La presentación del libro Ángel Hurtado. La vida es un soplo se puede traducir como un testimonio de voluntad y de acción de un hombre cuya obra creativa no se puede encasillar en una disciplina, sino que representa esa universalidad que lo lleva a expresarse a través de diferentes lenguajes.

Hablamos de Ángel Hurtado, pintor, cineasta, escritor, que en las páginas de este nuevo libro nos resume parte de su vida y de su obra. El acto contó con la participación de Diego Arroyo Gil, quien también fue el encargado de escribir el prólogo de la obra. En sus palabras condensó la admiración por un trabajo que continúa en los casi 98 años de vida de Hurtado y la amistad que los une, gracias a Simón Alberto Consalvi, quien los presentó. Explicó como Hurtado busca en este libro reencontrarse con las pinturas reproducidas en esas páginas y adivinar el sueño de belleza que animó su creación. Mencionó cómo se conmovió al ver el cuadro «Materia sideral o póstumo» con el que Hurtado ganó el premio nacional de pintura en 1961.

Bajo la conducción de Katyna Henríquez Consalvi, se fue desarrollando el acto, que contó con la palabra profunda y acertada del crítico de arte, Víctor Guédez, una reflexión sobre el arte y el artista. Señaló que el autor de La vida es un soplo describe el texto como un testamento, más que una memoria, de un pintor que, superando los 90 años, decide decir algo más sobre sí mismo y sobre su oficio, además de lo que su obra ya dice sobre él y su vida. Considera a esta obra literaria como una conversación con el tiempo y en el tiempo.
Guédez subrayó la acción de Ángel Hurtado de celebrar el nacimiento y la culminación del día, traduciéndola como la celebración del nacimiento, convertida en la reafirmación y el reinicio, vinculándolo a Jorge Luis Borges, porque para el escritor argentino todo reinicio es una resurrección.

Más adelante Víctor Guédez reflexionó sobre el acto de quien escribe sobre su vida que no siempre dice todo por la imposibilidad de contar ciertas experiencias, ya que solo quien las vive puede comprender su significado. Para ello se valió de una frase de José Balsa: “lo mejor de un texto es aquello que el autor olvidó decir, pero que queda implícito”. Para Guédez, este libro recoge vivencias de Ángel que quizás él no percibe conscientemente, pero que cada lector puede sentir en las líneas de los capítulos, permitiendo un contacto personal y gratificante con el autor.
Al llegar el turno de Ángel Hurtado, no se extendió explicando más sobre su obra, prefirió agradecer a todos los que hicieron posible la ejecución del libro y la presentación en los espacios de Trasnocho Cultural. Recordó que pronto, en octubre cumplirá 98 años y su intención de seguir trabajando.
Más que un ejemplo, Ángel Hurtado es el testimonio de lo que significa experimentar la vida, al mismo tiempo que le da sentido hasta el último minuto. Por ello antes de despedirse dijo, que cuando se suceda ese último aliento espera tener un pincel en la mano.
La firma de los libros se convirtió en un momento para conversar con el autor. También sorprendió a los invitados que se encontraban en el interior de la librería El Buscón al obsequiar a su amigo Rafael Cadenas, un retrato que en su reverso se lee la siguiente dedicatoria: Para Rafael, su retrato a la manera de Rembrandt. Con toda mi admiración para Rafael Cadenas. Ángel Hurtado. Solo resta por decir: Larga vida maestro.


