LOS JÓVENES. El otro día cuando estuve almorzando en Arepas Margaret, en la Avenida Bicentenario de Catia la Mar, comenté que el sistema de despacho que tienen es ágil, eficiente y eficaz. Supongo que está pensado por alguien que ha corregido defectos con la experiencia pero lo llevan a cabo jóvenes, de ambos sexos pero en su mayoría muchachas, en la caja, en la cocina, servicio, despacho y control de la clientela. Todos veinteañeros salvo los parkeros que son veteranos experimentados, más allá de la tercera edad.
Este es un caso común en el comercio, restaurantes, talleres y servicios de todo tipo. Se puede ver en los automercados, donde casi todo el personal no llega a la treintena, en los lugares de comida rápida, tiendas de ropa o electrodomésticos, no digamos en los negocios de tecnología – vayan un día a City Market en Sabana Grande y vean -, en cualquier lugar donde haya un mostrador para atender público, como farmacias, panaderías o cafeterías.
Se distinguen porque son como los equipos de fútbol, cada uno va con su uniforme y también son intercambiables porque pueden estar hoy en KFC, mañana en Burger King, en Traki, en Daka, en Río o en la Central Madeirense. El producto puede ser diferente pero la tarea es la misma, servicio al público, manejo de tecnología para cobrar, ubicar productos en estanterías, seguridad y otras funciones que se repiten en todas las actividades de ese tipo.
Lo cierto es que para la mayoría de nuestros jóvenes sin mucha formación – a veces también con ella pero sin posibilidad de acceder a puestos acordes con ella – las opciones son claras: o emigrar buscando la posibilidad de construir una vida, tener un trabajo que te permita ahorrar, comprar una casa a 30 años, formar una familia y pensar en un futuro así sea precario y fatigoso o quedarse y trabajar para tener un cierto ingreso que quizás le sufrague el pago del celular, una burger de vez en cuando y la aspiración de tener una moto pagada en cuotas para no tener que depender del transporte público. Lo peor de este tipo de trabajo es que progresar dentro de él, aprender algo más, formarse para elevar tu status profesional es imposible, quizás pases de vendedor a motorizado para delivery, el consuelo puede ser que no son trabajos demasiado esforzados, se pasa el tiempo libre viendo tik tok y la empresa te proporciona ropa de trabajo.
El domingo salimos muy temprano para desayunar en Santa Mónica en Lilys Rolls, probar las empanadas que tienen tanta fama. Cuando llegamos, justo en el momento de la apertura a las 7.30, estaba en la puerta del local un grupo de chicas todas vestidas de negro, armadas con esas computadoras que cargan en todos los negocios de comida para enviar las órdenes a cocina, colgadas del cuello y con la vista clavada en sus celulares. Éramos los primeros clientes, así que ni se fijaron que estábamos allá hasta que dimos los buenos días y una de ellas reaccionó. Nos sentamos en una mesa allá en la terraza, pedimos nuestras dos empanadas y papelones, degustamos, pagamos y nos fuimos. Pensé exactamente lo mismo que he dicho más arriba; un trabajo, pero con poco futuro estimulante y creativo, Quizás mañana me encuentre a una de esas muchachas en Luvebras o en Canel, haciendo lo mismo pero con otro uniforme. Por cierto las empanadas de buen tamaño, con mucho relleno, no de un sabor exquisito – no le ganan a las de los Abuelos en Chacao – pero aceptables y el papelón también muy correcto, No hay café de máquina sino negro colado y los precios son exageradamente caros. Ya probé, prueben ustedes y opinen.


