CRÓNICAS DE CARACAS DICIEMBRE 25 CAP 16

SARRIA Y LA ESPECIAL
Josu Iza

DEDICADO: A una amiga que ha demostrado su fortaleza para luchar – por su vida y no es metafórico – y enfrentar momentos dramáticos que han sido superados gracias, primero a su extraordinaria fuerza y pasión por vivir y en segundo lugar al amor que le profesan, su pareja, su familia y su interminable lista de amigos que no cesaron de aportar energía positiva y apoyo en toda esta larga contienda por la supervivencia. Lo peor ya pasó y ahora queda lo mejor. Mucha admiración por esa fibra y vigor. 

GASTRONOMÍA E HISTORIA

Al día siguiente de mi pedalada salvaje entre Playa Los Ángeles y Chirimena – de la que hablaré más tarde –  necesitaba comer de forma contundente y como había fallado el domingo anterior en mi compromiso porque el regreso desde La Guaira fue con retraso – debido a que nos vimos en la obligación de hidratarnos con polares, casi llegando a Catia, en uno de los chiringuitos que quedan de mano izquierda al final de esa cuesta brutal – , no quedaba más remedio que matar dos pájaros de un tiro este domingo pasado (comer y cumplir). Así que después de un desayuno contundente en casa que consistió en unas arepas rueda de camión, huevos, chorizo ahumado, queso telita, mermelada, jugo de parchita y café, a hora de almuerzo nos fuimos para Sarriá, donde nos esperaba una comida no menos rotunda que el desayuno. Pero antes de pasar al detalle del condumio, es obligado hablar del barrio que se ha convertido en su parte baja en una referencia de la comida popular de calidad y que tiene como estandarte dos establecimientos: Ceviche Verano y Puerquito y en su parte alta en un punto de interés de la afición a la música y al baile en el Bar La Especial.

CEVICHE VERANO

Pero vayamos primero con su historia; el barrio, ubicado entre San Bernardino y Maripérez y entre la Cota Mil y la Andrés Bello, tiene una historia que comienza en una hacienda de la nobleza de esa época – donde se ubicaba La Casa del Real Amparo construida en 1778 – y termina convirtiéndose en un sector popular que se hizo famoso por su fuerte identidad. La zona era parte de la propiedad de la familia MIjares de Solórzano, luego fue un centro cultural donde se cultivaba la poesía y la música barroca, hasta que con el paso del tiempo se fue poblando llegando hasta nuestros días en los que comparte la modernidad con vestigios coloniales y republicanos; es una de las áreas con mayor cantidad de habitantes de la parroquia capitalina y fue desde una casa de festejos hasta un hipódromo y un “Estado” dentro de la misma ciudad. Inicialmente, el recinto de la Casa tenía como misión original la mudanza de un centro de leprosos establecido en San Lázaro, pero por su estilo lujoso decidieron en 1792 destinarla a un lugar de reunión y festejo de gobernantes y personalidades. Nada nuevo bajo el sol. Posteriormente, se instaló allí el primer hipódromo de Caracas, que desapareció en 1896 y esta construcción le otorgó el nombre a la barriada, gracias a que fue el General Julio F. Sarría quién arrendó al Municipio los terrenos para conformar lo conocido como “Estado Sarría”. El “Estado” se mantiene sin mayores problemas hasta 1940, fecha en la que pierde su título, aunque todavía se recuerda que era una terreno fértil donde abundaban las matas de ciruela, manzana y duraznos, hasta que el gobernador del Distrito Federal en el mandato de Eleazar López mandó a arrancar numerosas siembras en 1945 para dar paso a la construcción de una carretera que permitiera el acceso al barrio Independencia, demolido durante el gobierno del Presidente Marcos Pérez Jiménez, para construir la urbanización Simón Rodríguez, inaugurada en el año de 1956. Como curiosidad, se dice que en Galipán vivía un señor de apellido Pacheco que bajaba a vender sus flores o claveles en el mes de diciembre y como hacía tanto frío la gente de Simón Rodríguez decía ¡Llegó Pacheco! Parece que a esta anécdota se debe esta expresión cuando llega ese fresquito decembrino a nuestra capital.

Pero regresemos al punto de partida. Ese pasado domingo fuimos después de mediodía a Ceviche Verano, que cuenta con valet parking formal y uniformado – una curiosidad en el barrio -, nos estacionamos y entramos al local que luce a esa hora con media entrada de público y una cantante de salsa al fondo del espacio. No se como sería la casa original pero la reforma ha convertido el lugar en un sitio sencillo, acogedor, con todos los servicios, cocina a la vista del público, atención rápida y afable, un menú corto y específico y precios no baratos pero aceptables y en buena proporción con la calidad-cantidad. Como se puede ver en las fotos, le entramos sin ningún pudor al mixto de ceviches – clásico, con parchita y con aguacate -, que viene acompañado de una torre de tostones perfectos, crujientes con un mojito y maíz choclo tostado. Y para completar, el Chicharrón de pescado, plato enorme con su buena ración de papas fritas y la salsita de ajo bien suave en su punto, como las birras muy frías y servidas en vaso para el caballero y en copa para la dama, todo un detalle.  De todo esto no quedó sino la huella en los platos, y no podía faltar el café y el Suspiro Limeño como colofón a un buen almuerzo. Al salir del local y todavía con el pescado haciendo su transición, nos dimos un paseo por las dos calles alrededor del local, donde está Puerquito, que vende una sopa auténtica en tres versiones, individual, de pareja y familiar – lo dejamos para la próxima semana -, otros lugares donde también venden sopa, sushi, perros calientes, comida criolla, burgers, chino y otras cocinas que están aprovechando el tirón de los dos primeros negocios que se instalaron en el área: Doggy, Tasca Sol de Luna, Colmena Divina, Lolita, Mi Viejo Teófilo, Casa 73, Kunsoni y otros. 

HABAS CON TODO

“No sólo de pan vive el hombre”, según decía San mateo en el Nuevo Testamento,  también de bebida y también de música y calor humano. para eso nada mejor que La Especial, que más que una simple barra para ir a beber, es un auténtico salón de baile donde se vibra al ritmo de la salsa. El local, que queda en la parte alta de la Calle Real de los Cortijos de Sarría, es propiedad del Señor Delio Sojo desde hace 16 años. Pero originalmente, en los años 60 una señora de nombre Concepción Palacios, abrió el lugar al público; paredes cubiertas de discos y afiches de la Fania All Stars, retratos de conocidos cantantes de salsa y una gran fotografía de Oscar D’León. La barra en un lateral del bar es el lugar perfecto, además de tener el servicio al momento, donde se pueden ver a las parejas que bailan  salsa en este sagrado recinto que abre sus puertas todos los días a partir de las dos de la tarde y cierra los viernes, sábados e incluso los domingos al amanecer. El sonido de la salsa es continuo en este bar, se escuchan clásicos de la música afrocaribeña que encienden el sitio. Eso sí, podrá usted bailar hasta desfallecer y beber hasta caer en la lona pero no podrá comer, sus propietarios nunca han pensado en ofrecer servicio de comidas, ni siquiera algo básico. No se vende ni siquiera un tequeño. Es necesario venir comido de casa o salir cuando el hambre aprieta a otros locales colindantes, donde venden  hamburguesas, perros calientes y cochino frito. La Especial se ha convertido en mucho más que un lugar de entretenimiento porque no sólo la gente de la zona, también muchas personas amantes del baile y del buen ambiente – los mismo vecinos cuidan de la seguridad en la zona -, un punto que promueve el disfrute alegre y la conexión con esa realidad de nuestra Caracas. Anímense a pasar una noche en La Especial y volverán seguro. 

RECETA: HABAS FRESCAS CON TXISTORRA Y MORCILLA.  Todo el mundo me pregunta dónde se consiguen habas tiernas, de esas que vienen envueltas en sus vainas, grandes, frescas, verdes. Yo tengo tres lugares: Quinta Crespo, Makro y Luvebras de la Castellana, aunque también se compran en Chacao, al triple de precio si me preguntan. INGREDIENTES para 6 personas. Habas, 1 kg. Cebollín 1 ramo. Ajo 6 dientes. Perejil 1 ramo. Aceite Oliva 100 cc. Sal y Pimienta. Cebolla 500 gr =caramelizada -Papa 500 gr. Ajoporro 500 gr. Apio amarillo 500 gr. Zanahoria 250 gr. Auyama 500 gr. Huesos de tuétano 6 medios, cortados en horizontal. Txistorra 6. Morcilla de arroz ahumada o picante. Peperoncino 1. PREPARACIÓN. Poner a sofreír suavemente el cebollín y el  ajo en oliva, dorar los huesos, agregar las habas y luego agua abundante, sal y pimienta. Cortar los vegetales en cubos muy pequeños y añadir al caldo ya caliente. Dejar hervir a fuego medio alto, durante unas tres horas, hasta que los vegetales se integren, espesando el caldo y las habas estén tiernas. Cortar la txistorra en rueditas finas y sacar el relleno de la piel de las morcillas. Saltear ambas con la cebolla caramelizada y agregar el perejil bien picado. Cuando el caldo está en su punto de espesor, como una crema, y faltan cinco minutos para comer, se le añade la mezcla de los embutidos y el picante, se deja reposar sin calor y está listo. Buen pan, mucho vino tinto a ser posible o un rosado muy frío y a gozar. Es un plato delicioso, potentísimo, afrodisiaco y narcotizante, así que un chinchorro o una cama disponible no está de más. 

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