Delfos: El ombligo de la Civilización Occidental

Leonardo Azparren Giménez

Para los griegos clásicos, Delfos era el ombligo (omphalós) o centro del mundo, porque allí estaba el tempo y culto a Apolo délfico, quien anunciaba a quienes iban a consultarlo los oráculos o predicciones de lo que les sucedería o podría sucederles. Pero no era tan fácil, porque los oráculos estaban en clave, correspondiéndole a los humanos descifrarlos.

Lo importante es que Delfos era el centro de muchas actividades de los griegos y tenía un peso fundamental en su sistema de creencias. Cuando los griegos vencieron en Maratón a los persas, fueron a Delfos para depositar allí el tesoro de los vencedores, y todavía se conservan partes de sus ruinas. Grandes mitos, como el de Edipo, tienen en un oráculo de Delfos su explicación. Cuando Clístenes instaura la democracia en Atenas, hacia el 510 a. C., y años después los griegos vencen a los persas en Maratón y Salamina, comenzaron a ser conscientes de que su destino estaba en sus manos. Entonces los grandes mitos fueron comprendidos como material de la memoria colectica, empleados para aleccionar, no para creer en forma dogmática.

Delfos siempre fue una referencia universal, con independencia de las creencias locales porque la religión griega no fue dogmática. Lo cierto es que Grecia y sus mitos han permanecido como referencias raizales del mundo occidental. No es casual que el nombre oficial del país sea Elleniké Demokratía, no Grecia. Y son 2.500 años durante los cuales los países denominados occidentales, con sus raíces greco latinas, han estado bregando para que la democracia sea el estado natural de sus diversas sociedades. Porque la democracia es la realización social de la libertad, lo que los griegos defendieron contra la barbarie de los persas. En este sentido, Europa es el omphalós de la Civilización Occidental.

Sin mayores riesgos podemos decir que el ombligo del mundo griego contenía, más o menos, la médula de lo que ese pueblo nos heredó como modelo de civilización. Una médula que trascendió su origen religioso para constituir, digamos, el ADN de Occidente. Si hoy hablamos de ello es porque nos compete de alguna manera.

En los últimos años ha ido tomando forma una crisis que tiene en su centro la vigencia y perdurabilidad de la Civilización Occidental, en tanto civilización cuyos fundamentos son la libertad y la democracia. Se habla, por ejemplo, de la invasión silenciosa de musulmanes a Europa por las grandes migraciones del norte de África y el Medio Oriente. Los más pesimistas proyectan una situación social en la que habrá más musulmanes que cristianos en Europa. Y Europa es el omphalós de la Civilización Occidental; es decir, afectaría a todos.

No es una metáfora. Por ejemplo, si revisamos la historia de la ciencia desde Tales de Mileto en el siglo VII a. C. hasta Albert Einstein en el siglo XX, es una historia que tuvo lugar en Europa Occidental. Otra cosa ha sido la técnica, repartidos sus hallazgos aquí y allá.

¿Por qué ha sido así? Algunos helenistas no encontraron mejor explicación y han optado por hablar del milagro griego. En Occidente, heredero de ese milagro, entre conflictos y contradicciones siempre se ha avanzado. Y cuando surgen conflictos mayores, Europa es epicentro de su origen o el principal objetivo hacia donde apuntar.

Ombligo. Médula. Germen. Como lo queramos llamar, hablamos, pensamos y actuamos según un modo de ser germinado en territorio europeo y modelado durante más de dos milenios.

¿Adónde quiero llegar? Simplemente pienso y reflexiono sobre esa identidad milenaria, por algunos rechazada o desconocida y por otros amenazada. Europa parece destinada a ser el ombligo de los conflictos y hacia donde todos miramos cuando los hay. Hoy, por ejemplo, tiene –padece- varios dilemas que la hacen temer sobre su destino inmediato. Mientras tanto, no deberíamos olvidar que el omphalós griego fue determinante en la vida de muchos. Y amerita mucha sinceridad y acto de contrición verlo, comprenderlo y rectificar. Es nuestro reto y compromiso.

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