CRÓNICAS DE ITALIA MAYO 25 CAP 2

Josu Iza

Sin llegar a los excesos de las Saturnales o de las Bacanales romanas, las Fiestas Patronales de la festividad del cumpleaños de nuestro querido amigo Massimo, también tienen su mérito y duración. Con unos días de calentamiento previo – martes y miércoles -, comenzaron el jueves con la llegada de la hija del cumpleañero que vive en Bolonia con su esposo, futuros papás veraniegos.

Teniendo la despensa abastecida para cualquier contingencia, el jueves 1 de mayo empieza el día con un frugal desayuno de fruta fresca, yogur, frutos secos y un té de menta que será una constante durante nuestra estancia – para compensar el superávit nutricional que se avecina -; aunque el resto de la familia se apunta a la “colazione más típica italiana”, que consiste básicamente en café, bollería, mantequilla y mermelada.

La primavera luce en su máximo esplendor y el área que rodea la casa (en la afueras de la ciudad) es un vergel poblado de flores, vegetales de huerta y hierbas aromáticas; el jardín del edén para un cocinero. Pasamos la mañana haciendo un recorrido para ver de que vituallas vegetales disponemos, de cara a los días siguientes de intensa actividad gastronómica. Estamos preparados para el desafío. Asistiremos en estas jornadas a una especie de filme neorrealista – digno de Vittorio de Sica o  Fellini – en el que podremos ver a una extenso grupo familiar que se mueve en un espacio entre la cocina, el comedor, la sala y alrededores, donde se cruzan docenas de conversaciones curiosamente coordinadas, donde cada quien cumple un papel para el objetivo primordial: unos cocinan, otros asisten, están los que ponen la mesa, los que ayudan con la utilería, los que sirven el aperitivo – infaltable antes del almuerzo  o cena -, y los colaboran como apoyo emocional. Todo este aparente desbarajuste funciona como un engranaje bien engrasado porque a la hora de la verdad, la mesa está servida, la cocina recogida y limpia y los comensales felices y bien alimentados. El almuerzo de este jueves consiste en un menú degustación de Sesos con Salsa de Alcaparras y Mantequilla, una variedad de quesos y una especie de lasaña con Arenque ahumado, Papa y Chalota (Scalogno) aliñada con una mezcla de orégano, oliva y peperoncino. 

Hoy 1 de Mayo es el día del Pellegrino Fiore en el centro histórico de Viterbo – que coincide con la Festa dei Lavoratori -, dentro de las murallas medievales construidas con Peperino, una piedra volcánica local; el casco antiguo de la Ciudad de los Papas (donde se acuñó la palabra Cónclave para elegir al Pontífice en 1271, en estas fechas tan de rabiosa actualidad) sirve como marco para la exposición floral que todos los años celebra la llegada de la primavera. Pasamos la tarde paseando entre esas calles llenas de gente que se reparte entre plazas, kioscos, terrazas, bares y restaurantes, hasta la hora de la cena, cuando regresamos a la casa. Compartimos gusto por aperitivo de Whisky o Campari con prosecco y cenamos como entrada unas Alcachofas a la judía junto a  uno de los platos que Massimo maneja a la perfección: Busiate alla Trapanese, que tiene su origen en Sicilia donde los genoveses llevaron el pesto, que modificaron los sicilianos con almendras, tomates y aceite de oliva. Nunca falta en la mesa el vino de cosecha propia, blanco frizzante o tinto  y por supuesto la Grapa. 

Es viernes 2 de Mayo y todavía – después de 3 días – no ha llegado la maleta. Me he mantenido en contacto con Iberia, a través de un número de teléfono italiano, conversando en español con una muchacha con acento peruano, para reclamar la pérdida y la última información es que se espera que llegue el próximo lunes 5 debido al puente del día del trabajador. No hay solución. 

Despertamos temprano, sigue el tiempo primaveral soleado, desayunamos con nuestro fijo de yogur con sus aditamentos. A media mañana acompañamos a los amigos a Casificio Cioffi, una hacienda que produce quesos frescos y tiene su despacho en el centro histórico de Viterbo, un lugar al que se llega, se toma un número y esperas en la calle haciendo la cola porque el volumen de compradores es grande. Y no es de extrañar porque la calidad de sus productos es de sobra conocida. Compramos fior di latte – trenzada -, burrata, boconccini y ricotta pensando en los almuerzos y cenas de estos próximos días de las patronales, que hoy cumplen su tercer día con presencia exclusivamente familiar. En otra de las secuencias de ese filme costumbrista propio de Rossellini, almorzamos un Couscous con camarones, unos langostinos a la brasa con su majado de ajo, perejil y limón y la mozzarella trenzada, de leche de vaca, como es en el Lazio y no de búfala como en la Campania. Esta es una gran controversia gastronómica entre pobladores de ambas regiones – como otras miles que existen en Italia -, pero para un musiú como yo, ambas son extraordinarias. 

Entre los italianos con sello de garantía, la siesta de la tarde – il pisolino pomeridiano, no me digan que esta lengua no es maravillosa -, es algo sagrado y debería ser un derecho reconocido en la constitución; pero en Viterbo no se descansa y después de almorzar y una larga sobremesa más el arreglo del escenario para que la siguiente escena se desarrolle en la noche, salimos de paseo en patota para Bolsena, la ciudad principal del lago del mismo nombre que se formó en el cuenco de un antiguo volcán: fundada por los romanos está dominada por un castillo medieval que conserva sus calles y un gran palacio. A sus pies, la ciudad de calles estrechas con sus restaurantes y tiendas de antigüedades y  para mi gusto lo mejor de la ciudad: el bulevar que conduce a la orilla del lago, donde se abre un paseo no marítimo sino lacustre, con sus terrazas, parques y vistas extraordinarias. Nos sentamos para disfrutar del atardecer y la conversa en el Café el Moro, helados de avellana y pistacho, birras, cafés……..hasta que el sol se escondió y se acercó la noche. Vuelta a la casa para cenar pero sin cocina esta vez; quesos, embutidos, focaccia de aceitunas y pan de masa madre sin faltar el vino de la casa y la grapa correspondiente. 

Vamos por el cuarto día de celebración, ya es sábado y el menú de hoy va ser especial para compartir con una rama familiar extensa. Salimos temprano para comprar varias cosas que hemos de preparar en la cocina: huesos de ternera para hacer un demi-glace para la salsa del plato principal. El menú consiste en unos Tagliatelle  con ragú de Cinghiale – jabalí -, Lomito de cerdo con funghi, con la demi-glace y Papas soufflé, Strudell de manzana con naranja en masa filo y los correspondientes Prosecco y Frizzante de la casa. Esa comida se alarga hasta bien entrada la tarde, dejando el tiempo justo para hacer la digestión y descansar hasta la hora de la cena; tiempo en el que el público desaparece furtivamente. La cena, para compensar el banquete y de forma voluntaria, no pasa de una ensalada de tomate, lechuga, olivas rellenas de anchoa, unos embutidos y quesos que nunca pueden faltar en la mesa y un vino ligero espumante.  

No queda sino acostarse a hora prudente para esperar el remate de las fiestas con el resto de la familia invitada. Para prepararse nada mejor que un yogur a nuestro estilo, después un paseo a Villa Lante en Bagnaia.  Villa Lante es un jardín manierista y está formado por dos casas casi idénticas, pero construidas por diferentes propietarios con una diferencia de 30 años. Cada edificio cuadrado tiene una planta baja con arcadas o logias rústicas que sostienen una planta noble y los jardines de Villa Lante cuentan con cascadas, fuentes y grutas con abundante agua. En la primera de las terrazasascendentes, ubicada entre dos escaleras de piedra, se encuentra la Fuente de las Lámparas, una fuente circular de varios niveles. En la siguiente (tercera) terraza hay una gran mesa de piedra alargada, con un canal central por el que fluye agua y al fondo de esta terraza, se encuentran grandes dioses fluviales esculpidos que flanquean una fuente. En la terraza superior se encuentran aún más fuentes y grutas, además de dos pequeños casinos llamados las Casas de las Musas, cuyos laterales enmarcan la gran Fuente del Diluvio, que remata el eje principal del jardín.

Al regreso de la visita a Villa Lante – que después de subir tantas terrazas hasta una colina que domina todo el complejo, el apetito es incontenible -, procedimos al almuerzo al más puro estilo de los buffets de los restaurantes de Nueva York: un plato principal hecho al momento, unos Gnocchi alla Sorrentina y el resto reciclaje de Arenques en lasaña, Filetes de cerdo adornados con las papas y su salsa demi-glace más unos Hongos al ajillo y hierbas y una Ensalada Tabule con el resto del Couscous. Todo muy rico y nuevo para los invitados del domingo. Otro Strudell, esta vez de Ricotta, manzana y avellanas, fue el postre perfecto para rematar el almuerzo, que compartimos con la última parte de la familia y varios amigos del cumpleañero. 

Por fin llegaron a su fin las fiestas patronales, han sido unos días intensos pero fantásticos. Desde nuestra llegada hace seis días, la orgía pantagruélica de comida y bebida ha sido considerable, pero lo mejor ha sido poder compartir tantos momentos especiales con amigos y familia, dos de las cosas más importantes para la gente que habita este país, que los son también para nosotros. 

Empieza la semana, con la ansiedad de que llegue la dichosa maleta – según Iberia -, pero no vamos a quedar esperando sin saber la hora precisa de la llegada. Paseamos por Viterbo en búsqueda de una colcha imposible; vamos para el Centro Histórico porque nos pasan el dato en una tienda del COOP, un centro comercial pequeño pero con un automercado gigante. No la encontramos y como ya esa hora de almorzar y nos gustan mucho los picnics cuando sospechamos que no es recomendable la oferta, entramos en el automercado y compramos aceitunas negras gigantes, coppa, focaccia, lomos de atún en aceite y salmón y nos sentamos en las mesas del centro, pero nos llaman la atención porque no estamos consumiendo productos que se venden en los negocios de la feria. En esos casos lo mejor es poner cara de musiú y pedir disculpas, de esa manera te regañan pero te perdonan. Nos redimimos comprando café y helados de pistacho y chocolate como muestra de buena voluntad. No voy a describir la rabia que me da cuando pago 3 euros por un helado de 400 gramos, de buena calidad y me acuerdo de Caracas y sus precios. 

Volvemos un poco desesperanzados a la casa porque son las 3  y todavía DHL no ha hecho acto de presencia. Pero !!!Oh sorpresa!!!, suena el timbre de la puerta, me asomo y al final de la entrada veo una camioneta de color naranja, respondo al intercomunicador y alguien pregunta, Iza ?????. La maleta está aquí, pensamos en quedarnos tranquilos y espera a mañana para partir pero puede más el deseo y en media hora preparamos maleta – que de paso llega con el asa rota, aunque eso será otro capítulo – y arrancamos rumbo a Abruzzo, a las 5 de la tarde para llegar a Il Feuduccio, el latifundio de nuestra amiga Adriana Lamaletto……….pero eso será para la próxima crónica.

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