Tercera crónica de Margarita, tercer capítulo de estas deliciosas semanas en la isla. Ya pasaron los días del mantenimiento, ya estamos acompañados de nuestros amigos, ya tenemos despensa, nevera y bodega llenas; ahora sólo queda disfrutar sin tener nada en qué pensar, salvo a qué playa vamos a ir, con quién nos vamos a encontrar, donde vamos a almorzar, qué vamos a cenar, horno o parrilla, con agua de coco o con soda, pasear para recoger mangos y leña, perfeccionar el método de ahumado, recorrer lugares desconocidos de la isla y apuntarlos, pensar en la cena de fin de año, debatir sobre las alternativas dependiendo de los gustos particulares, hacer nuestras visitas de ayuda social y seguir con nuestros descubrimientos de restaurantes, taguaras, tiendas y conucos.
Nuestros amigos Silvia y Jorge están pasando esta semana con sus hijos y nietos llegados de Bogotá en la Posada Italcaribe – voy a recordar que es el mejor lugar para alojarse en Margarita -, pero de vez en cuando tenemos un encuentro para ponernos al día. En esta ocasión en la Playa de Parguito, concretamente en Biblos, uno de los chiringuitos clásicos que todavía siguen en pie junto a Cosme y Dante – que están ubicados al lado derecho según se mira de frente a la costa. Del lado izquierdo están todos los nuevos como Tortuga Verde, Totem, Bella Lora, Aloha Bar………que en vez de ser construidos con bloque y concreto, se levantaron con madera, piedra y palma. Materiales más acordes con el paisaje de la zona -. En Biblos, han inventado nuevos servicios porque la competencia es fuerte y es necesario ofrecer cosas originales para que los clientes se queden en el negocio. Juegos y piscina para los niños, tienda de ropa, terrazas a la sombra; la comida no es su fuerte porque sólo ofrece lo clásico pero el servicio en los toldos y la atención es muy buena. Allí nos encontramos con los amigos y su familia ampliada, nosotros que éramos cuatro, nos acomodamos apiñados para poder intercambiar conversaciones y sobre todo para tener acceso fácil a las cavas porque en la playa son fundamentales dos cosas: protegerse del sol e hidratarse. Algunos almorzaron en la mesa, otros picaron de las provisiones propias y así pasamos el día hasta la hora del atardecer.

En el intermedio aparece Aníbal, el profesor de Surf que llegó para enseñar a los nietos de los amigos, que conocemos hace años. Atento con los clientes, especialmente con los niños, Aníbal disfruta de su trabajo y de la vida en la playa, su vida desde hace más de 20 años, aunque es navegao de Caracas. Al llegar al estacionamiento nos atiende Juanito, vecino de Parguito junto a su gran familia – deben ser como diez – en una casa que los dueños originales abandonaron; Juanito, con sus 19 años a cuestas es parquero y piloto de motos acuáticas a tiempo completo. El resto del tiempo lo dedica a practicar todo tipo de deportes, fútbol, béisbol, surf y de vez en cuando a ligar con las chicas del lugar. Es el destinatario de la mayor parte de nuestras viandas pero le apasionan especialmente los dulces; muchacho trabajador, simpático y agradecido como casi todos en Parguito.
Después cada quien para su casa; nosotros cuatro – Sonia y Juan V. y nosotros – nos repusimos del día de sol, con una preparación que teníamos lista desde la noche anterior. En la 31 de Julio, a la altura del Colegio de Paraguachí, está la venta de pollos y gallinas, que no tiene nombre propio pero sí un producto de primera. Cuando entras en el negocio, puedes ver las cajas con las aves vivas y te permiten elegir entre las que ya están limpias y embolsadas o bien escoger una de las que todavía respiran; una vez elegida, la ejecutan, despluman y limpian al momento. Hay dos tipos de gallinas, pequeñas como de 1.5 kilos y grandes que alcanzan los 4. A mi particularmente me gustan más las jóvenes que al igual que las viejas vienen incluso con sus huevos sin concha en su barriga – muy ricos hervidos con sal, pimienta y aceite de oliva -. Con sus verduras de sopa – ocumo, ñame, auyama, apio, papa, ajoporro, zanahoria y sus aliños ají, cilantro, cebollín -, seis horas de hervor a fuego suave y su toque de aderezos criollos, dos gallinas hierven hasta quedar tiernas y dejar su aroma y sabor en el caldo. Una de ellas la reservamos para preparar al día siguiente una Pepitoria – receta de origen árabe que se hace en España – que tiene como ingredientes principales el azafrán, nuez moscada, yema de huevo duro y un majado de ajo y almendras. Sencillamente deliciosa. Margarita.
MARGARITA
Acompañamos las dos cenas con vino tinto, bien fresco porque con la temperatura de Margarita, el rojo al ambiente calienta como una estufa. Y ya bastante calienta la sopa y la pepitoria, de cuya salsa damos buena cuenta con el pan de los Claveles de la Alta Florida que trajeron los amigos desde Caracas. Y que a resguardo en la nevera, responde de maravilla cuando se tuesta en el grill. Como tenemos reserva, los ahumados de pollo y pescado, con su mayo de ají picante y por supuesto con el mismo pan tostado, nos sirven como aperitivo con los tragos – las señoras degustan un cóctel de Cerveza y Campari, algo muy rico con hielo – y nosotros nos inclinamos por el whisky on the rocks.

Al día siguiente, decidimos ir a otro lugar en la costa: Playa Zaragoza. En el Valle de Pedro González, en un anfiteatro que forma el cerro con el mar se encuentra la playa que tiene un muelle – muy precario con materiales de relleno – que da acceso a un canal por detrás de la playa que es la entrada a una laguna, donde amarran sus peñeros los pescadores de la zona. Es una playa de medio kilómetro cerrada en una bahía, con aguas amables, arena blanca y un paseo arbolado con sus casas coloniales bien conservadas. Esas casas no necesitan aire acondicionado porque tuvieron el acierto de construirlas detrás del palmeral de la playa y el arbolado del paseo, con lo cual la brisa del mar se filtra y se refresca antes de entrar en las viviendas, que de paso tienen su propio patio interior. Además de un bodegón que provee de todo lo necesario para un día de playa, están las posadas Atlantic y Aguaviva, acondicionadas para recibir visitantes, cómodas, con su piscina y su restaurante – que también tienen servicio para los que no son huéspedes -. Margarita.
Por si no llevas cava y tampoco quieres almorzar en una mesa formal, hay un par de puestos de empanadas, y otros que venden cocadas y guarapitas de frutas. Un muchacho catire y de ojos azules, algo muy común en Margarita gracias a los piratas y colonos franceses e ingleses que dejaron su semilla en la isla, hijo de la Señora Adela, nos hizo de mensajero y mesonero del servicio de empanadas – no recuerdo cuantas pero fueron muchas – que preparaba su mamá. Diariamente madre e hijo, vienen en moto desde las afueras de Juan Griego, sacan su puesto rodante de un almacén, sirven a los clientes y en la tarde recogen todo y regresan a su casa para preparar los guisos para el día siguiente.

Al lado, una señora ofrece los Mapires, bolsos de palma – que compra a los agricultores que viven en el cerro – que teje en diferentes modelos. El Mapire es de origen indígena y los usaban para llevar alimentos o transportar herramientas. Todavía, afortunadamente , hay generaciones de relevo y se puede ver la artesanía en muchos lugares. La playa, como otras, vive de los turistas en sus temporadas, aunque se ven menos vendedores de los que se ven en Playa el Agua, Parguito y Guacuco; da la impresión de que reservan la venta para los habitantes de la zona.
Nos fuimos antes del atardecer que en Pedro González es especial – tanto como en Juan Griego – para terminar con un baño refrescante en la piscina. No hay nada mejor para finalizar el día playero que quitarse el salitre, tomar el último trago antes de una buena ducha, ponerse ropa limpia y hacer la preparación para la cena. Nuestras cenas tienen un antes y un después: un buen aperitivo, un buen postre y digestivo y una buena película, escogida por consenso. Siempre me llevo una selección de filmes de mi colección, variada, para que podamos elegir la que más nos agrade. Normalmente, de los cuatro espectadores, vamos cayendo como fichas de dominó, a veces dos, a veces tres y el último se encarga de apagar la pantalla.
En otras ocasiones en Margarita dejamos para la noche siguiente la mitad de la película porque todos queremos saber cómo finaliza y es práctica común a la hora del desayuno, preguntar a los que sobrevivieron por algún detalle que nos perdimos. Normal que a las 11 o 12 de la noche, los ojos no aguanten más tiempo abiertos después de muchas horas – nos ponemos en movimiento a horas muy tempranas – de actividad; y también por esa frase hecha que es una verdad, que el sol cansa muchísimo, olvidando que también el whisky, la cerveza y el vino tienen algo que ver con la pérdida de conciencia.

La tecnología margariteña no deja de crear: el carrito para niños en la playa, reciclado de botellas de plástico. ríase usted de Fisher Price y la marca de ropa para motorizados que está batiendo récords en la isla Sexy Hucha. Imperdibles.
Para el día 31 de diciembre teníamos un plan. Nos íbamos a reunir nuestros cuatro amigos, los hijos, nietos y los consuegros; en total 12 personas incluyendo dos niños que para mi sorpresa comieron como adultos, tanto en cantidad como en calidad, gracias a la educación culinaria de sus padres. Ojalá que todos los infantes tuvieran el mismo entrenamiento paternal. Después de alguna conversación previa, decidimos preparar un menú a gusto de todo el mundo. Teníamos una pequeña limitación porque cuatro comensales no comían mariscos, aunque sí pescados. Entonces la carta consistió en lo siguiente: Ceviche de “Bacallau”, Ensalada de Camarones, Ensalada de Mero, Huevos rellenos de ensalada de Pescado, Pechugas de pollo ahumadas, Paella de Mariscos, y Arroz con “Bacallau”, para los que no comen moluscos ni crustáceos. De postre, para endulzar tanto sabor a mar, varias delicias hechas en casa; Coquitos, Budín Inglés, Marquesa de Melocotón y Gallete de Chocolate con masa filo.
Para aquellos que les extrañe el término “Bacallau”, he de aclarar que a este pescado – que en español es bacalao – en Margarita le dicen así. Sólo se pesca en diciembre y enero, debido a cuando se produce la emigración del bacalao por los mares del norte, algunos despistados viajan al sur y aciertan a pasar por la isla pero sólo en esos dos meses. No es un pescado conocido ni apreciado por la gente en Margarita – lo cual agradezco todos los años – y sólo algunas personas lo buscan porque es un pescado excelente, blanquísimo, compacto, gelatinoso y con un sabor especial, diferente. Freddy, propietario del Restaurante Toche Pez en el Museo del Salado, lo compra, lo ahuma, lo envasa al vacío y lo comercializa por todo el país. También lo sirve en su restaurante junto a otras especialidades en su menú de degustación. Si no lo han probado y tienen la oportunidad de pasar por donde Freddy, no la pierdan, les va a sorprender.
Nos reunimos a eso de las nueve en Margarita, con la mesa para picar y el bar a disposición del público, autoservicio incluidos los niños, haciendo tiempo para el plato principal, los postres, el champán, las uvas y las felicitaciones. Como la noche estaba dudosa con respecto al clima, con cierto peligro de lluvia que al final no cayó, habíamos habilitado el aro de fuego para la paella principal bajo techo en el porche contiguo, ya que preparamos la de pescado en una eléctrica en la cocina. Calculamos la hora para que ambos arroces estuvieran al punto perfecto y aproximadamente a las 11, servimos las paellas con varias repeticiones para apetitos desbordados – menos mal que una era para 8 y la grande para 14 -, comimos los postres y estuvimos listos para las uvas y el brindis. Tuvimos una música ambiental muy entonada con el ambiente durante la noche y tras el 3,2,1……. Feliz año!!!!!!!!!!, besos y abrazos, subí el volumen a la canción que me emociona enormemente a cargo de la Orquesta de Gaiteros de Edimburgo y Rod Stewart: Auld Lang Syne (Por los viejos tiempos), el poema de Robert Burns cuyo estribillo reza así: “Deberían olvidarse las viejas amistades y nunca recordarse ?. Por los viejos tiempos querido amigo, tomaremos una copa de cordialidad por los viejos tiempos”. Después cohetes y demás parafernalia para animar la celebración y para disfrute de niños y adultos, más champán y así hasta que el reloj marcó una hora que ya no recuerdo y quedamos sólo los cuatro residentes, que continuamos la noche durante unas horas más.

El día siguiente, como todos los años, en Margarita es un día sin horarios, cada quien amanece según su estado físico y las ganas de amanecer. Un buen desayuno, a hora de almuerzo, es fundamental para recuperar la armonía con la naturaleza, el sofá y la cama son los muebles ideales para el descanso, una visita a la playa para darse un ligero baño de mar, algún trago para estabilizar el síndrome de abstinencia y a la hora de la cena, quedan los retallones de la noche anterior, excelentes sobras de pinchos, ensaladas y restos de paellas, además de los postres porque el azúcar repone rápido y mucho.
Seguiremos con la siguiente crónica a partir de este 1 de enero de este nuevo año, pero les había prometido recetas y este es un buen momento. Ceviche de Bacallau y Huevos rellenos de Ensalada de Mero.
RECETA CEVICHE. INGREDIENTES: Bacallau limpio sin piel 1 kg. Limón criollo 500 gr. Jugo concentrado de parchita 50 cc. Sal de grano al gusto. Pimienta blanca al gusto. Ají dulce y picante 100 gr. Cebollín 100 gr. Cilantro 1 ramo. Cebolla morada 100 gr. Leche de tigre 100 cc. PREPARACIÓN: Cortar el pescado en tacos 2×2. Salpimentar. Agregar el jugo de limón y la parchita concentrada. Dejar diez minutos y añadir la leche de tigre – hervir ligeramente pescado y licuar con los aliños -. Cortar muy fino el ají, cebollín, cilantro y la cebolla en juliana y servir. Margarita.
RECETA DE HUEVOS RELLENOS ENSALADA DE MERO: Compramos un mero de 5 kilos, del que sacamos dos lomos. Con la cabeza y el espinazo hicimos un caldo que nos sirvió para las paellas. Y con todo el pescado que queda sobrante, se prepara una ensalada. INGREDIENTES: Pescado mechado, lo que resulte de la cabeza, en este caso 1 kg. Sal y pimienta al gusto. Huevos 12. Eneldo 1 ramo. Mayonesa de ají picante y ajo. Cebollín, la parte blanca 100 gr. PREPARACIÓN. Salpimentar el pescado mechado, mezclar con la mayonesa y el eneldo cortado muy fino. Hervir los huevos y cortarlos por la mitad dejando las yemas aparte. Rellenar las mitades con la ensalada y darles la vuelta en la bandeja de servir. Bañar ligeramente con mayonesa y con un exprimidor de ajo, adornar los huevos con la lluvia de las yemas hervidas. MAYONESA. En licuadora, dos huevos, sal y pimienta, 3 dientes de ajo y 2 ajíes picantes. Aceite de oliva en un chorro fino hasta que se forme la mayo, cuando hace burbuja. Margarita.
Estas dos recetas se pueden acompañar con un buen vino blanco muy frío, whisky, cerveza o champán helado. Y por supuesto un buen pan. Buen provecho. Y hasta la próxima.


