerra contra Prusia en 1870, que después de cuatro meses de asedio, igual terminó ocupada. Aunque las estadísticas las carga el diablo, las del último año afirman que Portugal es el país con mayor consumo «per cápita» de vino en el mundo. Dicen también que le siguen Italia y Francia, con lo cual los portugueses han sustituido a los franceses – debe ser para combatir la saudade – que ostentaban históricamente ese primer lugar.
Pero en otras épocas pasadas París era una ciudad insaciable, batía todos los récords, sufría de sed permanente y para mitigar ese pesar, durante casi cien años – de 1860 a 1970 – los almacenes de vino ocuparon las Salas de Bercy y fueron el mercado vinícola más grande del mundo.
Ahora Bercy Village es un patio adoquinado bordeado de bodegas de piedra blanca y tranquilas terrazas con una arquitectura donde se combinan el acero, la madera y el cristal. El Cour Saint Emilion – a dónde llegaban por tren los barriles con los caldos de Burdeos y cuyas vías todavía se conservan – y sus 42 bodegas, es el último vestigio de los «Entrepots», y es un lugar entre vintage y moderno: la cata de vinos sigue siendo una actividad popular en Bercy Village, pero también es un lugar hermoso para un recorrido a pie.
Con su arquitectura histórica, el tranquilo Parc de Bercy y una gran cantidad de cafés, restaurantes y bares lo convierten en una deliciosa pausa a mitad de una visita turística. También hay más de 30 tiendas para explorar, que venden arte y artesanías, comida artesanal, moda y regalos.
La Cité des Sciences et de L´Industrie, es un establecimiento especializado en la difusión de la cultura científica y técnica. Ésta fue creada por iniciativa de Valery Giscard D’Estaing – el último presidente de la generación de los que vivieron la Segunda Guerra – en un emplazamiento ocupado anteriormente por los mataderos de la Villette y que comparte espacio con la Cité de la Musique y el Conservatoire de París.
Tiene una exposición permanente sobre la Tierra y el Universo, cuenta con un Planetario donde los visitantes pueden ver imágenes reales, un simulador astronómico y un mecanismo de sonido tridimensional para descubrir el sistema solar con ciencia y poesía, además del Acuario, la Ciudad de los Niños, Cine Lumiére, la Geoda, una esfera gigante que de hecho es un cine que ofrece una pantalla semiesférica de mil metros cuadrados, el Argonauta y el Cinaxe que permite experimentar una simulación de un vuelo espacial.
Según la mitología griega, en el Monte Parnaso brotaban bellos manantiales los cuales formaban fuentes, siendo la más famosa la de Castalia. Allí, se reunían las ninfas y las musas que bailaban y cantaban acompañadas de Dios Apolo y su lira. En ese monte se inspira la estación de París Montparnasse por donde transitan numerosas líneas de alta velocidad.
En los años sesenta, la reconstrucción de la estación se incluyó en el proyecto inmobiliario dentro del que se encontraba la Tour Montparnasse, construida en el lugar donde se encontraba la antigua estación. Mezcla una fachada acristalada, que permite identificar mejor la estación y una arquitectura interna de hormigón en la que destaca un techo que cubre las vías y soporta un aparcamiento y un espacio verde, el Jardín Atlántico.
La Tour por su parte, mide 209 metros de altura y cuenta con 59 pisos en el corazón de la Rive gauche, en la prolongación del eje visual y geográfico del Palais de Chaillot, Les Champs de Mars, L’ecole Militaire y la Tour Eiffel – otro concepto cartesiano – . Un restaurante, Le Ciel de París, ocupa el 56.º piso y ofrece un panorama excepcional de la ciudad con vistas únicas que cambian según la hora, la luz y las condiciones del clima.
También le han dedicado en París mucho tiempo, esfuerzo y dinero a remodelar o crear nuevos museos, uno de los atractivos que le distingue. Musée d ́Orsay, una pinacoteca dedicada al periodo de 1848 a 1914, que ocupa el antiguo edificio de estación ferroviaria y alberga la mayor colección de obras del Impresionismo del mundo.
Antiguo palacio de Margarita de Valois – Margot para los amigos – fue destinado a museo gracias a una resolución de Georges Pompidou, que ya tenía otro museo a su nombre en Les Halles. Musée des Arts et Métiers, dedicado al desarrollo industrial y científico que alberga más de ochenta mil objetos, la colección de instrumentos e inventos del Conservatorio Nacional.
Todos los artefactos, máquinas, modelos y dibujos que se crearon o utilizaron durante los Siglos XIX y XX, y que está actualizándose permanentemente. Una de sus piezas más valiosas es un Péndulo de Foucault – que demuestra la rotación de la Tierra – , que le dio título a la genial novela de Umberto Eco que comienza en una de sus salas.

Frank Gehry, arquitecto del Guggenheim, siempre inspirado en formas nativas del mundo natural, diseñó el edificio de la Fondation Louis Vuitton con una gran fachada que se parece a un barco futurista de vidrio y acero con velas azotadas por el viento o tal vez un molusco alienígena de alguna especie.
Fluctuart, es el primer espacio de arte flotante de París que se inauguró en el verano de 2019, después de años de anticipación. Refiriéndose a sí mismo como un «centro de arte urbano» y el primer mundo suspendido sobre un cuerpo de agua, se dedica principalmente al arte callejero, el graffiti, el hip-hop y otras formas artísticas nativas de la cultura urbana global. Atrae a grupos de jóvenes y artistas parisinos a una parte de la ciudad que casi habían abandonado, cerca de Invalides y la Avenue des Champs-Elysées.
Atelier des Lumières, uno de los nuevos museos más exitosos que se inauguró en París tuvo una apuesta importante: en lugar de exhibir piezas originales en medios tradicionales como pinturas, esculturas o fotografías, el revive obras de arte y artistas existentes a través de pantallas multimedia digitales. Miles de personas hicieron cola para ver el espectáculo inaugural en el Atelier, una exploración multisensorial de los pintores de principios del siglo XX Gustav Klimt, Egon Schiele y otros artistas del movimiento austríaco «Secesión».
El primer museo en Europa dedicado a la economía y la historia económica se llama Citeco (abreviatura de Cité de l’Économie et de la Monnaie) se centra en una exposición permanente interactiva y educativa. Fue encargado por el Banco de Francia con el objetivo de educar mejor a los ciudadanos y visitantes sobre la economía actual y las corrientes significativas en la historia económica. El museo está ubicado en el Hotel Gaillard, un edificio neogótico catalogado que data del siglo XIX que alguna vez sirvió como sucursal de le Banque de France. En el interior, se pueden explorar pantallas interactivas y juegos multimedia que cuentan la historia de los choques económicos y el auge, o cómo funciona el mercado de valores global.
También vale la pena ver la colección de monedas, billetes, impresoras de dinero, libros y otros objetos europeos raros relacionados con el desarrollo económico y la industria.

Al margen de monumentos, museos, bibliotecas y bodegas, también hay renovaciones que son simples barrios residenciales pero cuyo tamaño y solidez ameritan una mención. El Quartier Asiatique, también llamado Triángulo de Choisy o Petite Asie es el mayor centro comercial y cultural de la comunidad asiática de París.
Está situado en el sureste de la ciudad, en una zona que contiene muchos edificios de apartamentos de gran altura. A pesar de su condición de «Barrio Chino» el vecindario también contiene importantes poblaciones vietnamitas, laosianas y camboyanas. De hecho, la primera oleada de inmigrantes fue de vietnamitas refugiados de la Guerra a finales de los setenta. En este barrio, la actividad comercial está dominada por negocios orientales y las grandes cadenas de mercados especializados en productos asiáticos como Tang Freres y Paristore (Sólo en Queens he visto unos mercados equiparables en tamaño y variedad a los de París).
Muchos y buenos restaurantes, especialmente vietnamitas, en una zona de doscientos mil habitantes enclavada en un distrito de gran desarrollo como es el XIII. Y como curiosidad, también hay otro barrio oriental, en este caso japonés que llaman el Pequeño Tokio, que se ubica entre la Avenue de L ́Opera y Le Jardin Du Palais Royal, lleno de restaurantes muy auténticos, muy pequeños y llenos de clientes, ya que hay más de treinta mil nativos en esa zona que se desarrolló en los años setenta.

Finalmente, aunque ya hemos reseñado varios restaurantes, voy a recomendar estos, recordando que son de mi gusto personal, probados y comprobados pero que cada quien tiene los suyos preferidos porque hay mucho donde escoger en París. La Régalade Saint Honoré, La Cherche Midi, Chez Trassoudaine, L´Odéon, Higuma, Kunitoraya, Happa Tëi, Au pied de cochon, La Jacobine, La Loir dans la Théière, Comptoir Gourmet, Les Apôtres de Pigalle, L’As du Fallafel, Le Souffle, Le Saigon D’Antan, Bouillon Pigalle y Dalia.
Sólo añadir estas calles con Mercados que merece la pena conocer y pasar un día completo de compras y al mismo tiempo comiendo en cualquiera de sus puestos o restaurantes: Mouffetard (Distrito V), Montorgueil (Distrito I), Monge (Distrito V) , Martyrs (Distrito IX), Sainte-Anne (Distrito II) y Place du Temple (Distrito III).
Que puede haber más francés y más parisino que una buena y tradicional «Soupe a l´oignon gratinée». Alexandre Dumas escribió que era «una sopa muy querida de los cazadores y gente de mala vida y venerada por todos los borrachos». Como todos los grandes platos de la culinaria francesa de origen humilde, según cuenta la tradición, se hizo popular por servirse en el mercado de les Halles a los noctámbulos que regresaban de una noche de rumba a su casa. Así que Dumas estaba en lo cierto, y les vamos a dar hoy la receta particular de uno de los grandes de la cocina, Paul Bocuse.

RECETA: SOPA DE CEBOLLA AL ESTILO DE PAUL BOCUSE.
INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS: Cebolla 350 gr. Mantequilla 75 gr. Harina 30 gr. Sal y pimienta recién molida. Caldo de carne reducido y concentrado 1.5 litros. Queso Gruyere 300 gr. Pan campesino duro de una semana 1. Coñac 1 vaso. Huevo 1. Oporto 1 vaso.
PREPARACIÓN: Picar las cebollas finamente en aros. Derretir 60 gr de mantequilla en una cazuela de hierro fundido (Imprescindible) y sofreír la cebolla dejando que se dore intensamente. Espolvorear la cebolla con la harina y dejar un minuto a fuego medio. Humedecer ligeramente con caldo. Salpimentar y dejar cocer suavemente 30 minutos. Reservar. Mientras se cocina la cebolla en el caldo, cortar ruedas finas de pan y tostarlas en plancha. Rallar la mitad del queso y cortar en tiras finas el resto. En el fondo de una sopera apta para el horno, poner el resto de mantequilla y un poco de queso rallado. Cubrir con rebanadas de pan tostado cubiertas a su vez con tiras de queso entero y repetir la operación haciendo capas. Luego añadir caldo a la altura y dorar todo en el horno hasta que se absorba por completo. Agregar el resto del caldo al final y el vaso de coñac. Regresar al horno por 10 minutos más. Al servir de la sopera se puede incorporar al gratinado la yema del huevo batida en el oporto en cada plato, que debe ser bien hondo. También se pueden preparar envases individuales con la misma técnica, pero deben ser de barro o de hierro porque tienen que ir al horno. Buen provecho.


