A Inés Muñoz Aguirre

Isabel Cecilia González Molina

Cómo te hubiesen gustado estos días tranquilos, casi aburridos, los simplones que se pasan sin por menores, entre la rutina del desayuno a la cena. Mientras caminaba pensando en ellos, pensaba en ti: los días fastidiosos son mejores que los días de ausencia. A ti te divertía vivir, tenías vocación para vivir, no todos la tienen. Te hubiesen encantado esos días sin logros ni desafíos, largos como el verano.

–Disfruta los momentos tranquilos, porque en un instante…

Te recordaba ocupada, apurada, inventando una actividad, celebrando una ocasión, animando al equipo, en un país al borde del precipicio.

-Los países no se acaban, las personas tal vez.

El país tu pasión, la historia de tus amores, el país y Mariam. Mis días tranquilos te traían de vuelta, siempre reías, al menos siempre reías al vernos, estoy segura de que te conocí riendo y te despedí riendo. No existió una auténtica despedida, solo una larga conversación telefónica.

-La enfermedad te lleva a un rincón de tu alma y desde allí observas a los otros.  Caminas sin saber que te has perdido, hasta que no logras encontrar el camino de vuelta.

Emprendiste el viaje mientras yo cargaba todos esos días tranquilos a cuesta, como te hubiesen agradado, respirando sol, mirando verde, refrescándote de roció.

Te quería contar que hace un poco más de un mes, un grupo de okupas se plantó frente a la Embajada en la que termina el recorrido de mi caminata diaria, montaron carpas y un rudimentario estante en el cual pusieron una hornilla de campaña, con la cual cocinan, pero sobre todo preparan café.

-Son los familiares de los presos políticos.

Los habitantes de los honguitos también se añadieron a mi rutina, ¨Buenos días¨, ¨Buenas tardes¨, caminaba entre ellos siguiendo el trascurrir de la semana. Yo saludaba y ellos callaban. Mi abuela nos repetía que cuando el abuelo fue preso por orden del Dictador, las personas se cambiaban de acera para no tener que saludarla. ¨Buenos días¨, ¨Buenas tardes¨, no responden, no me miran, como si cargasen una pena, como diciéndome que mis días aburridos no tienen relación con sus días, días que a su vez se han vuelto rutinas, aquella de sentarse a esperar.

-En este país pasa de todo y no pasa nada.

Tal vez no entendemos y tú sí, la tarea de los vivos es el día a día. La tarea de los vivos es continuar caminando aunque nos hayamos extraviado.  

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