CRÓNICAS DE ITALIA CAP 8. Reencuentros y Aventuras: Una Semana en Italia

Scenic lakes of Italy - beautiful Bolsena. aerial view of Capodimonte medieval village. Viterbo province, Lazio region
Josu Iza

Una semana compartida con unos entrañables amigos, es algo más que siete días de coincidir en tiempo y espacio. Sobre todo si el encuentro con ellos, se produce después de 30 años, aunque en esas tres décadas se haya mantenido un contacto regular a distancia. Se comprende que después de tres décadas, hay mucho de qué hablar, infinidad de  cosas que ocurrieron en ese largo camino – a pesar de que la tecnología haya facilitado la comunicación -, pensamientos y experiencias puntuales. Cuando se conversa en la distancia, nos remitimos a los temas generales importantes, pero quedan en el aire aquel detalle, anécdota, peripecia, opinión, chascarrillo e impresión que enriquecen una historia. Y en una semana, dedicados con esmero a sacar a la luz todos esos pormenores de nuestra vida cotidiana, los resultados son francamente positivos.

Ya he contado que salvo las horas de sueño, el resto del tiempo lo aprovechamos para mantener un diálogo ininterrumpido, precisamente porque sabemos que el reloj es implacable. Ahora, nos conocemos más, sabemos más de los otros y de nosotros mismos también porque al referir – trayendo de la memoria recuerdos importantes – esos fragmentos que completan los cuentos de años, reflexionamos sobre cosas a veces medio olvidadas, pero que están ahí en el baúl de los recuerdos y quizás los vemos ahora con un matiz diferente o incluso con claridad, aquello que nos generaba una duda.

Hemos crecido y madurado y podemos transmitir sin que nos cause perturbación, momentos de nuestra vida que en otro contexto fueron dolorosos o complicados y por supuesto aquellos que nos han aportado paz y felicidad. Parte de ellos – porque necesitaríamos muchas semanas como esta – los hemos compartido mutuamente con alegría; por eso es que estamos pensando en establecer un canal,  que nos permita pasar tres meses en Italia todos los años – país que nos seduce y del que nos falta mucho que conocer -, con varios objetivos: enriquecer nuestras amistades, aprender bien el idioma y viajar para conocer más a fondo lugares, costumbres y gastronomía. En la medida que se pueda, viviendo como un residente, no como un turista. Es un reto, hay que estudiar las condiciones para comenzar el año próximo y veremos. Hay que evaluar vivienda, transporte, gastos regulares y otros elementos. Pero, dado el avance del calendario, es ahora o nunca. 

Bien, esta será la última crónica de esta temporada del viaje a Italia, dos días antes de nuestra partida rumbo a Caracas de vuelta. Desayunamos con yogur y frutas y empleo el tiempo entre el desayuno y la hora de salida, para dejar lista una salsa para la cena. Ayer, regresando a casa, conseguí unas navajas – cuyo nombre en italiano me costó aprender – Cannolicchi – y que servirán de entrada antes de un pescado que voy a preparar con una Bizkaina, por petición expresa de mi amiga Claudia. Como la salsa lleva un par de horas y luego hay que dejarla reposar, es ideal para esta noche, al llegar del paseo que nos tienen preparado nuestros anfitriones.

En concreto salimos hacia el norte por la SP7 hasta enlazar con la SP8 y llegar hasta la ribera del Lago Bolsena.  Este es un lago que tiene una carretera periférica de 42 km, lo que da una idea de su tamaño, el más grande de origen volcánico de Europa. Sus costas son bajas y de arena negra y están llenas de bares y restaurantes donde se relajan los visitantes, además de varias poblaciones y cultivos de viñas, olivos y hortalizas, en un paisaje campestre a veces boscoso. A cierta distancia de la orilla se encuentran dos islas: Bisentina y Martana; una frente a Capodimonte y la otra frente a Marta, dos de los pueblos ribereños. Ambas son islas con bosques espesos, vistas panorámicas y muchos monumentos, algunos de ellos defensivos, iglesias, conventos y prisiones.

En Bisentina se encuentra la Malta de los Papas, que es mencionada por Dante en el Paraíso como una prisión perpetua. Se trata de un profundo túnel excavado en cuyo centro hay un pozo, que se utilizó en la época romana como cisterna, pero su origen es mucho más antiguo y está vinculado a las aguas termales del manantial que fluye bajo ella. En su interior se celebraban rituales relacionados con el nacimiento y la fertilidad. Transformada durante un largo periodo en prisión perpetua para herejes, esta cámara se contó con el tiempo entre los temas del ocultismo y se consideraba como una de las entradas secretas al reino subterráneo de Agarthi, un lugar donde habitan sabios que controlan la naturaleza. Cosas de los esotéricos. 

La más pequeña, Martana, sirvió como refugio para las reliquias de la cristiandad durante los ataques de los bárbaros en la región. Esta isla es rica en historias – algunas de ellas trágicas, y dignas de una ópera dramática  -. Pareciera que en esta zona de Viterbo y alrededores, algunos personajes tenían inclinación por asesinar doncellas o damas consumadas: ya contamos la semblanza de Galiana, pero nos quedan un par de relatos parecidos. Cristina, hija de un prefecto de Bolsena, en el año 303 bajo el mandato de Diocleciano, fue mantenida a la fuerza en una torre y asesinada más tarde por orden de su padre. Amalasuntha, hija del ostrogodo Teodorico, se casó en secreto con un esclavo de nombre Traguilla, quien fue ejecutado por orden de su madre cuando los sorprendió en un momento comprometido. Para limpiar el honor familiar, la casaron con un tal Eutarico con el que tuvo un hijo, Atalarico, que al morir su padre ascendió al trono pero al ser menor, Amalasuntha ejerció como regente.

Se ve que tanto los hombres como las mujeres ostrogodas eran de armas tomar, así que por conspirar contra ella, hizo asesinar a tres nobles. Su hijo Atalarico también falleció – no sabemos si por causas naturales en vista de los personajes -, así que ella ocupó el trono y siendo viuda y alegre, se casó en segundas nupcias con otro primo, Teodato, que a la postre, la mandó encarcelar en la isla, donde fue asesinada en el baño durante la primavera del año 535. Debe ser cierto, que la “primavera la sangre altera”, aunque a estos godos les daba igual cualquier estación por lo que se ve y también que los lazos familiares no eran garantía de  una larga vida. 

Nosotros llegamos a Marta, nos estacionamos en una boulevar muy acogedor con amplios jardines y terrazas de restaurantes; paseamos por la orilla del lago  y luego nos fuimos para conocer Capodimonte, que queda en un promontorio volcánico y está dominado por el castillo Farnese, una torre octogonal – nos costó a Máximo y a mí dar varias vueltas para poder contar bien las caras de la torre -, con unos poderosos contrafuertes que sujetan la construcción.

Desde la plaza del fuerte, se ofrece una vista magnífica sobre el lago en toda su expresión. Una de las fiestas del pueblo es La Sagra del Coregone, un evento gastronómico que celebra una particular calidad del pescado del lago; El pescado blanco , también conocido como “lubina de agua dulce”, es la especie más extendida en el lago y no es una especie autóctona sino que fue introducida a finales del siglo XIX desde los lagos del norte de Italia, en particular desde el lago de Como y se ha adaptado muy bien a las aguas profundas del lago de Bolsena. 

Así que con estas referencias y guiados por nuestros amigos, siendo una hora prudencial para almorzar después de unas horas de vistas, piedras e historias truculentas, nos vamos a L’Oasi del Pescatore, que también tiene su leyenda. Como muchos restaurantes en Italia, Mauro pesca y María cocina en un lugar que fue donde el primero llevaba su bote pesquero y la segunda preparaba pescado fresco en la playa. De ahí surgió el amor, – parece que en este caso la dejó viva – que treinta años más tarde se expresa en un refugio sencillo, con mesas y sillas de madera, pero que ofrece un menú de calidad con ingredientes de la zona, pasta y postres caseros y donde reciben a los comensales como parte de la familia, muy taliano también. Spaghetti con Coregone, Fritto misto di mare, Ceviche di Coregone, Ensalada de Caracol, mejillón y vongole y Vino frizzante de la casa.

Este fue nuestro almuerzo que tuvo como protagonista al pez estrella del lago. Fuimos atendidos por una pareja de argentinos jóvenes y por la Señora María, que tuvo la cortesía de saludar en un rato libre de su tarea y a quien fuimos presentados por nuestros amigos, clientes habituales del lugar. Nuestra primera intención era darle toda la vuelta al lago pero en vista de la hora, del paseo previo y del almuerzo, sólo nos dimos un paseo por un camino entre árboles y la playa, paralelo a la carretera principal, más que nada para ayudar a la deglución de los alimentos. Hora de la tarde, hora de hacer maletas para mañana. Parece mentira pero es verdad, los equipajes se reproducen, suben de peso y de volumen – al igual que los viajeros. 

Después la cena: unas Navajas de entrada al estilo vasco con su majado de ajo y perejil, su vino blanco y su ají picante y un Makarel a la Bizkaina – receta original de mi querida madre Eloísa –  salsa que había reposado desde la mañana. Prosecco de la casa, cortesía de Máximo y mucho pan crujiente para untar esa salsa, que está mal que lo diga yo, pero quedo  muy rica. Sobremesa larga nocturna, licor que ya no recuerdo porque la variedad es amplia y luego a descansar.

Al día siguiente, volvemos de nuevo al automercado – uno de los lugares más visitados de Viterbo -, para abastecernos de viandas necesarias para el viaje de vuelta, considerando el menú que ofrecen en Iberia, pasta o pollo, que siempre resulta ser pasta – un delito después de la calidad que hemos disfrutado este mes y especialmente esta semana -. Jamón curado, Mortadela con pistacho, Salami siciliano, Jamón asado, Queso Parmesano, Jamón curado ahumado y Focaccia con orégano – la mitad de una de un metro de larga y medio de ancha -. Celebramos nuestro último almuerzo por esta temporada con nuestra familia de Viterbo: Latkes de papa con las sobras de la mezcla de varenikes, Salchichas con hinojo asadas y Achicoria salteada con ajo y oliva, regado todo con Valpolicella tinto. Qué más se puede pedir. 

Después de almorzar, media tarde, nos despedimos sin despedirnos porque a Claudia no le gustan esas liturgias y a nosotros tampoco porque es mejor decirse hasta luego y sobre todo pensando en los planes a futuro para el 2025. Montamos las maletas en el carro  y nos vamos hasta Fiumicino, llegamos al Hotel Chopin, que teníamos reservado, a tres km del aeropuerto. Curioso el hotel, parece una antesala de gladiadores antes de salir a la arena en el circo, estatuas romanas y decoración clásica. Nos atiende un egipcio llamado Kiro que nos da todas las instrucciones para salir a las 2.30 para entregar el carro en Europcar y dirigirnos al terminal. 

Cenamos en la habitación con parte de los tres kilos de embutidos, la focaccia y un par de birras. No son más de las nueve y dormimos, en un duermevela hasta las 2. Ducha rápida, acomodo y salida tranquila. En la recepción, donde está un segundo egipcio del que desconozco el nombre, recogemos nuestra factura, mientras aparece una muchacha que llega al hotel a esa hora de madrugada. El recepcionista se dirige a ella en inglés y no se entienden. Tratando de ayudar, intervenimos en la conversación y resulta que la chica piensa que cuando hizo la reserva  pagó y no era así.  Cuando habla percibo un acento inconfundible y no me equivoco, la chica es venezolana, está llegando a Roma para luego continuar su viaje hacia Napoles y reunirse con unos amigos.

Nos presentamos y nos despedimos en dos minutos, le deseamos mucha suerte y salimos para el aeropuerto. Llegamos bien, dejamos el carro y facturamos en Iberia. Solo queda esperar el avión y llegar a Madrid. De la capital de España a  Caracas. Nos esperan en Maiquetía, subimos la autopista y estamos en casa. Que bien se está de viaje pero que bien llegar a la casa de uno, a la cama de uno, a nuestra Caracas de alma. Pero extrañamos a nuestros amigos, nuestras conversaciones, nuestras comidas y bebidas………Hasta el año que viene.

Deja un comentario

Compartir este artículo:

Artículos Relacionados

Alianza entre Empresas Polar y Fe y Alegría

Fe y Alegría y Fundación Empresas Polar se unen para rehabilitar 3 escuelas en Coche y Antímano, beneficiando a más de 3.100 estudiantes tras los sismos.

Leer más
CRÓNICA 5 – LA GUAIRA

Josu Iza comparte su nueva crónica inspirada en «Bienvenido Mister Marshall» sobre el esfuerzo propio para la reconstrucción de Venezuela.

Leer más
Rogers Sky recibe reconocimiento internacional en los Anton Awards 2026

El venezolano Rogers Sky triunfa en los Anton Awards 2026 como «Cantante Urbano Revelación» e impulsa el talento emergente.

Leer más
Suscríbete y recibe actualizaciones de nuestro portal

Introduce tu correo electrónico