Detalles que hablan de ciudadanía y respeto por los demás

Inés Muñoz Aguirre

Hoy vas por allí. Llegas a una reunión, estás en un espacio cerrado. De pronto entra alguien, estornuda. Un rato después tose. Vuelve a estornudar. Se pasa el dorso de la mano sobre la nariz. Te das cuenta de que tiene la nariz roja. Preguntas:

— ¿Tienes gripe?

Te contesta que no. Pero tú tienes clara cuál es la situación. Tiene gripe. Lo que no tiene es consideración ni respeto por los demás.

Entonces descubres que no fue mucho el aprendizaje que nos quedó de la pandemia. Uno de los descubrimientos más fuertes de dicha situación es el que tiene que ver con el tema de los “aerosoles”, pero ya lo olvidamos.

La gente sigue hablando sobre la comida que va a ingerir el otro, sin pensar que pueda estar contaminándola, y es obvio que sale a la calle con un “gripón” sin tomar las previsiones para no contaminar a los demás.

Hay una conciencia que se mueve con cierta pasividad, pero con claridad sobre las consecuencias que se tratan de ocultar, ¿o no has experimentado la respuesta consecuente en mucha gente?

—Esto es una alergia. No sé por qué, pero siempre me da.

La respuesta es una evasión de la responsabilidad que implica tener una enfermedad con la que puedes contagiar a los demás. Es una posición cómoda que nos cuesta reconocer.

La otra cara de este tema es que se trata de pensar en el otro, pero no lo hacemos. Solemos partir de nuestros propios intereses. En estos casos, si es que aprendimos algo, lo mínimo que debíamos hacer es ponernos una mascarilla.

Aprender a respetar al otro tiene que ver con la capacidad que tengamos de poner nuestro yo a un lado y eso en sociedades en las que el individualismo se pelea por el protagonismo es una tarea muy cuesta arriba.

Por más que nuestro ego nos coloque como protagonistas, por más que nos hayan enseñado en nuestra casa que somos lo primero en nuestra vida y en la de los demás, lo cierto es que somos seres sociables; pertenecemos a una comunidad en la cual hacemos vida y nos relacionamos.

Vivir en comunidad significa asumir que no estamos solos, lo cual representa el conciliar, entender las necesidades del otro y conseguir esos puntos intermedios en los que es clave coincidir y ceder de ambas partes.

Si tienes un malestar, si estornudas, si tienes tos, no esperes que la gripe se te manifieste para pensar en el otro. Usa la mascarilla y estarás contribuyendo a una mejor sanidad. Estarás contribuyendo a no contaminar a los demás.

De esta forma se teje un enjambre de “buenas costumbres”, en el que eres protagonista porque estás decidiendo tu nivel de participación.

—¿Y eso es lo que nos querías decir? —se preguntarán muchos.

—Con tantos problemas que tenemos, apuntarán otros.

Sí, el tema está en que, si ignoramos la importancia de las pequeñas acciones, estaremos contribuyendo a la suma de tareas que son perjudiciales y cuya sumatoria termina contribuyendo a la generación de crisis.

No pases los detalles por alto, estamos hablando del ejercicio de la ciudadanía.

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