PERSONAJES. PASAJEROS PRECARIOS.

Josu Iza

Ya no nos sorprende nada de lo que vemos en la calle pero es bueno recordar que en el mundo y que en Caracas hace unos años, no es posible ver estas escenas que ahora son normales o nos lo parecen porque nos hemos acostumbrado. Es lo peor de que no se atajen irregularidades como estas porque se convierten en habituales y permitidas. 

Por ejemplo, cuántas veces nos ha tocado ir detrás de una pickup, que en la caja abierta carga varios paisanos que vienen o van al trabajo. Normalmente van sentados en el piso de la caja pero a veces tienen sillas de playa para ir más cómodos. Igualmente van los pasajeros trabajadores en las cajas de las camionetas refrigeradas, con las puertas abiertas, sin sujeción y si pierden el equilibrio comienzan a bailar sin rumbo de pared a pared a riesgo de salir despedidos por la puerta. Y qué me dicen de los que van parados y apiñados en un camión de estacas, mirando como si fueran en un vagón de metro pero sin túnel sin posibilidad de acomodarse ni sentarse o los que viajan sobre la lona de una gandola o sobre las patillas de un camión, durmiendo a pierna suelta, oscilando en cada curva con el peligro de rebotar y caer a la calzada y ser atropellados por otro vehículo. Pasajeros guindando de la puerta de los autobuses, uno sobre otro sujetos no se sabe donde o a quien, que bajan cuando el bus se detiene para terminar su trayecto o para volver a subir cuando desciendan los que si se bajan en esa parada. Y lo curioso es que normalmente el bus está vacío por dentro pero se va más fresquito colgando en la puerta. 

Pero lo peor son los parrilleros en moto con una caja de televisión, o un motorizado con una caja de delivery enorme que hace perder el balance, o el que lleva diez bultos de harina pan entre las piernas, detrás al frente y amarradas con tape transparente a su cuerpo y la moto. Y lo más grave, las familias de tres y a veces de cuatro en una pequeña moto, un bebé delante con un casco de juguete, el conductor, otro niño sin protección y detrás la señora agarrada al conductor, aplastando al segundo infante y con la nalga fuera del asiento porque ya no queda más espacio. Peligro sobre ruedas y nadie que le ponga coto a estas conductas. 

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