Margarita – Vamos con la última crónica margariteña de esta temporada, aunque las seis semanas que pasamos esta vez en la isla, podían aportar material para varias más. Cuando esta crónica aparezca en Pasion País, estaremos volando rumbo al norte, con la esperanza de que el frío con el que nos va a recibir NY, nos estimule y no nos congele. El próximo artículo supondrá un cambio de escenario violento y radical para el placer de mi amiga Claudia Biagiolini, que – pasando frío, lluvia, niebla y oscuridad – odia que le envíe fotos en la playa en traje de baño, mientras ella se esconde debajo de un gorro y sweater de lana. Pero eso será a su debido tiempo. De momento seguimos en franela, shorts y cholas, el uniforme adecuado a estos climas tropicales.
Después del primero de enero, regresan a Caracas Sonia y Juan Vicente y nos quedamos con Silvia y Jorge – que también despidieron a sus hijos, nietos y demás familia. Nos queda una semana que vamos a tratar de aprovechar al máximo. Es tiempo de las últimas compras, los últimos inventos, ensayos y pruebas, las últimas expediciones y descubrimientos. Todavía, ya en el mes de enero del nuevo año, tenemos una pequeña reserva del pan que trajeron los amigos de Panadería Los Claveles en la Alta Florida.

En su bolsa de papel, dentro de una ziploc y congelado, resiste perfectamente para recuperar su crujiente al tostarlo en plancha o en horno. Recomendable, en una tostiarepa, con un poco de aceite de oliva hasta que se marque el tostado, una pizca de orégano y tendrás la sensación de estar comiendo pan recién salido del horno. Así que teniendo pan para acompañar cualquier cosa, esas cualquier cosas hay que comprarlas o fabricarlas. Seguimos con nuestras pruebas de ahumados, especialmente de pechugas de pollo. Fabricamos varios galones de Ron de Ponsigué y unas pruebas de Ron de Tamarindo chino, cuando estén a punto podremos comparar. Y tenemos en cartera varias frutas que creemos que pueden ser adecuadas.
Nuestras dos primeras cenas de esta semana antes del regreso a Caracas, se basan en los retallones – ensaladas de camarones y pescado y pollo ahumado – acompañadas de buenas ensaladas, que dirige y prepara Silvia, convencida comensal de verdes como plato inicial de un almuerzo de calidad. Para tener opciones, es necesario abastecerse y para ello nada mejor que La Granjita en Camoruco: espinacas, rúcula, lechugas de roble, ají y albahaca, recién recogidas y empaquetadas. Tomates margariteños – que este año no han tenido una buena cosecha, pero siempre hemos conseguido -, y berenjenas con Handry en el cruce de Cocheima. Aceitunas libanesas en la Casa del Repostero en el Centro Comercial ABC de la Avenida Bolívar. Y el resto en Río; palmitos, maíz enano, pepino chino y otros vegetales y hierbas.
También hemos preparado con esa albahaca fresca, Salsa Pesto para una buena pasta con Queso Parmesano. Pasta italiana importada comprada en Nova, la última cadena de automercados en Margarita, propiedad de árabes, al igual que Río, El Tijerazo, Mango Bajito, Traki, Daka, Damasco y casi todo el comercio en el centro de Porlamar. Gran parte de esos abastecimientos irán para Caracas sobre todo lo que tiene que ver con licores y tomates, unos por el precio y otros porque sólo aquí se pueden conseguir; si se llevan verdes, pueden durar hasta un par de semanas, una vez que van madurando y se van guardando en el frío.
Uno de los lugares donde se consiguen frutos secos, especies y aceitunas libanesas – especialmente ricas y de buen precio – es en el Mundo Repostero, que queda en la Avenida Bolívar, en el Centro ABC, frente a los gigantes Río Y Farmatodo, al final de Aldonza Manrique, una de las calles de restaurantes en la isla.
Y después de esas últimas compras, una promesa ratificada por los cuatro: “No vamos a comprar más”. Promesa que hacemos seriamente dos días antes de la partida, firme, irrevocable y de obligado cumplimiento. De la misma manera que uno dice alegremente “vamos a Margarita a descansar” y no es verdad, este juramento es una ficción: un par de días antes, cuando ya habíamos comido todo lo comestible durante un mes y medio, rompimos nuestro compromiso y nos fuimos a Pampatar – a nuestro proveedor de pescado – y para darnos un postrero homenaje, compramos pulpo, langostinos y una bonita para ahumar. Con estos ingredientes preparamos un Ceviche de langostinos, un Pulpo a feira, unos Langostinos a la plancha y dimos buena cuenta de una penúltima cena – sin apóstoles de acompañamiento -, con el arrepentimiento de no haber cumplido con nuestro pacto pero con la satisfacción que da caer en ese tipo de tentación irresistible.

Antes de ese banquete transgresor, tuvimos también una cena, así como una mezcla, “un cruzao”, en una ensalada de camarones y pescado, con las uvas sobrantes del fin de año y unos cócteles de los restos de una botella de Campari con Prosecco – que ya habíamos probado en Italia – y los sobrantes de los postres navideños, que duraron hasta el día de nuestra partida. El peligro de los postres es que estén a la vista porque a la fuerza de voluntad se opone una fuerza mayor que es la gula; colocados estratégicamente en el espacio que conduce a las habitaciones, frente a la cocina, es imposible no verlos sobre todo sabiendo que están allí, y cada paseo hacia o desde la sala, es una probadita; a veces por capricho, a veces por necesidad, otras por vicio. Y así hasta que desaparecen.
En esa semana y gracias a las incursiones previas de Jorge y Silvia, decidimos pasar nuestros días playeros en Playa el Agua en Margarita, que sigue siendo la más bella de la isla, sin desmerecer a las otras que nos encantan. Desde que tumbaron los chiringuitos que quedaban sobre la arena y construyeron lo que iba a ser un bulevar-paseo marítimo – que luego ha quedado convertido en una larga fila de locales casi todos vacíos y una segunda línea de inmuebles también abandonados y algunos invadidos – y la playa en sí quedó libre y amplia con sus palmerales, hay mucho más espacio y luce desangelada de gente – salvo en zonas específicas donde hay servicio de toldos y bar -. Nosotros elegimos una zona que bautizamos como Playa el Arco, gracias a un arco de color rojo que alguien construyó y quedó en el olvido al pie de ese paseo-calle-carril bici, que tiene su propia área de parking y que bajando una rampa estás en la arena a la sombra de unas palmeras y a 50 metros de la orilla. No hay necesidad de llevar ni siquiera sombrilla, sólo sillas y cava.

Puedes disfrutar de la vista a derecha e izquierda, la playa de punta a punta en Margarita, nadie te molesta, ni los vendedores pasan por allá y sólo un par de niños, cuya mamá hace empanadas en un puesto no muy lejano, pasan para preguntar si estamos interesados. Un descubrimiento más que no queremos descubrir perder; y nos alegramos de que la gente busque gente y prefiera estar en los lugares donde se concentra el público. Por cierto, como en todas las playas, ahí también se esfuerzan para ofrecer atención y darle un buen servicio a los turistas: La Miragua, Camila Beach, Aguadulce, Meraki, Delicias del mar y algunos otros, tienen sus locales en el bulevar pero llevan lo necesario al pie del mar para que la gente disfrute al estilo de lo que ha sido siempre en Margarita, comida, sombra y bebida sin mover un dedo. Además cuentan con duchas para quitarse la sal y salir al final de la tarde fresquitos y limpios para sus alojamientos.
MARGARITA
Si no conocen Palitos Chinos, deberían conocerlo: entrando por la bomba de Cocheima hacia el centro de la Asunción – pasando la famosa Empanadería, con sus empanadas gourmets -, en la Calle Santa Isabel está el supermercado de los Palitos, bien abastecido de todo. Pero enfrente, queda una tienda que se llama Casa Tik Tok, también regentada por unos orientales que apenas hablan español – pero sí lo justo para cobrar por débito, decirle el cambio oficial del dólar y ordenar a su personal criollo – que tiene un surtido de periquitos eléctricos, mecánicos, de belleza, chucherías, adornos, bolsos, perfumes…….., donde hay que ir para comprobar que entrar con la firme convicción de no adquirir nada y salir con una bolsa con media docena de cosas que no sabes si te servirán y les darás uso, es una realidad. Una muestra más de que en esa isla, proponerse algo y no cumplir es una constante.

Pasamos los días finales haciendo una búsqueda – otra de nuestras aficiones fijas -, de elementos para hacer un jardín xerófilo al frente de la casa. Sí, como lo oyen. Piedras de playa, cactus de todo tipo – hay una gran variedad en Margarita -, palos y cualquier otra cosa que pudiéramos conseguir. Recorrimos y preguntamos – al igual que hicimos para el famoso Ron de Ponsigué -, por el Cardón, la Sabana, Manantiales de Guayamurí, El Salado, Salamanca, El Tirano…..cargando y acumulando para sembrar, trasplantar, diseñar y colocar todas las piezas de un jardín que quedó montado ocupando toda una esquina del jardín original, dando un toque especial al espacio. Jorge fue el impulsor y autor de la Xerofilia, un pequeño mundo desértico y yo su ayudante recogedor, buscador y guía. La mejor zona para recoger piedras y especies es las laderas del Guayamurí, que tiene la playa y toda una vegetación baja y espinosa en la cara que da a Playa Cardón.
Y así fue llegando el día de la partida en Margarita. La tarde anterior nos dedicamos a hacer equipaje y empaquetar la gran cantidad de cosas que parece imposible que vayan a entrar en el vehículo. Hicimos nuestro último desayuno de empanadas de la Señora Clara para no tener que cocinar, cargamos nuestras camionetas, dejamos la casa en orden y partimos rumbo al Puerto del Guamache.
Nosotros llegamos antes porque nuestros amigos decidieron comerse una sopa antes de embarcar y guardamos puesto porque es importante estar en la primera fila de los carros antes de entrar en el ferry. El barco sale para Caracas a las 8 pero si quieres estar a la sombra de la pared de containers a media tarde, cuando el sol cae a plomo, hay que llegar temprano. Estacionas y esperas en la sala con aire acondicionado que aloja al personal de la naviera, los chicos de bolipuertos y los baños. El procedimiento es más liviano que en La Guaira y el embarque ya depende de la voluntad de la Guardia – que revisan con cierta ligereza los vehículos -, del Saime que comprueba las cédulas y del Seniat que procura que se cumpla con los cupos de licor asignados por persona.

Un par de horas antes dieron paso al embarque en Margarita, nos acomodaron dentro del buque, más apretados de lo normal, pero había una poderosa razón para ello. Ahora hay una nueva modalidad de transporte de vehículo que se llama Encomienda, es decir, que puedes entregar el carro y recogerlo en Caracas y tú te puedes ir en avión y además está la cola de la gente que no ha comprado boleto porque ya no había cupo pero que terminan montando todos en el barco, supongo que por un pago justo. También – y quizás debido a la fecha – hubo sobreventa de boletos para pasajeros, porque nunca había visto tanta gente (no habiendo asientos para todos, muchos se acostaron en el piso en los espacios libres, pasillos incluidos) y a la hora puntual soltaron amarras. Gracias a nuestra experiencia previa pudimos conseguir los puestos que más nos gustan porque nos permite ir acostados – cuando se apagan las luces y el público quiere descansar – y tratar de dormir para que el viaje se haga más corto.
Esa noche especialmente, la temperatura era más gélida que lo habitual – debido al exceso de pasaje y que tuvieron que bajar los aires hasta el límite – y menos mal que uno va preparado con su ropa de abrigo y manta. Nuestros amigos pasaron un poco de frío pero todos sobrevivimos, llegamos amaneciendo a la Guaira, salimos directo para la casa y curiosamente, en contra de los rumores y lo esperado, la subida hasta Caracas fue más rápida de lo habitual, sin tráfico, sin alcabalas.
Llegada a la casa, desayuno completo de arepas, huevos, queso – que venía de Margarita -, y sueño reparador. Seis semanas maravillosas pero como se agradece la cama caraqueña………….. vamos despertando después de remolonear todo el día y nos sorprende un atardecer que no tiene que envidiar a los del oeste de Margarita. Un paso por la cocina y a descansar de nuevo; mañana será otro día……


