¿Hay escasez de referentes?

Inés Muñoz Aguirre

Cuando era pequeña, había en mi entorno personas que admiraba.

En primer lugar, por considerarlas exitosas, aguerridas, gente que, según mis criterios, me parecía exitosa.

Entre los primeros referentes que uno tiene en esa etapa de la vida están tus maestros. Buscamos características de su personalidad que nos gustan y que se sienten como el lazo que te une a ellos. Llegas a sentir afecto e incluso comienzas a copiar gestos, formas de expresión y modos de comportarte.

En los colegios de mi época se contribuía a esa construcción de referentes. Me imagino que hay quienes recuerdan al “Semanero”. Era el alumno que mejor se portaba, el que sacaba las mejores notas. Los profesores y maestros confiaban en ellos. Y ellos se encargaban de buscar la tiza, el borrador y la lista de asistencia, por decir lo menos. Los demás queríamos ser semaneros también.

Comenzaba entonces el trabajo para lograrlo.  Eso significaba que los semaneros eran referentes muy cercanos.

Mientras esto ocurría en el plano educativo, el afecto, el respeto, la transmisión de valores, nos permitía la elección de nuestros referentes en el ambiente familiar. Los padres, la madre, los abuelos, los hermanos mayores, algún primo. Esos referentes familiares además se construían sobre tradiciones y costumbres que constituían el arraigo hacia nuestra tierra.

Más adelante nos involucrábamos con actividades que te relacionaban con el deporte, porque en esa área también se trabajaba muy duro por construir liderazgos.

En la época de la universidad recuerdo de forma especial, en mi caso, la existencia de tantos referentes, que soñaba con graduarme de periodista para tener la oportunidad de entrevistarlos.

Podríamos poner cientos de ejemplos desde los distintos sectores, porque estas “fórmulas sociales” constituyen un entramado indiscutible para construir sociedades sanas, educadas, preparadas y sobre todo conscientes de la importancia que significan los retos y la necesidad de alcanzar objetivos.

Piense por un momento en quiénes son sus referentes, dónde están, cuáles son los valores que nos permiten identificarlos. Tener la capacidad de identificarlos, nos pondrá en consonancia con nuestros intereses personales, pero también nos da señales de quiénes somos como sociedad.

Haga su lista. No vaya más allá de cinco y, sobre todo evalúe quienes son, a qué se dedican y qué tan fácil o qué tan difícil le resultó elegir. En ellos verá la otra cara de este tema. Cuando escasean los referentes, son muchas las cosas que escasean a nuestro alrededor.

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