Pietro Carbone es un cultor del café, pero también es hombre de fe y de acción, por eso comanda El Venerable by Carbone
Los paseos por el centro de Caracas van más allá del turismo interno, es la intención de recuperar ese tiempo perdido, que marcó con una raya invisible, una falsa frontera. Como todo lo insostenible, el caraqueño ha querido regresar, caminar sobre sus huellas y redescubrir la ciudad. Cada esfuerzo que se realiza para que la ciudad sea un espacio ciudadano es plausible.
Desde la pasión del café, Pietro Carbone, trabaja por construir marca país. Comenzó con su academia donde forma baristas, hombres y mujeres que preserven la calidad de un grano que ha sido cultivado y procesado con conciencia. ¿Y por qué lo hace? Porque el café es más que beber, es una infusión que sirve de excusa para conversaciones largas, nos permite subir el ánimo y despertarnos.

Pietro también ideó las Esquinas Carbone que están en determinados sitios estratégicos de la ciudad y allí podemos refugiarnos para disfrutar de la oscura infusión. Pero él es también un hombre de fe, de los que suelen encomendarse a Dios. En ese ejercicio descubrió un espacio que pertenece a la iglesia La Candelaria. Un salón que da acceso al campanario, una suerte de refugio dentro de la bulliciosa plaza aledaña, que no siempre es un lugar abierto para el disfrute familiar, porque la convierten en una especie de mercado que nos impide disfrutar de la fachada del templo y de la estatua ecuestre en honor al prócer Rafael Urdaneta, obra de Francisco Narváez.
Con anterioridad, el párroco de la iglesia, Gerardino Barraccini, había comenzado un trabajo de rescate de la iglesia como edificio cuyo valor arquitectónico es invalorable ya que data de principios del siglo XVIII. El padre Gerardino, como lo conocen los vecinos, ya había ideado que en esos espacios funcionaría un café bajo el nombre de El Venerable, para honrar a José Gregorio Hernández, cuyos restos mortales yacen en ese templo.
Coincidencialmente, Carbone estaba empacando un café bajo ese mismo nombre, una casualidad que culminó en un espacio abierto al público, que se presenta como un remanso, donde se disfruta de un café preparado con todas las de la ley y se puede disfrutar de algún dulce, entre ellos las acemitas y así emular al beato José Gregorio Hernández que solía comerlas acompañadas de un café. Además, es una oportunidad para reencontrarse con ese tradicional pan dulce venezolano, que por un tiempo estuvo olvidado.
El Café El Venerable by Carbone también alberga arte, son piezas de jóvenes emergentes que además de dar color a la sala también está a la venta.
Un paseo por el templo
Entrar al templo no tiene el mismo significado para todos. Los creyentes lo hacen (o deberían hacerlo) con un recogimiento especial. Quienes no tienen fe buscan la belleza en el arte, que también es otra forma de comunicarse con lo sublime.
La iglesia La Candelaria es obra del trabajo de aquellos canarios que llegaron a Venezuela a mediados del siglo XVII a fin de rendirles honores a su patrona, la Virgen de La Candelaria.
Desde su construcción la iglesia ha ido cambiando e incluso perdió, en parte, algunas de sus características originales. Su mantenimiento también sufrió con los problemas económicos, pero recientemente fue restaurado.

Pasear por sus naves es encontrarse con ese sincretismo artístico, producto de la mezcla de intereses de cada párroco. Nos indica que para algunos el valor artístico estaba supeditado a lo religioso y los cambios se hacían bajo ese criterio sin importar las consecuencias.
Hoy, el sacerdote Gerardino Barraccini desea que La Candelaria mezcle religiosidad y arte, incluso, ha emprendido una tarea, el rescate de la imaginería que perteneció al templo. Proyecto que ha titulado Grandes que vuelven a casa.
En el recorrido nos encontramos con los retablos barrocos de los altares cuyos autores permanecen en el anonimato, continuar averiguando es tarea de los investigadores. Otra sorpresa es enterarnos que los laterales del altar mayor son posteriores y copia del retablo mayor.
Entrar a la sacristía fue otra revelación del empeño de este párroco y de sus ayudantes por preservar la identidad de su parroquia para que continúe siendo referencia de tantos caraqueños que han nacido allí.
Y como todo edificio tricentenario, este también tiene sus fantasmas, al menos eso es lo que afirman algunos vecinos, quienes aseguran haber oído ruidos extraños. Lo cierto es que, en Caracas, cuando llegó la energía eléctrica, los muertos se quedaron en paz.
El paseo terminó conversando en el Café El Venerable by Carbone, mientras se brindaba por este nuevo proyecto de Pietro Carbone con José Gregorio, un licor de la destilería Ancestral, elaborado con maíz, copoazú y flores de sauco. Esta bebida también tiene su historia, pero la contaremos en otra oportunidad.
Café El Venerable by Carbone, lateral sur, Iglesia La Candelaria.


