Yo defenderé siempre la teoría sobre el compromiso del creador con su sociedad. Aún en los casos más extremos como el de las guerras, descubres lo que permanece en el tiempo y lo valioso de entenderte como parte de un colectivo al que tienes que aportar. Ya hablaba Bertold Brecht de la capacidad formadora del teatro. En caso extremo, se usó la palabra ideologizar, pero lo cierto es que el escenario no es más que la modernización del ágora de los griegos que devino en grandes construcciones para la representación y en textos eternos que han trascendido a su tiempo y siguen hoy vigentes, enfrentando al mundo a unas cuantas verdades.
Esa trascendencia se logra solo a partir de contar la verdad relacionada con la época que te ha tocado vivir, y aunque no en todos los casos se ha podido contar en el momento, quedan luego los personajes que toman vida en la escena para hacernos ver una época, una situación, una forma de enfrentar el mundo y sus avatares.
El escenario del Centro Cultural Chacao sirvió para mostrar el valor de la “caja negra” conformada por los telones y bambalinas del teatro que, en el uso de su máxima expresión, sirvieron para acoger el trabajo de la Compaigne Le Quai de Francia, dentro del marco del Festival de Artes Escénicas Franco Venezolano para contarnos La fabulosa historia de Georges Meliés.

Nos encontramos allí en un trabajo que nos habla con claridad de la fortaleza que tiene la experimentación para sujetar los hilos que conforman la trama. El teatro dentro del teatro nos permite acercarnos a una historia contínua que en muchos momentos nos muestra la representación de la representación pero que también nos cuenta lo que sucede detrás de ella. Por otra parte, nos acerca al juego de las marionetas y la extraña alegoría que dejó Pinocho en nuestras vidas de que ellas pueden tomar vida, mucho más cuando el espíritu de las mismas es insuflado por una historia que hace estremecer sus propios hilos.
Finalmente, ¿cómo cuentas la historia de un genio de la imagen sin recurrir a ella? El cine, aquel de la experimentación, el de la composición y la sumatoria de un cuadro tras otro, también cobró fuerza en dos planos, el de la proyección y el de la representación, que busca explicar la correcta manipulación de la imagen para ofrecernos el resultado final.
Satisface descubrir el trabajo comprometido de este grupo francés por un gran personaje de la cinematografía como lo fue Meliés y su compromiso de contar al mundo los retos de un personaje que yace en él, también trascendental cementerio del Père Lachaise pero sobre el que hay que volver una y otra vez porque así lo exige la memoria humana. Lo que no se “refresca” pasa al olvido y somos capaces de llegar a creer que todo cuanto nos rodea surgió de la nada para satisfacer nuestras necesidades, como los grandes “merecedores” en que en muchos casos se transforman las sociedades.
El viaje a la luna, la obra capital de Meliés creada en 1902, sirve de hilo conductor para contarnos los sueños, la vida, los retos de este gran creador, quien fue capaz, con los mínimos recursos de aquel tiempo, de dar vida a la cara de la luna.
Otro de los grandes hitos que establece George Meliés es la lucha por la defensa de los derechos de autor de la mano de su hermano Gaston, teniendo como epicentro de su lucha la ciudad de New York desde donde se había multiplicado y comercializado su trabajo. Y aunque Thomas Alva Edinson logró comercializar cientos de copias de Viaje a la Luna, jamás le pagó ni un céntimo a su autor.
Lo cierto es que Melié en un periodo de 14 años realizó 500 películas que varían en tiempo, desde un minuto hasta cuarenta. Aportan al mundo audiovisual todos los descubrimientos posibles en el uso de la cámara; lamentablemente, como suele suceder cuando la ignorancia es la protagonista de nuestros actos, los negativos de sus películas fueron fundidos por uno de sus acreedores para aprovechar la plata que contenían.

Su ruina se produce tras la primera guerra mundial, pero, buscando resurgir de las cenizas, se dedica al teatro, en el cual realiza también grandes aportes, montando numerosos espectáculos… También regentaría frente a su segunda esposa una tienda de juguetes.
Meliés por supuesto, pasó a la historia. Algunas de las películas que lograron salvarse del fuego fueron rescatadas por la Cinemateca Francesa. El nombre del gran creador del cine de fantasía se honra cada año cuando se entrega el premio Meliés a la mejor película.
El juego de los hilos ocultos que puede desenredar el quehacer escénico, es trascendente cuando como en este caso, nos conducen a redescubrirnos en la historia que nos cuentan. Gracias a la Embajada de Francia en Venezuela y a la Compaigne Le Quai por hacernos viajar en el tiempo y hacia la mente de un genio del cual obviamente el mundo entero hoy reconoce con orgullo.


