CRÓNICAS DE NY – LA FEBRERO 25 CAP 6

Josu Iza

Vamos acercándonos al final de esta etapa en Nueva York, de hecho este es el último fin de semana, así que hay que ir despidiéndose con un hasta luego y hasta pronto nunca decir adiós, de amigos y familia, de la ciudad y sus rincones que están cargados de afecto, instantes y nostalgias. Los últimos días son dedicados a tareas finales pero también a pasar el máximo de tiempo en compañía del hijo y el fin de semana es propicio para la ocasión. 

COSTCO

Amanece el sábado con el sol despuntando desde el este, es decir desde Bushwick y Queens y el cielo luce despejado con una ligera bruma flotando desde el oeste, en cuyo skyline  dominan las nuevas torres blancas del Domino Park y en un segundo plano – ya en Manhattan – la antena que corona el edificio azul One World Trade Center, donde estaban las Torres Gemelas. La calle se ve  casi desierta, salvo por algunos peatones que van a comprar desayuno o algunos deportistas que se dirigen hacia el circuito del río que sube hasta Greenpoint. Todavía pueden verse algunos restos de nieve que se resisten a desaparecer ayudados por las bajas temperaturas que se mantienen en pequeñas zonas de sombra y algunos cerros de cartones embolsados como manda la ley – gracias al delivery y Amazon – , listos para ser recogidos por el servicio de limpieza. Es temprano pero en vista de que el cuerpo reclama alimento, preparamos una suave “colazione”, consistente en un yogur bien nutrido, jugo de cambur con naranja y café. Sin prisa, como corresponde al ritmo que impone el comienzo del fin de semana, nos arreglamos para la salida porque hay que aprovechar las horas que nos quedan de nuestra estancia neoyorkina. 

CURAZAO

Hoy es sábado y la primera visita del día tiene lugar en Kew Gardens, en casa de nuestra hermana Sylvia Benzaquén. El clima parece acompañarnos para pasear y registrar en nuestra memoria la salida desde Williamsburg hasta Flushing, en el norte de Queens. Tomamos la Avenida Meeker en paralelo al elevado de la Autopista 278, a la que accedemos en el cruce donde está el nuevo restaurante ucraniano Veselka – una sucursal abierta el año pasado del que tiene cien años en East Village de Manhattan -. donde te puedes dar un banquete con sus Varenikes de papa y cebolla, Borscht, Strogonoff, Schnitzel, Reuben sandwich y las suculentas Ukrainian Meatballs. La vía sigue hasta el encuentro con la 495 que se dirige hacia el este cruzando Maspeth, Elmhurst y Corona Park. Llegamos al mediodía y por supuesto, nuestra amiga nos tiene preparado un “ligero almuerzo de Shabat” con embutidos kosher de Aron´s: Salami Bologna, Turkey Breast, Pastrami, Brisket…….Aron´s en Kissena Boulevard, ofrece un menú de comida para llevar impresionante en el Mechy´s deli, difícil de igualar. Y a las pruebas fotográficas me remito. 

Alargamos la visita hasta media tarde, para regresar a Willi y dar un paseo, esta vez a pie, por la zona. Subimos hasta McCarren Park por Bedford  y luego bajamos por Wythe, a esa hora llena de gente caminando, con todos los negocios abiertos, y unas breves paradas en William Vale y Williamsburg, hoteles con sus terrazas y cafeterías en el interior. Dos edificios, uno moderno y otro industrial, dignos de admirar. Oscurece temprano  y la noche no está tan fría, lo cual nos permite usar la  terraza en el segundo piso del apartamento. Para compensar la pureza del almuerzo, preparamos una parrilla de Lomito de cerdo sabor oriental, una Quinoa con vegetales salteados, un vino rosado ecológico – demasiado suave para mi gusto – y unos rones Zacapa para amenizar la tertulia que dura hasta las 2 de la mañana. 

EMMY BURGER

Es domingo y sigue el buen tiempo, adecuado para ir a Costco y comprar las municiones que pensamos llevar a Caracas. Pero antes desayunamos con potencia para aguantar el trajín en el centro comercial: Croissants de la Bicyclette, huevos poché con holandesa, quesos que quedaron de la cena a media semana, jugo de toronja natural – 4 $ el litro, una ganga – y café. Nos vamos abrigados pero ligeros de ropa porque “el combate” en Costco requiere de andar rápidos por esos pasillos llenos de gente. El camino hasta el almacén discurre hacia el norte, cruzando el Pulaski Bridge en Long Island City y subiendo por toda la Vernon Avenue hasta la Broadway, no de Manhattan sino de Astoria. Domingo es el día glorioso, cuando miles de personas aprovechan para hacer sus adquisiciones a granel, a buenos precios y buena calidad. Seguimos con el problema de los huevos – aunque suene un poco feo – y la gente sigue peleándose por acaparar porque allí son más baratos pero se decepcionan cuando llegan a las cajas y de los diez cartones que llevan les dejan dos, lo permitido. Nuestro objetivo, aparte de dejar la despensa y nevera abastecida, es pertrecharse de varios productos para traer a Caracas: básicamente frutos secos que viajan sin problema, bien empaquetados en sus bolsas herméticas, a una cuarta parte de lo que cuestan los productos Kirkland aquí en los bodegones y para lo cual nos llevamos un par de maletas grandes que permiten meter volumen y el peso autorizado. Llevamos poco equipaje para dejar espacio disponible para caprichos, que en nuestro caso tiene que ver con la comida (aunque en esta ocasión también vino cafetera, molinillo y nutribullet). Después de salir del automercado, en una esquina del estacionamiento, hay una licorería bien abastecida y pudimos reponer vino y whisky – Bourbon Maker´s Mark –  para próximas ocasiones; no pudimos comer esta vez nuestro super perro gigante con refresco refill infinito por 1.50 porque la cola era tan grande que ya no cabía más gente en el despacho de comida y no era cosa de perder la mañana del domingo esperando. 

Tampoco entramos en el Museo Noguchi, que queda enfrente de Costco por el mismo motivo, pero a cambio de eso y después de organizar la compra en la casa y hacer un pequeño alto en el camino para recuperar el aliento, teníamos el plan de ir a comer, la que posiblemente es la mejor hamburguesa – los rankings de las mejores pizzas, burgers, pastas y etc, cambian en NY cada semana -, en este momento. Emmy Squared Burger. Esta vez toca ir por la 278 al sur hasta Flatbush Avenue, siempre al sur hasta el Barclays Center – la sede de los Nets de NY y centro de eventos musicales, deportivos, artísticos, gastronómicos…… -, y de ahí tomar la 5 Avenue de Park Slope, uno de los vecindarios más bonitos y clásicos de Brooklyn con sus Brownstones y sus calles arboladas. En Emmy no escatiman: Le Big Matt es una pieza de media libra de carne, queso americano, pickles y ensalada en un pan de pretzel y sus papas waffle (un kilo de papas crujientes y deliciosas), más su salsa Sammy. Dos Sloop Juice IPA y una Bronx Hazy IPA, la primera turbia y amarga, la segunda más cítrica, ambas de New England y perfectas para una burger. De vuelta a Williamsburg tomamos un camino alternativo, pasando por  la Vanderbilt hasta la Bedford Avenue que nos lleva hasta Willi donde vamos a hacer una parada para rematar el almuerzo-cena en Gentile Gelateria: Fondatta de chocolate negro y Sorbete de Crema de Avellana; Gentile y Morgenstern, los dos templos del helado en NY. No quedó más tiempo que llegar a casa, hacer las maletas, comprobar que íbamos un poco sobrecargados, tomar un par de whiskys, recordarnos cuánto nos queremos y pensar que al día siguiente había que viajar con destino Curazao. Cuando tienes que pensar en el día siguiente,  es el peor momento del viaje.

ARON’S

Y el día siguiente siempre llega. Desayunamos ligeramente a las 6 de la mañana, y a pesar del frío a esa hora nos vestimos apropiadamente para viajar hacia el trópico; salimos temprano para Kennedy, tratamos como hacemos siempre de que la despedida no sea una despedida sino una partida más, aunque no lo consigamos, facturamos en Jetblue, salvamos el peso de milagro y subimos al avión, que puntualmente despega rumbo a la isla. Llevamos nuestro almuerzo consistente en un par de buenos sandwiches de milanesas de pollo, frutos secos y manzanas para no pasar penalidades y cuatro horas y media más tarde – un snack y un refresco cortesía de la línea aérea – estamos aterrizando en Willemstad, donde nos espera Ricardo, el taxista del Hotel Curazao Airport, en el que vamos a hacer noche porque no hay conexión con Caracas sino al día siguiente.

VESELKA

Menos mal que el hotel, a cinco minutos al aeropuerto, es un establecimiento sencillo, con habitaciones cómodas, una piscina por si te quieres refrescar y un casino que funciona las 24 horas. También tiene un bar al lado de la piscina con su restaurante que mira hacia el mar. De vez en cuando se escucha un avión que viene o se va, a no ser que estés dentro de la habitación, totalmente insonorizada. Es de admirar que la gente te atiende bien, son amables y hablan contigo en cualquiera de las cuatro lenguas que dominan: holandés, español, inglés y papiamento. Por la noche nos acercamos a cenar al restaurante, aunque no fue una sabia decisión; el Etiqueta negra y la Amstel beer, estaban mejor que el pollo que yo comí y mucho mejor que el salmón que pidió Raquel, que llegaron cuando casi se nos había pasado el hambre. Nada que objetar, la próxima vez sandwich de automercado. Un breve paseo por el casino, cientos de máquinas que nunca he sabido cómo funcionan y temprano a descansar, una película y a dormir. Para no arriesgarnos de nuevo, en la mañana optamos por desayunar en la habitación, con los restos de unas galletas Levain y unos Cinnamon Rolls de NY, café de la máquina y unos jugos comprados en la recepción. De ahí a la salida donde nos espera Ricardo – no pude adivinar su procedencia porque hablaba con una acento extraño mezcla de varios otros acentos ni tampoco apreciar el humor de sus chistes, más bien malos – que nos lleva para el aeropuerto, junto a una muchacha venezolana que iba a tomar el mismo vuelo rumbo al continente. Esperando el avión de Láser, nos empujamos un desayuno un tanto inusual: Perros calientes con todo y Papas fritas con Trufa y Parmesano. Después descubrimos que había un salón Priority Pass y nos acostamos en unos cómodos sofás, tomamos café y postre y esperamos el embarque y el despegue. Una hora más tarde estábamos en Maiquetía y dos horas más tarde en nuestra casa. Y así termina nuestro paseo por el imperio por esta temporada hasta la siguiente ocasión. También terminan mis crónicas no sin antes apuntar una receta, que deben buscar para hacer las famosas papas waffle. 

RECETA PAPAS WAFFLE. PROCEDIMIENTO: Pelar y cortar las papas medianas con un cortador ondulado 1 centímetro de grosor; después del primer corte hacer el segundo a 90 grados. Dejar en agua con sal durante una hora. En aceite medio caliente hacer una primera fritura. dejar un minuto y en aceite muy caliente, hacer la segunda fritura para que queden muy crujientes. Poner un papel absorbente un minuto y comer hasta morir. Pueden servir para mezclar con aceite de trufa y parmesano, solas con sal, con BBQ, mayonesa picante o con cualquier cosa que se le ocurra, incluida una buena burger.

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