Diana Arismendi: Composición, carrera y el legado de Teresa Carreño

Tuvimos como invitada en Pasión País Radio a Diana Arismendi, compositora, pedagoga, gerente cultural, con un doctorado en composición y música latinoamericana en la Universidad Católica de América de Washington. Tiene también un diploma de superior en composición en la Escuela de Música de París y actualmente es profesora titular de composición, directora ejecutiva del Festival Latinoamericano de Música y miembro de número del Colegio de Compositores Latinoamericana de Música de Arte.

Las obras de Diana Arismendi han sido interpretadas en América y Europa y realiza investigación en el campo de la música latinoamericana, lo cual lo ha llevado a dictar conferencias y clases magistrales en España, Estados Unidos, América Latina y en toda Venezuela. En esta nueva edición de Pasión País hablamos de toda esa carrera desde el punto de vista de la composición, de la música, de la experiencia, y nos contó los detalles de qué se trata esto del punto de Encuentro Entre Mujeres te veas en el que va a estar compartiendo en el escenario de Cinética Cultural junto a Mayte Navarro y Sandra Yajaure para acercarnos nada más y nada menos que a la vida y obra de Teresa Carreño.

— Tienes toda tu vida dedicada a esto, ¿no?

—Bueno, yo empecé por hacer una traducción ahí un poco de las universidades, porque siempre me gusta como ubicar bien al público. Bueno, cuando yo me fui a estudiar a París, yo soy creo que la última generación de estudiantes de pregrado Mariscal de Ayacucho. Era muy jovencita y, básicamente, me fui yo. Estaba muy clara en qué quería ser, en cómo quería formarme como compositora. Y, en ese momento, en Venezuela todavía no había estudios superiores en música y en composición que me dieran un título a nivel universitario. Y, evaluando eso, yo me di cuenta de que tenía que salir y salir rápido a eso.

Además, por supuesto, de las ganas de ver mundo y de oír la música que se hacía en ese momento, la música contemporánea que se hacía en Europa, que conocíamos acá, pero que era muy importante ir a vivir en ese medio. Y allí estuve casi cinco años, en Francia, con la formación tal cual como yo soñaba que fuera. Una formación centrada en la escritura creativa de la música, con todo lo que alrededor de ese foco debía tener.

Y, además, en una ciudad que me permitió formarme intelectual y artísticamente con una formación plena, que llenara todos mis intereses, las artes plásticas, la literatura, la historia. Entonces, bueno, esa fue la primera parte y fui siempre con la idea de regresar a Venezuela, y que fue lo que hice. Al terminar, aun cuando en ese momento me ofrecieron trabajo, nadie entendía que yo con 24 años me iba a regresar a Venezuela, y me regresé.

— ¿Cómo nos puedes definir lo que acabas de mencionar de la escritura creativa para la música?

—El estudio de la composición en música es casi que no un estudio artesanal, es el mismo esquema de hace cuatro siglos, que es el trabajo del joven que busca formarse con un maestro que lo forma. Eso no ha cambiado. Sin embargo, para mí ha cambiado desde el punto de vista que no es sólo aprender algunas técnicas y fórmulas y líneas estéticas de la música, sino que hay un ejercicio reflexivo en la creación. Por lo menos esa es la manera como yo, que soy profesora de composición hace casi 30 años, así yo lo enfrento. Porque, por lo que decía, fíjate que cuando tú hiciste tu pregunta de cómo me había formado y qué había buscado, yo quería una formación completa. Las escuelas de música, se llamen como se llamen, sean al nivel que sean, lo forman a uno en música, dejando de lado cosas que los músicos necesitamos. Y que uno ve que muchos músicos no tienen, aunque sean excelentes músicos. Claro, hay que pensar que la formación musical generalmente empieza con la persona muy joven o niño, y que cuando uno estudia un instrumento, es un esclavo del instrumento.

La formación de los primeros años requiere 2, 4, 6, 7, 8 horas de práctica diaria. Cuando uno es chiquito es una horita, después son dos, es cada vez más exigente. Y hay un momento en que el instrumentista tiene que estudiar por lo menos cuatro horas diarias, porque hay mucho repertorio que aprender, mucha técnica.

— ¿Qué le agregarías tú a esa formación?

—Bueno, yo decía antes que es una formación todavía como artesanal, porque hay esa conexión del estudiante y del profesor, y de alguna forma uno o algunos maestros. Porque yo he tenido maestros donde te dicen lo que te tienen que decir y punto. Pero yo creo que uno puede formar haciendo esa cosa como, llamémoslo holística para usar un término en uso en estos días, donde se conversa sobre literatura. Por ejemplo, yo he tenido estudiantes, he tenido los dos extremos. Estudiantes que son, que saben de poesía más que yo. Por ejemplo, yo soy una lectora de literatura, pero la poesía, digamos que no es mi campo. Y ellos terminan instruyéndome a mí, diciéndome qué leer. Y he tenido estudiantes que, a la hora de escribir una obra vocal, realmente no saben dónde ir a buscar nada porque en su vida han leído nada. Entonces, con ese estudiante hay que ir a darle esa formación. No porque, no es para que sean cultos y que puedan decir que leyeron, sino que es parte de la formación.

— Tú tuviste maestros norteamericanos, franceses, japonés, con el maestro Carreño, venezolano. ¿Cómo los puedes diferenciar?

— Siempre he dicho que mi gran maestro, el que realmente me formó a mí, fue Yoshihisa Taira, mi maestro japonés en París. Y él era un tipo muy particular, un compositor increíble, que me enseñó a mí a través de… No es que él daba una cátedra de cómo manejar el tiempo, pero él decía, yo en tal obra hice tal cosa, porque quería detener el tiempo. Y cuando tú dices detener el tiempo, no es hacer ritmos lentos, no necesariamente, sino que te decía cómo. Y bueno, por supuesto, eso es una manera de formarte, cuando tú haces referencia a tu obra. Y siempre había esa reflexión. Un maestro que tuve en Estados Unidos, que era norteamericano, pero de origen alemán, él estaba siempre concentrado en aspectos más bien técnicos de la música e históricos.

En tal época se hacía así, después se hacía así, actualmente se hace así, y tú resuelves un problema más que decirlo desde su propia experiencia. Y yo creo que eso de enfocarlo desde la propia experiencia te da un poncho artístico distinto. Y, por ejemplo, con el maestro Inocente Carreño, que fue el primero que yo le llevé mis primeras cosas, y con quien mantuve una amistad de 40 años hasta su fallecimiento, él era mi maestro pleno.

Nosotros hablábamos muchísimo de literatura, nos cambiábamos libros, hablábamos muchísimo de pintura, él recitaba poesía de memoria. Entonces era esa cosa del tema artístico conversado, más que de la música porque él sentía que yo había hecho una ruptura estética, que es cierta, y que a lo mejor yo no quería conversar mucho con él de sus métodos. Y pasaba eso que siempre él estaba con el gran compositor, que era Inocente Carreño, como disculpándose que él no era muy moderno.

Pero, maestro, no importa la estética, lo que importa es la musicalidad y la calidad, que la tuvo siempre. Bueno, uno escucha hablar a Diana y realmente es emocionante escuchar además el nombre de estos grandes maestros de la música venezolana. Y por eso Diana está aquí, porque también nos va a hablar ahora en profundidad de lo que significa Teresa Carreño en la vida y la música de los venezolanos y este evento que van a tener en Cinética Cultural.

—¿Qué nos puedes contar sobre el evento?

— Pues yo espero realmente que sea un gran evento, porque ha sido una gran preparación la que hemos hecho Mayte Navarro y yo, y realmente hemos disfrutado muchísimo concibiendo y como organizando este personaje tan múltiple, tan interesante, del que hay tanta información, además, y pues la hemos condensado en una línea de tiempo a través de la cual vamos a contar su vida, diversos aspectos de su vida. Creo que nos va a faltar el tiempo para todo lo que queremos decir de este gran personaje.

— ¿Qué descubrieron nuevo que les haya impactado?

— Quizás a mí lo que me tiene más impactada, como tú preguntas, es la cantidad de cambios que tuvo, no quise decir sufrió, evité la palabra, que vivió Teresa Carreño. Cambios en su vida, mudanzas trasatlánticas que deben haber sido muy complicadas desde la edad de ocho años en que sale con su familia de Venezuela y se va a Estados Unidos, y luego Estados Unidos a Inglaterra, a París, y luego de dar muchas vueltas con giras de conciertos, vuelve a los Estados Unidos, y luego vuelve a Europa, y luego vuelve a Estados Unidos, y siempre detrás de su carrera como pianista.

Era como la carrera quien iba dando una orientación a su vida, una orientación incluso geográfica, y es muy interesante ver cómo, porque uno tiene como el paquete en la cabeza de Teresa Carreño, la gran pianista Teresa Carreño, que fue una niña prodigio, y uno la ve sobre el escenario toda la vida, pero la evolución de su carrera, lo que ella tocaba cuando era niña y cuando era joven, y cómo eran sus giras, y cómo eran sus conciertos, y lo que es al final de su vida, es extraordinario ver el crecimiento artístico de Teresa Carreño, que va con el tiempo, que va con su tiempo, pero ese crecimiento es maravilloso. Sí, yo leyendo algunas cosas de Teresa Carreño, es más, es un poco como trayéndola a la actualidad, porque yo creo que una de las cosas importantes cuando uno se encuentra con esos personajes de que, a los nueve años, tocándole Abraham Lincoln, con nueve años, después a los cincuenta y pico de años, vuelve y regresa otra vez a la Casa Blanca a tocar nuevamente piano, cómo rompió esquemas desde el punto de vista de la directora de orquesta también.

Y además era compositora. Compositora, su vida personal también. Ella fue muy avanzada en todo lo que fue su época. Y no existían los medios además para difundir todo lo que ella estaba logrando. Y, sin embargo, bueno, el nombre que tiene Teresa Carreño, está todo documentado. Es indiscutible. Cuando su padre Manuel Antonio Carreño fue su gran mentor, quien dirigió su carrera en los primeros años además de su maestro de piano. Ella lo reconoció hasta el final que él había sido su gran formador como pianista. Cuando ella era niña y empezó a tocar en los Estados Unidos, los padres abrieron cuadernos donde guardaban meticulosamente todo.

Por eso es tan fácil seguirla en la carrera. Y una vez que ella se independizó, pues continuó con ese hábito. Por eso es, tenemos tanto, tanto material sobre ella. Porque ella lo fue guardando. Ella por muchos años fue su propia empresaria. O sea que uno puede asumir que era ella la que estaba pendiente de guardar todos los recortes de periódico, programas de conciertos, cartas de invitación, todo eso. Y está muy bien documentada su música y podemos seguirla.

—¿Cuál es esa percepción tuya de alguien como Teresa Carreño?

—Bueno, yo estoy convencida que es simplemente admirable. Esa pasión por lo que hacía. Esa decisión de hacer una carrera contra todas las adversidades. Porque, primero, una mujer latinoamericana, suramericana, como se decía en ese momento, que llega a Estados Unidos, una niña, primero tiene que vivir y sobrevivir en la época de Niña Prodigio. Afortunadamente tuvo un maestro, su maestro, en Estados Unidos, Luis, se me fue el segundo nombre, Gotshal, su apellido, pianista y compositor, que advirtió a los padres que había que cuidar la figura de la Niña Prodigio. Entonces, ella pudo traspasar eso sin mayores daños, que a veces se dañan las carreras.

Y luego es una joven que continúa como migrante a Europa. En una época en que las mujeres no hacían carreras profesionales, en que los grandes concertistas eran hombres, que las mujeres de cierta clase social solo estudiaban música para embellecer los salones, pero que no hacían carrera profesional. Y después romper el paradigma de que ella tocaba su propia música, ella improvisaba en sus conciertos. Eso era absolutamente extraño. Y luego está todo el aspecto personal, que mucho se habla, que es importante, pero que no es lo más importante en la vida de Teresa Carreño. Sus varios matrimonios, sus divorcios, sus idas y venidas, los hijos. Seguir con una carrera va con el estigma de que, si tú tienes una carrera profesional, estás abandonando a tus hijos. Y hay una correspondencia maravillosa. Ella escribía a sus hijos cuando estaba de gira prácticamente diariamente, porque era la manera de ella de estar cerca de sus hijos cuando no estaba.

— ¿Por qué el público tiene que ir a ver este encuentro?

—Bueno, porque, aunque Teresa Carreño sea una figura, digamos, conocida para el ego melómano venezolano, que no tiene mucha información, uno sabe, uno cree que sabe cosas y que ha oído ciertas cosas, pero nosotras vamos a dar allí esa imagen completa de Teresa Carreño. Además, Mayte va a ir enfocando las épocas que les tocó vivir, un poco históricamente, vamos a describir cómo eran las ciudades donde ella llegaba, por supuesto, Mayte va a dar su toque, el estilo.

La cita es el martes 16 de septiembre a las 6:00 pm en Cinética Cultural, Calle B, PB. Torre Cinética, Los Ruices. Adquiere tu entrada en: www.liveri.com.ve por solo 10$ (Incluye estacionamiento)

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