Economía digital de “supervivencia” genera 80.000 millones de dólares al año

Yelitza C. Betancourt Castro

El canvas de los negocios en Venezuela muestra una evolución casi tangible. En los hubs, en un escritorio acondicionado en un rincón de la casa o en el pequeño apartamento en desuso que ahora fue remodelado como oficina, se siente el pulso cotidiano de una economía que surgió y se sostuvo gracias a canales digitales, impulsada por la mera supervivencia y que ahora debe moldearse en forma y fondo a la exigente “horma” corporativa. El dilema para quienes tienen visión, talento y deseo de crecimiento radica en descifrar cómo convertir un entorno cargado de cambios en oportunidades estructuradas, sólidas y de alto valor competitivo.

Este dinamismo encuentra su sustento en datos macroeconómicos y sectoriales reveladores. Las proyecciones presentadas por el Fondo Monetario Internacional posicionan al país en una senda de crecimiento proyectada del 5% para 2026 y de 7% para 2027, superando el promedio estimado para América Latina. A este panorama se suma el comportamiento del comercio electrónico, que según registros de la Cámara Venezolana de Comercio Electrónico experimentó un incremento del 84% entre enero y septiembre de 2026. Es un ecosistema capaz de movilizar cerca de 80.000 millones de dólares al año, apuntalado por un motor transaccional de uso masivo como el Pago Móvil, cuya velocidad alcanza un promedio de 8.500 operaciones por minuto.

Sin embargo, detrás de la fluidez del consumo conviven dos realidades contradictorias. Más de 3,5 millones de comerciantes e iniciativas informales dinamizan el mercado desde las redes sociales y plataformas de mensajería instantánea. Aunque una porción significativa del tejido comercial ha logrado digitalizar sus mecanismos de cobro, esa condición dista de representar una auténtica formalización del negocio. La brecha se evidencia en la ausencia de trazabilidad fiscal, en la debilidad de las estructuras de auditoría y en la limitación para consolidar modelos de gobernanza sostenible.

El salto definitivo en el ámbito empresarial trasciende el acto de incrementar las ventas a través de canales inmediatos. Exige edificar verdaderos ecosistemas comerciales donde el cliente interactúe bajo condiciones claras, realice el seguimiento transparente de sus pedidos y mantenga una relación auditable respaldada por la integración de sistemas de facturación y gestión de relaciones con los clientes. En el plano corporativo y en las transacciones entre empresas, esta infraestructura es la que permite elevar el valor del ticket promedio y garantizar la sostenibilidad operativa.

Someter este momento histórico al análisis estratégico revela tanto la agilidad transaccional de las organizaciones como la urgencia de atender sus vulnerabilidades. Quienes logran articular la gobernanza y el cumplimiento normativo abren las puertas al crédito bancario y a alianzas sólidas con actores multinacionales, pudiendo aumentar sus ventas hasta en un 70% mediante plataformas comerciales confiables. En contraparte, quienes operan al margen de la trazabilidad fiscal arriesgan su capacidad de escala, al tiempo que la digitalización acelerada demanda una atención prioritaria sobre la ciberseguridad, transformando la protección de datos en una credencial imprescindible de reputación y venta.

El tramo final del año plantea a la gerencia tres movimientos determinantes para proyectar el crecimiento con miras al 2027. En primer lugar, la realización de un diagnóstico profundo sobre la trazabilidad y auditabilidad de las operaciones digitales actuales. En segundo término, la migración consciente desde los canales informales hacia ecosistemas integrados de negocios. Y finalmente, la conversión de los protocolos de ciberseguridad y gobierno corporativo en cartas de presentación ante el mercado.

Como se destacó en los debates más recientes del ámbito económico internacional, en una frase que resume también mi sentir: “El desarrollo no es un gesto de caridad, es una inversión en el futuro compartido”.

La mejor decisión que puede tomar el sector privado venezolano**, desde el emprendedor hasta las grandes industrias,** es elevar sus estándares de gestión, transparencia y responsabilidad operativa. Convertir el gran volumen transaccional de hoy en confianza, trazabilidad y escalabilidad representa el único camino posible para erigir verdaderas corporaciones y contribuir con rigor a la reputación empresarial de Venezuela.

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Sobre Yelitza C. Betancourt Castro:

  • Mercadóloga y Publicista con más de 25 años de experiencia en cargos gerenciales para empresas de servicios con relaciones comerciales B2B y B2G internacionales.
  • En su trayectoria ha liderado giras de negocios en más de 20 países de Latinoamérica, Europa y Asia.
  • Miembro del Comité de Mercadeo de VenAmCham durante 9 años, representando a empresas de servicios B2B del sector tecnológico.
  • Especialista en Conducta Social.
  • Co-fundadora y Directora General de Mercaholic, sociedad de talento especializado en mercadeo, publicidad, comunicaciones, RRPP y tecnología aplicada al negocio.

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