La Academia Venezolana de Gastronomía más allá de los reconocimientos desarrolla el Programa Nacional de Cocinas Regionales con el fin de preservar y divulgar ingredientes y recetas que sustentan nuestra identidad
La Academia Venezolana de Gastronomía entregó la edición número 20 de los premios Gran Tenedor de Oro, Tenedor de Oro al chef del año, mejor publicación del año, el Armando Scannone y cuatro menciones. Lejos de ser solo un diploma para enmarcar es un documento de compromiso para quienes lo reciben.

Por otra parte, la citada corporación está de aniversario, llegando a las cuatro décadas de actividades, tiempo en el que se ha mostrado como una institución consolidada y que se hace sentir en todo el territorio nacional, en una palabra: que vive.
Los citados premios son ejemplo de ello, porque se enmarcan dentro de la realidad, al destacar a quienes que se alejan de tendencias pasajeras y de la gastronomía efectista. La Academia Venezolana de Gastronomía se ha constituido en promotora de la cultura gastronómica venezolana, se acerca a los profesionales que han hecho de la despensa primigenia la fuente de inspiración y concibe al universo gastronómico otra faceta dentro de la cultura.
Ya lo dijo en el acto de entrega, Ivanova Decán Gambús, presidenta de la AVG, “Nuestro programa de reconocimientos se ha convertido en una bandera que enarbolamos con muchísimo orgullo, al punto que los premios de la Academia son hoy, sin lugar a dudas, los galardones más importantes y hasta codiciados que se conceden en Venezuela en el sector gastronómico”.
Los miembros de la Academia Venezolana de Gastronomía desarrollan un proceso para la selección de los ganadores que no se circunscribe exclusivamente al mero ejercicio en la cocina, sino que se toma en cuenta su influencia en lo económico y en lo social, además de medir su conexión con las tradiciones.
Ejemplo de ello es ganador del Gran Tenedor de Oro 2023, que junto a los otros nominados se entregó en el Club Pomar hace unos pocos días. Hablamos del programa de Ferias de Consumo Familiar de la Organización de Integración Cooperativa Cecocesola, que existe desde 1967. Comenzó en Barquisimeto con 10 cooperativas para organizar ferias de hortalizas. Ivanova Decán recordó que ese esfuerzo organizativo constante a lo largo de los últimos 58 años se ha convertido en modelo mundial de organización comunitaria lo cual le valió en 2022 el Premio Nobel Alternativo que otorga la fundación sueca Right Livelihood.

El Tenedor de Oro al chef del año recayó en José Antonio Casanova, quien se ha caracterizado por ser autor de un buen número de platos que se caracterizan por una técnica impecable, el respeto al producto y narrar una historia. Es un investigador de la gastronomía venezolana y no abandona la estética de cada condumio.
En cuanto a la publicación, que es un capítulo que refleja el interés de la Academia Venezolana de Gastronomía por la investigación y la difusión de temas relevantes con el fin de informar e instruir, tuvo como ganador al libro Leña, historias, ambiente y gastronomía en Venezuela de Otto Gómez Pernía, quien indaga con disciplina científica sobre el arte de cocinar con leña.
Teo Zurita recibió el premio Armando Scannone, que se otorga al cocinero que ha tenido como inspiración la despensa venezolana. Zurita ha indagado en recetas antiguas y tradicionales para traerlas a la mesa pública bajo una mirada contemporánea sin traicionar su esencia. Teo tiene su cocina en el restaurante La Capellanía, Mérida.
No menos importantes son las menciones porque dan visibilidad a personas o instituciones que desarrollan actividades vinculadas de manera directa o indirecta con la gastronomía. Este año los premiados fueron comunicador Alberto Veloz por su investigación periodística, La Posada de Cervantes, la librería digital especializada en gastronomía Sabores de acá y Tostadas Casimiro con más de 50 años de presencia en Maracaibo.
Pero en estos 40 años, la Academia Venezolana de Gastronomía se ha trazado nuevos objetivos, como lo es la preservación de las despensas originarias y las recetas tradicionales, a veces relegadas a un segundo plano. Se trata del Programa Nacional de Cocinas Regionales, concebido y dirigido por Rafael Cartay, integrante de la Academia. Ivanova Decán Gambús explica que se orienta a la documentación y resguardo del patrimonio culinario del país. En San Cristóbal se entregaron diplomas a los 25 egresados de la primera cohorte del Diplomado de Cocina Tachirense, experiencia piloto realizada en alianza con la Cátedra de Cocina Tachirense que dirige la investigadora y escritora Leonor Peña y que incluyó más de 300 horas académicas distribuidas en 8 módulos y la presentación de la tesis respectiva.
También se comenzó esta actividad en el estado Bolívar, cuya coordinadora es María Fernanda Grisel, así como en el estado La Guaira. Este programa está dirigido a empresarios, chefs, estudiantes, investigadores, emprendedores y todo aquel profesional vinculado al sector. Además de crear y organizar una data, se espera publicarla como una contribución al rescate de nuestra identidad y de la preservación de una auténtica culinaria nacional.


