Santiago Fernández Saín, chef venezolano cuyo restaurante ganó dos estrellas Michelin, deleita los paladares locales con su propuesta culinaria
Durante dos jornadas exclusivas, el ecosistema gastronómico de Caracas recibió el rigor y la sensibilidad de Santiago Fernández Sain. El joven chef venezolano, cuya trayectoria ha sido avalada por el prestigioso reconocimiento de dos Estrellas Michelin, ofreció una experiencia sensorial diseñada para un selecto grupo de clientes de Bancamiga, institución anfitriona en esta oportunidad.
Fernández Sain se ha erigido como un referente de la gastronomía contemporánea, destacando por una propuesta que trasciende, ya que lo culinario se convierte en un ejercicio de autoría y precisión técnica.
Su filosofía de cocina representa un diálogo fluido entre la exigencia de la alta escuela internacional y un profundo respeto por la trazabilidad del producto. Con una capacidad excepcional para reinterpretar sus raíces latinoamericanas bajo los códigos de la cocina de vanguardia, su propuesta se define por la limpieza en el emplatado y el equilibrio de matices organolépticos.
Esta visita, programada para dos noches, no solo celebra el regreso al país, sino que consolida la apuesta de la entidad bancaria por el talento de exportación y la excelencia en el servicio.
Para el chef de Maz —espacio en Tokio que lidera y que ha sido laureado con dos Estrellas Michelin—, esta alianza con Bancamiga trasciende lo comercial; representa un retorno necesario para proyectar su metodología y lenguaje culinario ante el comensal local. Este reencuentro permite al chef acortar la distancia emocional y profesional que impone la diáspora, transformando la nostalgia en un intercambio de saberes técnicos de alto nivel.
«Este regreso a Venezuela posee una carga simbólica profunda. Tras cuatro años de inmersión en la cultura gastronómica de Japón, donde he consolidado mi visión, sentía la necesidad de volver al origen. Mi objetivo es presentar una propuesta que articule armónicamente el rigor nipón con los fundamentos de mi trayectoria en los ecosistemas culinarios de Perú y España», afirma Fernández Sain.
La génesis de su carrera se inició en Caracas, ciudad donde nació en 1995 y manifestó una vocación temprana por el arte de los fogones. Tras completar su formación básica en el Colegio Integral El Ávila, su determinación lo llevó a profesionalizarse en el Basque Culinary Center, España, una de las instituciones académicas más prestigiosas del mundo. Fue allí donde inició un recorrido de excelencia que hoy lo sitúa en la cúspide de la gastronomía global de vanguardia.
Antes de los 30 años ya se ubicaba en la élite de la cocina del mundo. Su cocina no se define solo por el lujo, sino por la narrativa. Cada plato busca conectar la memoria sensorial con la innovación técnica. Estos dos días en Venezuela, le permiten cerrar un ciclo personal y profesional, devolviendo parte del conocimiento adquirido en el extranjero.
Durante su visita a la sede de Bancamiga en Altamira, Fernández Sain manifestó su reconocimiento hacia el rol de la institución como catalizador del talento nacional en el extranjero. Para el chef, este tipo de iniciativas no solo celebran el éxito individual, sino que validan el impacto de la diáspora en el escenario global.
«Existe una legión de profesionales venezolanos ejecutando conceptos disruptivos en las plazas más competitivas del mundo. El hecho de que se respalden estas propuestas y se generen las condiciones para trasladarlas a nuestro país es vital; permite que el comensal local acceda a estas experiencias de vanguardia sin la necesidad de desplazarse hasta Tokio», puntualizó.
Más allá de su dominio técnico en la cocina, Santiago Fernández Sain se ha consolidado como un paradigma para el relevo generacional de la gastronomía latinoamericana. Su trayectoria es el testimonio fehaciente de que la rigurosidad académica, en simbiosis con una identidad arraigada al origen, es capaz de disolver fronteras geográficas. A través de su cocina, el chef no solo sirve platos, sino que construye puentes.
Los asistentes a las dos cenas en el Restaurant Filomena también conocieron la primera Passion Card de Venezuela, la tarjeta de débito Sabores del alma, que se presentó no solo como instrumento financiero, sino como pieza central de un programa diseñado para ofrecer experiencias gastronómicas y beneficios premium.


