PEDALEANDO. NUESTRO PASEO HISTÓRICO Y GASTRONÓMICO

Josu Iza

Esta semana he subido tres veces al Ávila, dos a Sabasnieves muy temprano en la mañana – el trabajo exige – y el sábado al Cortafuego, subiendo por la Castellana y caminando hasta el cruce que sube por San Bernardino. Pensé en volver caminando hasta mi punto de partida pero elegí bajar por esa trocha asfaltada muy empinada, que llega hasta Loma del Viento. Cuando llego a la entrada del parque, acierta a pasar en ese momento un Metrobus que me lleva hasta Bellas Artes, pero no directo, porque el trayecto pasa por la parte alta de San Bernardino, San José de Cotiza y parte de la Pastora. 

Desde la época colonial y hasta los años 1920 el área era ocupada por haciendas cafetaleras y casas de campo de las familias más pudientes de Caracas. San José de Cotiza tiene una historia particular:  Después del terremoto del 26 de marzo de 1812, el arzobispo Don Narciso Coll y Pratt y el cabildo eclesiástico se instalaron  al norte de la ciudad. Al poco tiempo fue edificada una capilla de bahareque  y techo de tejas, de unas cuarenta varas – cerca de un metro – de cuadrado, que fue la nueva iglesia Metropolitana Provisional y a su alrededor se ubicaron unas doce mil personas que buscaban la protección del Prelado. Pero la parroquia quedó establecida por el presidente Juan Pablo Rojas quien ordenó edificar un templo con el nombre de la nueva Santísima Iglesia Parroquial de San José. En cuanto a La Pastora,  ya en 1603 el antiguo camino de los Españoles que empezaba en Maiquetía terminaba allí y también  fue formalmente creada en 1889 por orden del presidente de la República aunque ya existían desde el siglo XVI casonas en el lugar. Esta parroquia aún preserva en buena parte de su territorio el ícono de la Caracas  de los techos rojos: casas coloniales con patio central y corredores. En los años 70 y 80 se resistió a su desaparición cuando quisieron demolerla e imponer un desarrollo urbanístico; la consigna “Si no hay vivienda, no hay Cota Mil”, que hizo desistir al gobierno de turno. En la comunidad del Barrio Las Torres, en Los Mecedores, se celebra desde el año 1983 el Velorio de Cruz el segundo fin de semana del mes de mayo y La Parranda del Niño Jesús todos los 23 de diciembre, como promesa por agradecimiento a las victorias de La Parroquia en las luchas contra los desalojos y la modernización de La Parroquia que atentaba con destruir la zona colonial y desalojar de sus casas a los habitantes de La Parroquia. Resistir el paso del tiempo con dignidad y sentido histórico, asumir los cambios sin perder la identidad han sido parte de la crónica que La Pastora reescribe desde el Mercado, el puente de Carlos III, el puente El Guanábano, Torrero, El Fortín, La Toma y la quebrada de Catuche,. Su historia de lucha, resistencia y su espíritu inagotable la hacen irreductible, y brindan a la ciudad de Caracas, la eterna posibilidad de reinventarse.  La Pastora abunda en casas altas y bajas con alero y ático, ventanales de hierro, portones de recia madera y algunos llamadores metálicos; calles y callejones sobre cuyas tapias se asoman las trinitarias; puentes que recuerdan días ya muy distantes.  El ambiente que envuelve a la barriada es el mismo que respiraron y gozaron generaciones más afortunadas desde el punto de vista del disfrute de la Naturaleza. 

El domingo si toca rodar en bicicleta – rutina que se repite los martes y jueves en la mañana porque en la tarde noche, como rodábamos antes, es imposible debido a que la época de lluvias no da tregua: todas las tardes, salvo excepción excepcional, llueve torrencialmente. Este domingo nos reunimos un grupo integrado casi en total por personas de la tercera, lo cual induce a llamar el paseo de los jubilados, viene con nosotros nuestro Prócer Rodrigo, exiliado momentáneo en la costa de Barlovento, Jorge, Carlos y otros más jóvenes que la media del grupo. Nos tomamos la cosa con calma y rodamos por el centro hasta el Calvario, pasamos un largo rato conversando alrededor de birras, pastelitos y empanadas del Café Andino en el Parque – los ciclistas ya parecen también gente de SOGANOBO – y retornamos para Chacao por el Carril-Bici que poca gente respeta entre el Silencio y Los Caobos; menos mal que la líder tiene un pito con un sonido tan estruendoso – y que obliga a  apartarse  a los invasores del canal – que haría enmudecer a la bocina de un tren de mercancías. Llegados a la altura del Bosque me desvío para pasar por la pescadería, como había dicho antes, después a casa, ducha y almuerzo reseñado. 

Muchos restaurantes en la zona: bajando por la Baralt, saliendo de la Cota Mil, está La Sabana Gourmet, altamente recomendable, comida criolla de calidad en una casa recuperada convertida en restaurante El Fogón del Ávila, el Fogón de los Fonarcas, El Fogón de Karen, Alfa Gourmet, Cachapas cinco Estrellas,, Tasca el Balconcito, San Ruperto, El Rincón del Sabor. Mucha comida con sabor tradicional, acompañando el lugar, Esquina Torrero, Come Puerco, Sooarrilla y mucha comida rápida Redaburger, Amarillito Burger, Elite´s. Gastronomía e historia juntas como corresponde. 

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