Y dentro de esta celebración queremos también hacer una pausa especial para recordar a una persona muy querida por todos nosotros: nuestra entrañable amiga Inés Muñoz.
Las circunstancias dolorosas provocadas por el terremoto impidieron que pudiéramos celebrar oportunamente sus exequias solemnes y rendirle el homenaje que merecía. Hoy queremos hacerlo con gratitud, con cariño y con profunda emoción.
Inés fue mucho más que una destacada periodista y una brillante escritora. Fue una mujer de una extraordinaria sensibilidad humana. Supo escuchar, comprender y acompañar. Su palabra estaba llena de inteligencia, pero también de bondad. Su pluma no solo describía los acontecimientos; sabía descubrir el alma de las personas y la profundidad de las historias humanas.
Quienes tuvimos el privilegio de conocerla sabemos que detrás de su profesionalismo había un corazón inmenso. Fue una amiga leal, cercana y generosa. Una mujer que cultivó la amistad como un verdadero arte; que supo estar presente en los momentos de alegría y también en las horas difíciles.
Hoy sentimos el vacío que deja su partida, pero también experimentamos la gratitud por el inmenso legado que nos deja. Las personas como Inés no desaparecen cuando mueren. Permanecen vivas en los recuerdos que sembraron, en las palabras que escribieron, en los afectos que construyeron y en el bien que hicieron.
Por eso, más que despedirla, hoy queremos darle gracias a Dios por el regalo de su vida. Gracias por su inteligencia puesta al servicio de la verdad. Gracias por su sensibilidad puesta al servicio de la cultura y de la comunicación. Gracias por su amistad sincera. Gracias por todo lo que sembró en tantas personas que tuvieron la fortuna de compartir con ella.
Querida Inés, hoy esta comunidad te recuerda con afecto, respeto y admiración. Encomendamos tu alma al Señor, confiando en que ya participas de aquella luz eterna que no conoce ocaso. Que Cristo, a quien toda vida pertenece, te conceda el descanso eterno y que el Padre misericordioso premie abundantemente todo el bien que realizaste durante tu paso por este mundo.
Que el recuerdo de todas las víctimas del terremoto y la memoria agradecida de nuestra querida Inés Muñoz nos ayuden a comprender que la vida es un don precioso, que el amor es más fuerte que la muerte y que la esperanza cristiana nunca defrauda.
Que el Señor conceda descanso eterno a nuestros difuntos, fortaleza a los sobrevivientes, consuelo a los que lloran y la gracia de seguir caminando unidos como pueblo de Dios.
Amén.


