“El sonido registrado es mágico, realmente fascinante en sí mismo, porque nos demuestra que la belleza de la creación está en su simplicidad”, asegura el cristaloterapeuta venezolano Santiago Bonora, quien ha compuesto la obra musical titulada “La Rosa de Jericó”, que fue la pieza central del concierto que se realizó este domingo 1 de octubre en la Sala Simón Bolívar, dirigida por el maestro Eduardo Marturet acompañado por la Orquesta Sinfónica de Venezuela y con la actuación especial de la actriz Athina de Marturet.
Santiago Bonora explica acerca de la Rosa de Jericó, planta típica del desierto. “En algunos desiertos, pasan fácilmente 40 años sin llover y aun así esta planta sobrevive, persiste a las inclemencias de su entorno como si fuera un esqueleto de origen vegetal. Se mimetizan totalmente con su entorno; es decir, son áridas, de color marrón con vetas doradas, muy secas, quebradizas, parecieran sacadas de una película que narra el reino del inframundo. Ahora bien, si el agua llegara a tocar cualquiera de sus partes sucede un milagro que asombra hasta al más duro académico. Este milagro biológico que ocurre cuando la planta se hidrata es capaz de contarnos visualmente una historia sagrada: la historia de la resurrección”, dice el venezolano quien desarrolla su labor profesional más específicamente con cristales.
¿Cuál es el mensaje que a ti particularmente más te inspira La Rosa de Jérico?
El del ciclo de la muerte y la vida. La Rosa de Jericó puede volver a abrir sus hojas y reverdecer para así cambiar en nosotros la idea que tenemos de la muerte. Nos quita el miedo a lo desconocido porque nos habla de un renacer, nos enseña que los momentos difíciles en la vida pasan y que se logra reverdecer. La Rosa de Jericó es una criatura que espera dormida años hasta que el cielo le regala un poco de agua y así, en pocas horas, vuelve a ponerse verde, como si cada gota de agua fuera una primavera sagrada que la resucita, le ayuda a alimentarse sintetizando clorofila, a reproducirse y una vez que se evapora ese agua vuelve a dormir hasta que El Creador desee despertarla nuevamente con su lluvia, una y otra vez, en un nacer y morir y volver renacer. El famoso ciclo mitológico del renacer eterno mostrado en el ciclo biológico de una planta.
¿Cómo fue el proceso de grabación de la obra musical que se estrenará en Caracas?
Primeramente, conectamos a un ejemplar de una Rosa de Jericó varios sensores, los cuales son capaces de traducir a notas musicales los diferentes parámetros eléctricos y ópticos que la planta va produciendo en su despertar a la vida. Este sonido se registró durante 1 mes de grabación y se redujo a 3 minutos. Estos 3 minutos de sonidos se orquestaron y es lo que vamos a disfrutar, bajo la dirección del maestro Eduardo Marturet con quien he venido trabajando muy de cerca. También estará en escena un limonero que la contiene, con los sensores que transforman en notas musicales la diferencia de potencial que hay en su entorno.
¿Y el mensaje de tu composición? ¿Qué deseas que el público pueda percibir y llevarse al escucharla en la Sala Simón Bolívar?
Algo bien curioso sucedió en la grabación porque naturalmente está grabada en forma binaural, es decir, en dos frecuencias apenas diferentes que oiremos por cada oído. Cuando el cerebro percibe esas diferencias lo traduce es un solo sonido, personal e intransferible. Por lo que hará de esta obra que todos la escuchemos en una forma diferente. Este sonido es capaz de reorganizar nuestras ondas cerebrales y emociones. Esperamos que al oírlo viajen hacia el lugar de la esperanza que da el renacer, el recomenzar, el despertar del sueño a la alegría de la vida misma, como dice Santiago Bonora.
Este concierto sobrepasó la gran expectativa que había generado. Ofreeció un programa variado– desde música de Morricone y Piazzola hasta obras de la autoría de Marturet y Rodner Padilla, entre otras piezas-, y fue posible gracias a Amigos Sinfónicos y la colaboración de El Sistema.


