DEDICADO ESPECIALMENTE A LOS AMIGOS con los que he compartido después del regreso de Italia, mesa y conversación. Sin querer dejar a nadie atrás y por razones que ellos conocen voy a mencionar especialmente a Alessandro del Erario, Roberto Zanetti y Adriana Lamaletto, tres italianos con sello de garantía, con los que formamos un frente itálico común – yo me incluyo como adoptado – y desde cuya trinchera nos hemos empeñado en combatir en varias batallas: ignorancia, mezquindad, deslealtad y mal gusto culinario. Un abrazo a los tres.

De regreso en Caracas después de seis semanas que parecieron más largas – debido a la cantidad e intensidad de situaciones – y al mismo tiempo más cortas porque cuando esas situaciones son entretenidas y placenteras, el tiempo parece achicarse. Ya sabemos que la reentrada al país – así como la reentrada de los astronautas a la atmósfera desde el espacio exterior – es un proceso crítico, hay que protegerse de las altas temperaturas, es preciso desacelerar – porque la velocidad a la que uno viaja es alta – para aterrizar con seguridad – en un ambiente de elecciones, negociaciones e intercambios – y no desintegrarse en el proceso. Después toca reparar los daños a la nave – que uno siempre se encuentra, como algún electrodoméstico dañado, aire sin gas, carro sin batería y etc -. Lo normal de nuestra Caracas.
Toca también el feliz reencuentro con los amigos, almuerzos o cenas para compartir experiencias – porque ellos también han viajado o vivido cosas interesantes en nuestra ciudad -, reactivar el trabajo, hacer planes para los meses siguientes, sorprenderse con los precios, encontrarse con los nuevos restaurantes y con los quebrados, conectarse con los chats gastronómicos y otros, retomar cerro y bicicleta y con la escritura de esta crónica semanal que es como una evocación de todo lo vivido.

Como evento más destacable, desde el punto de vista del deporte, voy a reseñar la segunda vez que comparto con Chacao Bike, la Ruta de la Luna, cita a la que llego justo de forma después de dos meses sin tocar una bicicleta, pero el deseo vence a la falta de condiciones físicas. Salimos a la hora programada con varios minutos de retraso, algo normal después del encuentro en la Plaza de Chacao, los saludos y la puesta a punto de las bicicletas, los recordatorios de las normas a la hora de circular por parte de nuestra líder espiritual y el establecimiento de la ruta hasta el punto de entrada en la carretera vieja de la Guaira, porque esa tarde las vías regulares como la Libertador estaban cargadas de tráfico, debido a unos eventos organizados por la autoridad competente. Conclusión: tenemos que tomar la ruta alternativa por la Campiña para entrar después en la Andrés Bello, luego tomar por debajo del elevado de San Bernardino, dirección a la ciclovía de la Avenida Bolívar y de ahí hasta las Torres del Silencio, Miraflores y Avenida Sucre.
Como consecuencia de esos eventos y sus correspondientes efectos en el tráfico, el trancón es monumental; gracias a que vamos sobre dos ruedas podemos esquivar ciertos inconvenientes pero el público está muy nervioso porque es la hora del regreso a casa después de una larga jornada. Los motorizados compiten con nosotros por los pasillos que dejan los carros y a diferencia de nosotros ellos no tienen un código de conducta vial, son lo más peligroso de la calle. Hasta Miraflores llegamos en grupo cerrado pero a partir de ahí es un sálvese quien pueda: son 3.5 km desde la Sucre hasta la entrada de Ruperto Lugo, campo de batalla entre motorizados, autobuses, peatones y ciclistas. Ahí se disgrega el grupo, vas por tu cuenta y riesgo, los carros se meten en los estacionamientos sin marcar una luz, los buses se paran sin avisar y salen pasajeros por las dos puertas en el espacio que queda entre la unidad y la acera y por ahí mismo quieren pasar los motorizados, es imposible salir por la izquierda porque los vehículos de todo tipo circulan sin control, a veces no queda sino montarse en la acera – a pesar de los sabios consejos de nuestra líder – que ocupan también los buhoneros para volver a la calle a la primera oportunidad, recibes insultos, mentadas de madre, también los repartes cuando toca, el ruido es ensordecedor entre motores, cornetas, gritos, anuncios de ofertas de pantaletas y sostenes, frutas, fritangas, hay talleres de motos y de carros en plena avenida, de repente te topaste con una caja de cambios en la calzada y cuidado que no estén botando con un tobo el agua sucia de pasar el coleto en una peluquería o la basura de una arepera……un maremagnum – coje…..en criollo -, ingobernable.

He de reconocer que no hay forma de adquirir mayor destreza que circular por la Sucre a esa hora un día de tranca vehicular y que para los amantes de la adrenalina es el lugar ideal; los practicantes de los deportes extremos no saben que existe este circuito en esta parte del mundo y se van a escalar el Everest o surfear olas en Australia, el día que se enteren habrá peregrinación mundial a Caracas. Cuando por fin llegas vivo e ileso y se vuelve a reunir el grupo, te encuentras con los que nos esperan en esa esquina para emprender juntos la subida al cerro, relajaditos, sonrientes y felices en contraste con nosotros que llegamos con esa cara tensa, sucia del polvo, sedientos y ansiosos pero con la alegría de haber sobrevivido una vez más a ese desastre. Orgullosos también, todo hay que decirlo, de haber sorteado con solvencia el reto, una medalla más que añadir, algo que los ciclistas aman profundamente, que es poder contar sus hazañas como combatientes en esa guerra urbana.
A partir de ese momento, y después de unos minutos de descanso e hidratación, emprendemos el camino por esa carretera que mucha gente teme pero que si supieran lo que es el tramo anterior no tendrían ningún miedo a transitar. Pasamos Blandín bajando y a partir del Limón, vamos hacia arriba hasta la parte más alta de la carretera, un mirador que ese día no tenía sentido porque la niebla cubría cualquier vista. Comenzamos a bajar después de esperar a los rezagados porque la idea es ir en grupo, aunque siempre se desmembra porque están los que bajan con más prudencia y los que se lanzan a tumba abierta por esa vía que debido a las lluvias, en algunos tramos está tan cerrada que tiene un metro para pasar. Cuando empezamos a descender, se va haciendo de noche, con lo cual sólo es posible guiarse por los focos propios y las luces traseras de los compañeros, amén de la raya blanca del piso que esa noche era nuestro único punto de referencia porque la niebla estaba demasiado baja y la mezcla con la oscuridad total en ese monte causa una total falta de visión.

Consigo hacer grupo con otros dos ciclistas y para nuestra protección bajamos juntos todo el trayecto; a la altura del puente uno de los otros dos, se adelanta para luego filmar nuestra pasada por ahí, cruzamos y seguimos hasta Pedro García, el mirador que está a medio camino y desde el que se divisa el aeropuerto en lontananza. Éramos los primeros del gran pelotón, así que nos bajamos de la bicicleta rodeados de una total oscuridad que se aclara un poco gracias a nuestras luces; esperamos unos minutos y el tercero en cuestión no llega, sigue pasando el tiempo y sigue sin llegar y después de un cuarto de hora vemos luces y pensamos que es el muchacho, pero no es así: empiezan a llegar los primeros del grupo y nos dicen que el muchacho se cayó al chocar con un pretil en la carretera pero ya viene bajando. Cuando llega, viene sangrando porque se fue de cara contra el asfalto, pero afortunadamente nada grave, más sangre que lesión, los ciclistas son gente dura y resistente.
Nos agrupamos en Pedro García en una escena que parece un aquelarre de brujas reunidas entre luces mortecinas, rodeadas de penumbra entre la niebla, esa noche no hay perros pedigüeños ni Belcebú con su tridente, nos refrescamos, nos alimentamos y seguimos rumbo a la Guaira por el Barrio Marlboro por donde hay que pasar en grupo, aunque es una zona bien tranquila con mucho comercio y donde el mayor peligro son los huecos, los policías acostados y los peatones que deambulan sin dirección a esa hora. Volvimos a reagruparnos en la Avenida Soublette a la altura del puerto y cruzamos – gracias a la cooperación de la Guardia porque el tráfico no perdona -, a la carretera de la costa que ahora llaman Bicentenario.

Cambio de panorama, del cerro oscuro a la playa iluminada, del aroma húmedo y vegetal al olor salino y caliente del mar; doce km a lo largo de la vía con muy poco tráfico, cada quien a su ritmo como el ejército de Pancho Villa para llegar primero a las Arepas de Margaret, donde esperan las arepas y jugos encargados – que esta noche recoge el esposo de una de las ciclistas -, una breve parada para comprobar el destino de las vituallas y seguir hasta el final de la Cinta, donde están varios restaurantes que permiten sentarse con las arepas siempre y cuando consumas otras cosas. Y esas otras cosas para los veinte ciclistas no son más que tobos de cerveza bien fría para reponer inventario de líquidos. Mucha gente siendo un jueves entre semana, música para sordos porque el volumen obliga a hablar a gritos pero agradable entre nosotros, a lo que ayuda la camaradería y la polar.
A la hora prevista nos montamos en los transportes, que cargan nuestras máquinas y a nosotros reconfortados después de tanto esfuerzo y nos llevan de vuelta, como a las 11 de la noche. Ahí, mientras subimos por la autopista vacía, nos contamos nuestra experiencia personal, nos ponemos nuestras condecoraciones, exponemos nuestro orgullo por una nueva prueba aprobada y nos queremos más que nunca – sobre todo después de algunas cajas de cerveza -. La Van de Periquitos se detiene en la salida del túnel de la Planicie, para dejar primero a los que bajan en Catia y al final los que nos quedamos en Chacao. De ahí y después de medianoche, a casa, una rodada más y a descansar.
Ha habido también actividad cultural, que no todo es cultivar el cuerpo, gracias al Festival de Cine Francés que hemos podido disfrutar durante el mes de Julio en el Trasnocho. Hay que reconocer que después de algunos fiascos – Cine Español, Cine Francófono – y un acierto como el Festival de Cine alemán a finales del 2024, esta vez la calidad de las películas han superado el listón medio alto y en algunos casos muy alto. De los 21 filmes, he visto 15 y según mi criterio, Bolero, Conde Montecristo, Monsieur Aznavour, Por todo lo alto, La mujer del presidente, El Caso Goldman, Making off y El último de los judíos son lo mejor del festival, apreciando el resto también. Mención especial al documental sobre los Andes de Atahualpa Lichy, Páramos de Leyenda, magnífico trabajo.

Grata sorpresa por la apertura del local de hamburguesas de Plan B en la Castellana cerca de otro lugar que visité el otro día (al lado de la Plaza el Indio), Hao, donde venden pollo frito, arroz chino y papas fritas, propiedad de unos orientales, bien organizado, sabroso y que va a hacer la competencia a KFC y a Arturo´s. Y muy buenas referencias de Maíz en Chuao, especialistas en empanadas y arepas con su propia masa de maíz pilado. Por otro lado y valga la rima, en la Avenida B de la Carlota, ya se ha establecido un circuito de restaurantes sencillos, tradicionales y de buena calidad, al margen de los locales de lujo que se han establecido en la ciudad, entre los que destaca Pastas Dalida siempre lleno. Y hay que prestar especial atención a un lugar en esa misma zona que va a dar la campanada próximamente: Tartufo, pastelería y restaurante, al lado del edificio de SUDEBAN, en la Francisco Miranda al lado del final del elevado que desemboca en la Carlota. Hablaremos de él muy pronto porque va a presentar novedades muy interesantes.
Y por último. SOGANOBO, la sociedad gastronómica que fue fundada en 1999 y por dispersión geográfica de sus socios en 2010 quedó en un limbo durante años, vuelve a la carga con la refundación, elección de nuevos socios – próximamente abrirá las inscripciones – una nueva página en las redes sociales, canal en youtube y anuncios de nuevas iniciativas, alianzas, charlas, cursos y otras actividades, similares a las que desarrolló la sociedad durante 11 años. Y para terminar, este cuatrimestre de fin de año, Zona privada se activa de nuevo, atención. La cosa está que arde……………
Hasta la próxima, disfruten.


