Costumbres que se construyen desde la educación

Inés Muñoz Aguirre

El respeto por los padres al que hemos hecho referencia cuando hablamos de los procesos en nuestra educación no solo tenía que ver con el hecho de que fueron quienes nos procrearon; también tiene que ver con un tema de la sabiduría, el conocimiento y el manejo de la información. Con la posibilidad de conocer el manejo de las tradiciones familiares y sociales. La posibilidad de construir experiencia basada en el afecto y el cariño. La construcción de generar recuerdos que atan y unen familiarmente. Definir qué enseñanzas se atesoran para hacer un mapa trazado con la certeza de que esas enseñanzas tienen un origen que representa una trayectoria familiar. Aquello que se repetía con tanto énfasis en las familias: “Cuidar y respetar el apellido”. 

Un libro que recoge muy bien lo férreo de las exigencias de los padres a los hijos es la novela Como agua para chocolate,  basada en el libro de la escritora Laura Esquivel. De las tradiciones de las que se habla allí, recorrían de norte a sur todo el continente. Siempre ha existido una gran línea que nos une, para bien y para mal, en la conformación de un tejido social que nos caracteriza.

Lo importante de echar la vista atrás es darnos cuenta de cómo evolucionamos. Con las educaciones tan férreas de aquella época (la novela transcurre entre 1890 y 1920) se cometían también grandes errores que influían de forma directa y evidente en la vida de las personas. Muchas personas, sobre todo las mujeres, veían frustrarse sus sueños y aspiraciones para cumplir de forma rotunda con las exigencias familiares que en muchos casos terminaban arruinándolos sobre todo emocionalmente.

¿Quién no se plantea la importancia de evolucionar? Los cambios forman parte o deben formar parte del crecimiento individual, familiar o social. La otra cara de este tema está en preguntarse cómo debe ser esa evolución, dónde debe ocurrir y en qué dirección. Los cambios que se plantean en la novela surgen a partir de la Revolución Mexicana y yo no sé ustedes, pero a mí me aterra pensar que los cambios sociales ocurran en medio de unas supuestas revoluciones que al final es mucho más lo que dejan de negativo que lo positivo, porque los cambios suelen darse bajo premisas construidas con falsas expectativas.

A veces los cambios generan involuciones en lugar de remitirnos al progreso. A veces nos permiten combinar los elementos más valiosos de una etapa para conservar costumbres. Es así en esa combinación cuando se logra la combinación perfecta. 

¿Qué elemento podríamos tomar de lo que sucede con algunos cambios como ejemplo de este tema, desde aquella educación férrea hasta hoy en día? 

Sin duda alguna, un ejemplo es el tratamiento de usted. ¿Cuando dejó de usarse? Recuerdo que la primera vez que me impactó mucho este tipo de cambio fue cuando de buenas a primeras, en las entrevistas tanto de radio como de televisión, los periodistas jóvenes comenzaron a tratar a las personas mayores o de extensa  y reconocida trayectoria, de tú, bajo la premisa de que: “Disculpe  que lo trate de tú, pero estamos en confianza”. Yo salté mientras recordaba la vieja aquello de que “la confianza da asco”, nunca mejor aplicada. Desde ese momento empecé a prestar atención al tema.

Cualquier persona en el área de servicios y las empresas del mismo sector (bancos, restaurantes, empresas telefónicas o de electricidad, clínicas, etc.) tratan a los clientes de tú. Nos dirigimos a las personas mayores en cualquier lugar o circunstancia tratándolos de tú.  Llamamos a nuestros médicos por su nombre y los tuteamos, y hemos llegado hasta el extremo de que hay personas que se ofenden si los tratamos de usted. 

La otra cara que tenemos que revisar es si este tratamiento está montado sobre el argumento de que todos somos iguales. Si es así, lamento expresar que bajo este concepto cometemos un grave error.  El tratamiento de usted establece cierta distancia fundamentada en el respeto. Y bajo una propuesta de rescate de valores, deberíamos tratar de recuperarlo, porque no se trata de que el tratamiento de usted nos distancie; se trata de que es hermoso reconocer la vida vivida, la experiencia, el parentesco, los estudios, la meritocracia profesional. 

El tratamiento de tu acaba con todo eso y casi roza lo vulgar. Nos iguala, que no es lo mismo que ser iguales. Nos lleva a creer que con ello rompemos barreras y ganamos la confianza del otro. Hay quienes piensan que hacen una revolución en cuanto al trato con los demás. ¿Cómo puede un alumno tratar de tú a su profesor? Rompiendo con ello la posibilidad de contar con un referente, que es uno de los valores más confiables para quienes desean superarse, desde cualquier área profesional o segmento social.

Vamos a detenernos un poco en esta reflexión que hemos realizado hoy y todo lo que ella implica. Yo creo que valdría la pena. ¿Qué piensan ustedes? De aquellas “viejas” costumbres, hay que recuperar algunas, que dan valor a nuestras acciones y nos enriquecen cuando las vemos como un reconocimiento, que además nos permite construir metas, objetivos y caminos para llegar a ello.

Un comentario

  1. Buenos días Inés. Gracias por tu excelente artículo. Respecto a eso, ayer vi una película bellísima en Netflix: “El maestro que prometió el mar”. Española de antes de la guerra civil, donde justamente el maestro le pedía a sus alumnos, que lo llegaron a amar a pesar de los cambios que introducía en la manera de educar, que lo trataran de tu. Con todo y eso lo respetaban mucho.
    Es verdad que a las personas mayores, así como médicos, sacerdotes… deben tratársele de usted, pero cada día esa costumbre pierde fuerza. Tendremos que guardar respeto a pesar del tu.

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