CRÓNICAS ITALIA MAYO 25 CAP 6

BARDOLINO
Josu Iza

NOTA: DIVISIÓN ADMINISTRATIVA DE ITALIA. Región, Provincia, Comuna.

Si la carretera entre Grado y Trieste transcurre a lo largo de la costa, la ruta entre Trieste y Lago di Garda bordea la frontera con Eslovenia y después de Monfalcone se adentra en dirección norte para girar al oeste a la altura de Palmanova. – Una ciudad fortaleza de estilo veneciano que consta de tres anillos defensivos y fue concebida como una máquina de guerra ya que el número de baluartes y la longitud de sus 9 lados se establecieron de acuerdo al alcance de los cañones de la época (S XVI) -.

PALMANOVA

Son en total trescientos km que pasan por Bassano del Grappa, Vicenza y Verona (Región de Veneto) antes de llegar a la Provincia de Brescia (Región Lombardía), donde se ubica la península de Colombare que penetra en el lago por el norte de Sirmione. Garda es el lago más grande de Italia y su área se divide entre ambas regiones; es un popular destino vacacional en el norte de Italia que en la época romana se conocía como Benacus y hoy en día es más conocido como Lago di Garda, un topónimo de origen germánico que atestigua la presencia lombarda en la zona durante varios siglos. La romanización real del territorio tuvo lugar a partir del 89 AC pero la batalla del Lago Benaco permitió la expulsión de los alemanes del norte de Italia. Más tarde, tras la caída del Imperio, la región del Garda fue testigo del paso de numerosas poblaciones germánicas, pero la primera en asentarse allí, tras una larga migración, fue la de los lombardos. Durante su hegemonía, se produjo una primera reorganización administrativa, así como la cristianización definitiva de la zona, y el lago permaneció en la frontera entre tres poderosos ducados: Brescia, Verona y Trento.

En la Edad Media, el lago de Garda fue descrito por Dante en La Divina Comedia: “Allá en la bella Italia se encuentra el lago, al pie de los Alpes que encierran Alemania sobre el Tirol y tiene el nombre de Benaco”. En el siglo XIII, se estableció en el poder la Familia Scala que pronto sometió la orilla oriental del lago. Los Scaliger construyeron un gran sistema de castillos llamado Serraglio, que consistió en numerosas construcciones defensivas, el único de su tipo en Italia. Durante la Segunda Guerra, Alemania colocó un gobierno títere en Italia con Mussolini como presidente de la llamada República Social Italiana y varios ministerios de esa administración y la capital se instalaron en Saló – en la orilla izquierda del lago, territorio de Lombardía -, hasta la derrota del Eje en 1945, a manos de los Aliados que liberaron Garda y que después pasó a formar parte de la República de Italia.

DESENZANO DI GARDA

La economía de Garda depende principalmente del turismo, aunque haya muchas explotaciones agrícolas y ganaderas. Ya desde la época romana, especialmente desde los primeros tiempos del Imperio, existían magníficas villas a orillas del lago, concebidas como lugares dedicados al “otium” , una actividad reservada en realidad a las clases dominantes y en particular, Sirmione era un lugar privilegiado por la presencia de manantiales sulfurosos que permitían el uso termal. A partir del Renacimiento , el lago volvió a poblarse de villas nobles. El turismo, en el sentido moderno del término, se desarrolló a finales del siglo XIX, cuando el turismo de élite se concentraba casi exclusivamente en la zona noroeste del lago y después de que el poeta Gabriele D’Annunzio mandara construir aquí el Vittoriale degli Italiani, (Ubicado entre las orillas del lago de Garda y las colinas de Brescia, el Vittoriale es algo realmente único y sorprendente: se trata de una ciudadela formada por edificios, jardines, calles, plazas, teatros y riachuelos), la fama del lugar se acrecentó. Desde la década de 1950, el turismo ha experimentado una especie de transformación: al turismo de larga estancia –  italianos, alemanes, franceses, suizos y holandeses –  se le ha unido el turismo que se nutre de quienes viven cerca del lago y desean pasar allí unas cuantas horas, especialmente en los lugares de aguas termales.

 El lago más grande de Italia tiene la forma de una guitarra con su mástil apuntando al norte;  rodearlo completamente, siguiendo la carretera hasta Riva del Garda y bajando de nuevo hasta Sirmione supone rodar 150 km, pasando por numerosos pueblos costeros escoltados por cadenas montañosas. No hay un metro cuadrado de terreno libre que no esté destinado a la agricultura: uvas al norte y olivos y cítricos al sur del lago, que es famoso por ser el lugar más septentrional del mundo donde se producen ambos cultivos. Son paisajes de colinas onduladas, cerros frondosos, playas y agua que crean la impresión de estar frente al océano, si no fuera por la falta de aroma salino. Además, los puertos, las marinas con sus yates, pesqueros, veleros y los ferrys que unen las diferentes localidades – el lago mide más de 50 km de largo y en algunos lugares alcanza el ancho de 20 km -, evocan un mar interior con su estilo de vida particular. Al igual que las áreas de Grado y Trieste, los pueblos que dan vida al lago, están muy cuidados; calles, plazas, muelles, edificios de época, paseos lacustres…..todo forma parte de un conjunto pensado para agradar al visitante, nada fuera de su sitio, flores, matas, árboles en zonas públicas o privadas, terrazas, tiendas, hoteles…..los pisos bajos se han convertido en comercios de todo tipo, cada rincón es bueno para colocar unas mesas y servir como restaurante.

HOTEL VILLA TRIESTE

No es la Costa Amalfitana, no es Cinque Terre, no es Reggio Calabria, es más parecido a la costa Adriática, la Puglia, Gargano, Veneto y Friuli, en el sentido de que se advierte mayor respeto por la naturaleza, por las ciudades  y por el turista. Nos alojamos en el Hotel Villa Trieste, que  es una gran casa – como casi todos los hoteles de Colombare – que fue una gran mansión pero que ahora se ha convertido en un lugar dividido en amplias habitaciones pero que conserva su gran área de jardín que rodea la construcción; el frente sirve de estacionamiento y el fondo da al lago, con su piscina, un restaurante abierto y otro acristalado y el espacio dedicado al relax con sus tumbonas, sombrillas y acceso por una escalera y un pequeño muelle al agua, que en esta fecha se mantiene fresquita porque se alimenta de los ríos que vienen de los Alpes.

Después de descansar un rato queremos ir  a cenar a un lugar que está en la misma península a un par de km del hotel; son como las ocho de la tarde y el cielo se está tornando oscuro, unos truenos suenan lejanos y salimos rumbo al sur por la única calle que sirve de canal de paso en esos cinco km que tiene Colombare.  Antes de un par de  minutos el cielo pasa de gris a negro, los truenos ya se escuchan ahí mismo y arranca un palo de agua brutal, que nos obliga a regresar al hotel. Nos estacionamos, salimos del carro bajo una cortina de agua y vamos a la habitación para cambiarnos de ropa, bajar al restaurante y sentarnos a cenar. Oh sorpresa!!!!!. Nos atienden un par de mesoneros con oficio, de esos que forman la pareja del atento y el antipático – que al final resulta el más amable cuando rompe el hielo -, y cenamos ricamente una Crema de Garbanzos con Vegetales crujientes  y trufa,  Gnocchi con  Salsa de Funghi Porcini, Semifreddo de pistacho y Grapa. Afuera sigue la tormenta implacable pero nosotros ya estamos listos para ir a descansar.  

Amanece radiante como si la tempestad de ayer se hubiera llevado todos los demonios. Desayunamos como corresponde y nos vamos a dar nuestro primer paseo por la margen izquierda del lago; la idea es subir hasta Saló – ciudad que da título a la película de Pasolini “Saló o los 120 días de Sodoma” y que a los italianos les recuerda los horrores del régimen de Mussolini -. Pero antes nos detenemos en Desenzano del Garda, que presenta un mercado a la orilla del lago. Desenzano también tuvo protagonismo durante la época del dictador fascista porque allí se asentó el MInisterio de Defensa; una población que todos los martes, a lo largo del Lungolago Cesare Battisti, alberga un mercado al aire libre con todo tipo de puestos protegidos por toldos y por la sombra del arbolado que adorna el paseo.  Llegamos a media mañana y como siempre, hay que dar un par de vueltas hasta descubrir una zona donde estacionar. Google Maps indica estas áreas pero cuando estás ahí pueden estar en obras, cerradas o normalmente llenas; no queda más remedio que esperar que haya alguien saliendo y estar en el lugar exacto en el momento oportuno. El mercado es una feria de todo tipo de ofertas: ropa, calzado, artesanía, antigüedades y lo que más nos interesa, la comida. Además de puestos fijos y remolques, hay varios camiones preparados para el despacho de comida lista asada o frita como pollo, conejo, mariscos, pescados, jamones, vegetales en todas las presentaciones posibles; también  furgones refrigerados donde hay toneladas de embutidos, quesos frescos y curados, aceites, vinagres, mieles y docenas de productos con denominación de origen, a buen precio y de alta calidad.

OSTERIA DUE NANI

Nos detenemos en una esquina que ofrece tres espacios juntos de una misma familia, curados a la izquierda, frescos en el centro y embutidos a la derecha, cada uno atendido por abuelo, hija y yerno. La estrella es el yerno, un italiano que pudiera ser un personaje de una película de Fellini, charlatán y vendedor por excelencia, reparte ruedas de salami, salchichón, chorizo, jamón, mortadela, coppa a todos los posibles clientes; nosotros probamos todo lo que nos da, cada cosa mejor que la otra porque son embutidos artesanales no industriales. Al final nos llevamos varias piezas que llegarán a Caracas para compartir con los amigos. El vendedor detecta que nuestro acento es extranjero y nos pregunta por nuestro origen, cuando le decimos que venimos de Venezuela se emociona, nos dice que tiene familia y amigos que viven allá, nos hace probar más productos y como ya habíamos pagado, nos regala un par de salchichones y una pieza de coppa picante que añadimos a la bolsa junto a una sección de Blu de Garda y otra de Gorgonzola que no llegarán porque  su destino ya está escrito.

El punto más interesante del pueblo en su centro histórico, es una plaza acuática con botes en vez de bancos y restaurantes con sus terrazas alrededor de ella, que es el Porto Vecchio con salida al lago por debajo de un puente. También  la Villa Romana y el Antiquarium, el Castillo de arquitectura medieval y la Torre de San Martino que conmemora la Batalla del mismo nombre, que fue parte de la Batalla de Solferino, en la que Napoleón III junto a Víctor Manuel derrotaron a los austríacos en 1859. Esta victoria facilitó la Unificación Italiana que culminó en 1871. Seguimos después para Saló a 20 km, ciudad que se extiende en un pequeño golfo, central de ferrys que comunican con ambas orillas del lago. Cumple los requisitos de todas las ciudades de esta zona: cuidado de sus monumentos, dedicación al turismo de nivel, buena gastronomía y lugar ideal para dar un paseo por su casco central, donde hacemos un alto para picar algo en la Osteria Banco Salumi, una focaccia con mortadela y un par de birras porque en un par de horas tenemos una cita con la salud y el relax.  

OSTERIA DUE NANI

En Colombare hay varios hoteles que ofrecen Spa con sus complejos de aguas sulfurosas, donde se puede pasar un fin de semana, un día o unas horas según el plan. Nosotros escogimos pasar seis horas – de tres a nueve – en Terme de Sirmione (Spa and Thermal Garden, nombre en italiano slogan en inglés) que queda al final de la península, justo después  del complejo del Castello Scaligero que da paso a la ciudadela donde no se puede entrar con carro, a no ser que seas residente o servidor público. Es necesario caminar un km hasta el Spa desde nuestro hotel, por una calle amable, rodeada de jardines, con vistas a las dos orillas del lago, cruzar el puente levadizo y seguir por la única vía que es un continuum de tiendas de lujo y restaurantes de todo nivel. Recibimiento con la reserva, entrega de bata, toalla y gorro y entrada en un paraíso de 10 mil metros con piscinas naturales, camas de hidromasaje, saunas, jacuzzis y duchas todo con agua termal a 35 grados de temperatura; lo más espectacular la piscina exterior climatizada naturalmente con vistas al lago donde nadan cisnes, patos, vuelan varios tipos de aves acuáticas y navegan en la lejanía botes y  ferrys. A medida que avanzas por todo el circuito – además de las piscinas tienes sauna romana, finlandesa, sueca, baño turco, vapor -, vas entrando en estado de sosiego físico-mental y empiezas a moverte a menor velocidad. Llego al final de la primera etapa después de dos horas y me acuesto frente al lago a la sombra porque el sol está picante hoy y me sumerjo en un suave sueño. Después de una hora, despierto, me hidrato y me dispongo a repetir la rutina; dos horas más y ya no me muevo lentamente, simplemente estoy flotando; la última hora la paso acostado y dormitando, esperando a Raquel que ha optado por un masaje integral con todos los hierros cosméticos.

Una ducha – la última -, recogida de la mochila con la ropa (el sistema de entrega de las cosas personales es totalmente automatizado y funciona con el reloj digital que debes llevar en la muñeca para tener acceso a todas las funciones del Spa), y salida levitando a un palmo del piso, hacia el hotel. Ya son las nueve y está oscureciendo y queda muy poca gente en la calle. Entramos directo en el restaurante y el cuerpo nos pide líquido – vino blanco y agua frizzante – y abundante sólido, como una buena ensalada con canónigos, anchoas, aceitunas y Pizza gigante con Burrata y Prosciutto con un Tartufo de chocolate fondant para matizar. No recuerdo si subí a la habitación en el ascensor o ascendí flotando de forma natural pero si que dormí como un bebé toda la noche.

Tercer día en Colombare, después del desayuno abundante – todavía tenía hambre después del Spa, creo que me sacaron litros de líquido del cuerpo -, salimos para reconocer la orilla opuesta del lago, que pertenece al Veneto y nos dirigimos a Bardolino que es un municipio italiano ubicado en la provincia de Verona,  situado en la ribera oriental del lago de Garda, a unos 30 km de la capital provincial. La antigua villa pesquera ahora es una potencia turística. Merece la pena pasear por el Centro antiguo  donde se pueden admirar las iglesias de San Severo y la de San Zenón, como también excelentes tiendas y restaurantes frente al Lungolago. Pero el verdadero interés del pueblo – aparte de su mercado que tiene unas casitas de madera al estilo tirolés que venden productos de alta calidad de la gastronomía local -, es el interés que despierta en los amantes del vino, ese néctar de color rojo rubí por el cual es famoso el pueblo: el vino Bardolino; éste cuenta con su DOC y anualmente se celebra un festival con su nombre. La variedad de uva más importante es la Corvina Veronese que constituye hasta el 95% de la mezcla total del caldo, que se puede degustar en las numerosas Cantinas – Bodegas -, que se ubican en la zona: Cantina Lenotti, Le Morette Di Valerio Zenato, Villa Calicantus, Fratelli Vogadori, La Giuva…….Escogimos la Cantina Zeni, que tiene su propio Museo del Vino, donde se muestran objetos de la cultura del vino sobre todo de la provincia de Verona, tiene entrada gratis y una degustación de varios caldos para que hagas tu compra si te gusta alguno. Después nos fuimos a la Osteria Due Nani, un lugar de familia que trabaja con parrilla pero nosotros elegimos Carpaccio di Angus, Vitello Tonnato y Lingua  di Vitello con Salsa verde, con su botella de Bardolino tinto.

TERME SIRMIONE

 Pensábamos regresar al hotel y hacer un plan para la tarde. Pero el caso es que a la ida a Bardolino, el GPS nos llevó tierra adentro pero a la vuelta nos pegamos de la costa y descubrimos que Peschiera, la primera ciudad saliendo hacia el este, era una maravilla; de hecho nos paramos en un puente entre el canal, el castillo y un lago para hacer unas fotografías y decidimos que al final de la tarde íbamos a regresar para conocerla. Dicho y hecho.  A sólo quince minutos de carretera, llegamos a la parte norte de la ciudad de los canales; estacionamos después de hacer causa común con una familia ucraniana que tampoco acertaba con la máquina del parking y entramos a la fortaleza por la Porta Brescia. Todo el centro de la ciudad es un recinto amurallado que era el punto de referencia noroeste de las cuatro ciudades fortificadas que formaban el Quadrilatero Austriaco en los siglos XVII y XVIII. Esta fortaleza se encuentra en una isla del Río Mincio que desemboca en el lago y forma una serie de canales, que son los fosos que ayudaban en la defensa del castillo. Hoy día los canales son los lugares donde se asientan los restaurantes y cafés y la parte interior del fuerte, dividido en tres bastiones unidos por pasos levadizos, es donde se ubican más tiendas y restaurantes. No hay más que hacer sino pasear deambulando como atorrantes entre calles viendo a los turistas que llenan las terrazas cenando temprano, admirar sus edificios, las fortificaciones y las vías fluviales y tomar un café sentados en dirección al atardecer hasta que se hace de noche. Ahora que hablamos de café, en Caracas tomo café en raras ocasiones aunque me gusta mucho su aroma y sabor, pero en Italia – a pesar de que desayuno con té – no me privo de  un americano a media mañana y otro al final de la tarde si cuadra, como en este caso. Los que preparan café siempre me miran de reojo cuando pido un espresso y un americano, aunque en realidad siempre me sirven dos spresso, uno de ellos en taza grande con una jarrita de agua caliente aparte para que seas tú quien cometa el sacrilegio.

No se lo van a creer pero esa noche nos detuvimos en LIDL, compramos un pollo con papas asadas, unas birras Ichnusa de Cerdeña, un Tiramisú y Helado de Avellana y cenamos divinamente en la habitación del hotel, mirando desde el segundo piso al lago y viendo a lo lejos las luces de la orilla izquierda de Desenzano, Saló y otras poblaciones. Mañana será otro día. Y otra crónica.

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