Ya sabemos lo que es el liderazgo, cuáles son sus características principales, qué deben hacer los líderes y cómo se debe construir el liderazgo. Pero ¿nos hemos detenido alguna vez a celebrar el liderazgo?

La escritora Rebekah Campbell en su artículo de 2013 «Por qué es importante celebrar las pequeñas victorias», señala que debemos tomarnos el tiempo para marcar las pequeñas victorias. Eso puede significar cualquier cosa, desde colorear una hoja en blanco con una nota agradable, organizar un almuerzo de celebración, o llevar al equipo a la playa para un descanso. Cualquiera que sea el método, le recuerda a la gente que establecer metas funciona y que nos unifica a todos en torno a un resultado positivo. Tomarse el tiempo para celebrar esas pequeñas victorias puede ser una herramienta poderosa en los equipos de trabajo.
Un buen líder tiene una visión clara, ya que marca la dirección del equipo, identifica prioridades y las comunica claramente. Pero, generalmente, el líder no tiene tiempo de ocuparse de cosas simples y eso hace que se pierda el foco, se pierda el norte como decimos en Venezuela. Es por ello que, para mí, el reconocer las victorias, pequeñas o grandes, son partes muy importantes del trabajo de un líder. Hay que celebrar, celebra, celebrar.
Honrar el éxito puede ocurrir en todos los niveles de las actividades de una empresa y se expresa de una mejor manera cuando logramos aumentar la confianza de los empleados, su bienestar y la alegría de trabajar en la organización, o en el equipo deportivo, o en una obra de carácter social. Un gran liderazgo no se trata solo de señalar el rumbo hacia la victoria que vamos a alcanzar; también se trata de darle al equipo una razón para seguir adelante en el largo plazo.

En un artículo de 2015 titulado «Por qué debes celebrar los pequeños éxitos», Minda Zetlin, coautora de The Geek Gap, escribió que, para tener éxito en un gran esfuerzo, debes «segmentar el viaje hacia los pequeños pasos que tomará en el camino”. Eso es tener pequeñas y grandes metas, trabajar en ellas, definirlas de una manera integral (SMART) y por supuesto celebrar los logros. Eso debe ser parte ya de todas las metas que nos pongamos.
Celebrar el éxito también es bueno para los propios líderes. Cuando evaluamos un proyecto que terminamos o una innovación que presentamos, tendemos a centrarnos en los defectos, para que podamos hacer las cosas aún mejor la próxima vez. Pero si celebramos cada victoria, grande o pequeña, también recuperamos nuestra propia confianza. En su artículo de 2014 3 razones para celebrar las pequeñas victorias (mientras se dirige a las grandes), el entrenador y orador Shawn Ellis recomendó a los líderes que «celebren cada pequeña victoria que puedan para que su banco de confianza tenga los ‘fondos’ necesarios para enfrentar los desafíos del día”.
Celebrar los logros, apreciar las victorias, festejar las metas. Son todas parte de una misma cosa, compartir felicidad. Es un hábito gratificante que puede fortalecer el trabajo de liderazgo, fortalecer la determinación de los empleados y construir equipos imbatibles. Y no tiene por qué costar nada: incluso puede ser tan simple como dar las “gracias”.
Así que la próxima vez que logres algo, que alcances una meta, o que puedas compartir con tus colaboradores, celebra. No hay nada mejor.


