Chacao Bike Vs. rodar en solitario

Josu Iza

      Esta semana mi ruta de fin de semana es en solitario porque no hubo quórum para salir en grupo. Para un ciclista como yo, que durante años practiqué en compañía de un amigo haciendo largos y buenos trayectos por media geografía venezolana, empezar a rodar en solitario – por motivo de viaje al extranjero de mi socio -, supuso una fácil adaptación. Desde mi adolescencia tuve la inclinación de practicar deporte en grupo como el fútbol o el balonmano, y de hacerlo en solitario, como subir al monte y andar en bicicleta.

Rodar con un grupo como Chacao Bike es placentero, te sientes arropado en caso de cualquier percance, disfrutas compartiendo conversación y mesa si es el caso, puedes hacer trayectos más largos con el apoyo de un transporte y es un buen espacio para hacer nuevos amigos. Rodar en solitario también es gratificante; sirve para reflexionar, centrarse en disfrutar de paisaje y encuentros inesperados, escuchar música como acompañamiento, detenerse y pasar el tiempo decidiendo de manera individual. Ambas formas de pedalear son válidas y reconfortantes. Este domingo salí con rumbo a los Ilustres para dar unas vueltas en ese circuito, bajé por la principal del Rosal y doblé bajo el elevado que lleva a Bello Monte a lo largo del curso del Guaire. Al final de carril bici, cuando se llega a Santa Mónica se puede entrar en el Paseo paralelo a la Universidad Central hasta los Símbolos, seguir los Ilustres y por un impulso, un no sé qué,  tomé la cuesta que lleva a la Bandera, pensando en buscar la tienda de rines que queda en la avenida Nueva Granada.

Menos mal que como es domingo, no hay tráfico en la zona, pero la mayoría de los negocios están cerrados incluido el que quería visitar. Pregunto a un paisano sentado en la puerta de una venta de empanadas y me informa que hay otros dos negocios que se dedican a lo mismo. Uno en la calle que baja hacia el Valle y otro frente al edificio del INCE, tres estaciones más abajo en la Nueva Granada. Por si no han estado por allá últimamente, esta avenida tiene un servicio de autobús con un carril reservado – salvo para las motos que entran en cualquier sitio -, que ese día luce vacío porque no hay servicio de bus. Voy a uno hacia abajo y luego al otro hacia arriba, ambos cerrados, así que regreso a Los Ilustres y sigo con  mi plan inicial, mucha gente practicando deporte, corredores, ciclistas, caminantes, patinadores…….

Después de unas vueltas al circuito, enfilo de nuevo la avenida de vuelta, me detengo en los Símbolos para saludar a mis amigos de Santa Empanada – altamente recomendable la rellena de Vaina más vaina, pruebenla – y retomo el carril bici en Santa Mónica hasta el cruce que sube a Sabana Grande por esa calle donde hay varios lupanares y sitios de lenocinio, hoteles de citas y algunos restaurantes de dudosa reputación. Puro ambiente. Voy hasta la Libertador para subir por el Country hasta la Castellana. Antes, me paro en la pescadería del Bosque y compro un par de catalanas, casi vivas, con ese ojo saltón y esa piel dura y crujiente. En casa, ducha y descanso, catalanas al horno con sofrito de Bilbao de ajo, perejil y guindilla y un frizzante blanco con pan gallego como único acompañante.  

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