CRÓNICAS DE CARACAS ABRIL CAP 2

CAMINO A SABANETA
Josu Iza

Recuerden las colas que se formaban en Caracas en la época del bachaqueo, allá por el año 2016, 17……En las puertas de todos los automercados y bodegas, larguísimas y desordenadas filas de personas de toda edad y condición, a la espera de la compra de productos básicos a precio regulado; esa era la denominación: precio regulado, regulada como la misma cola de gente necesitada por obra y gracia de los reguladores, a los que se dio en llamar con el curioso nombre de colectivos. Aquella situación duró unos años, creo que hasta el 2018; después de esos tres desesperantes años cuando pensamos que ya había pasado lo peor, a comienzo del 2020 comenzó la pandemia, que duró otros tres años más. Ahora, que teníamos dos años viviendo en una relativa calma, teníamos comida en los automercados, no había que vacunarse contra nada especial y la gasolina no faltaba en las bombas, en realidad no estábamos viviendo una situación que para nosotros – que hemos pasado por todas las crisis del mundo – parecía ideal; en realidad el nirvana no era nada más que un espejismo. ¿Cuando habíamos vivido un frenesí como el de estas semanas con el asunto del pago de los trimestres? ¿Cuando se habían formado colas kilométricas en las puertas de las oficinas de las alcaldías para cancelar el impuesto vehicular? ¿Cuando la ciudadanía en Caracas dejó de ocuparse  en sus conversaciones de asuntos como el precio de la comida, del clima, de la vida de los vecinos, del precio de las busetas, del aire del metro, del nuevo modelo de uñas postizas, de las tarifas de los celulares, del contenido de las bolsas del clap, de la calidad del tinte en las peluquerías, de los últimos anuncios …?

De repente, a no ser que no me haya enterado, todo el mundo comenzó a hablar de los famosos trimestres, del límite de la fecha de pago, de las multas, de los intereses de mora, de los distintos montos según la alcaldía, de adonde vas a ir tú, de dónde fui yo, y nos enteramos de cosas que no sabíamos, como cuantos carros y  qué modelos tienen los amigos y vecinos, donde viven según la zona de pago, si debían uno u ocho años y otra serie de informaciones en las que no pensábamos nunca pero que de repente se convierten en temas primordiales.

Y todo ese intercambio de información se produce en las filas de espera, reuniones y redes sociales o en una conversación informal, plagada de simples comentarios chismosos. 

TRIMESTRES

Es imposible sustraerse a este maremoto colectivo, a este tsunami emocional que arrasa con la mente de la colectividad. Uno también cae en la preocupación de que hay que cancelar los trimestres a como dé lugar, antes de la fecha de vencimiento, no vaya a ser que llegue el mesías y le encuentre a uno con el alma en  pecado. Y para informarse bien – porque los rumores sobre los requisitos cambian todos los días – nada mejor que ir directo a la oficina misma; en mi caso, me acerco a preguntar en el Millenium – aunque mi verdadero motivo para ir allá era que tenía que buscar algo en Mango Bajito -, donde está la sede del Sedat, unidad correspondiente al Municipio Sucre.

El lugar está atestado de usuarios ansiosos que agitan papeles y carpetas, los funcionarios están desbordados por la multitud y la fila llega hasta la Rómulo Gallegos, da la vuelta y baja por detrás del centro comercial hasta la Francisco Miranda.

Aprovecho un descuido de una funcionaria medio desmayada a causa del agobio que le produce la gente arremolinada, que la acosa con mil preguntas y me informa que el trámite se puede hacer por internet y que no es necesario venir en persona, incluso se puede pagar a través de los bancos como cualquier otro servicio.

Después de bajar hasta la tienda de Mango y comprar lo que iba buscando, me regreso a casa, entro en la página del Sedat y descubro que teniendo los carros registrados, existe la opción de solicitar exención de pago de trimestres si estás dentro de la categoría de la tercera edad, es decir mayor de 60. Hago la solicitud, al subirla al sistema me dice que la respuesta llegará en doce horas y todavía la estoy esperando. Quiero achacar el retraso al exceso de trabajo en estos días pero me doy por enterado – quiero creer que es así – de mi exención hasta nueva orden. 

El caso es que unos días más tarde, tengo que acudir a las oficinas de la Alcaldía de Chacao, en el Edificio Atrium en el Rosal y para mi sorpresa, me encuentro una fila inmensa en la acera de la Avenida Tamanaco, que espera delante de la reja que da acceso al edificio y unos carteles en la pared en los que indican los requisitos necesarios para el pago de trimestres pero para Foráneos – no residentes en Chacao -, que hacen la fila de pie y a merced de los elementos.

Como el trámite que voy a realizar tiene que ver con el Certificado de Residencia en el municipio, doy la vuelta y entro por el lateral de la Avenida Sorocaima, donde hay otro cartel pegado en al pared que dice Vecinos de Chacao, los cuales esperan sentados en cómodas sillas y a resguardo del sol y del viento. Es la ventaja de ser aborigen y no foránea. Cierto es que hay no menos de cincuenta sillas con cincuenta funcionarios vestidos de azul, con sus computadoras, listos para recibir a los futuros pagadores de impuestos, de una u otra condición residencial, a los cuales reciben con amabilidad, sin presión y debidamente organizados – a diferencia de lo que vi en las oficinas del Municipio Sucre -. 

Yo pregunto a una de las muchachas que atienden a los que van llegando y me dirige a una funcionaria de atención al público que me informa debidamente de requisitos y pasos a seguir para obtener el certificado.

Uno de ellos consiste en acudir al CNE en Plaza Venezuela, para solicitar la inscripción en el registro con el domicilio en Chacao, además de una lista que consiste en lo habitual, el acopio de todas las fotocopias pertinentes de todos los documentos habituales, que no voy a enumerar porque todos saben de qué hablo.

COMIDA RESTAURANTES

Dado que todavía es media mañana, camino hasta el metro en Chacaíto, y en dos estaciones estoy en mi destino. Eso pensaba yo, pero la salida en la Gran Avenida  Norte me deja a varias cuadras del CNE y me obliga a un paseo adicional, preguntando para poder llegar sin perder mucho tiempo; cosa fácil porque en un área donde hay  tantos edificios de la administración pública, se ven legiones de  vigilantes, personal de seguridad, informantes, Guardia y PNB, ocupados en sus conversaciones o en sus celulares  pero dispuestos a ofrecer con cortesía la información solicitada. 

Por fin me encuentro a las puertas del organismo electoral y amablemente me comunican dos personas a la  vez, como en un contrapunteo llanero, que debido al ahorro energético gubernamental, sólo  atienden lunes, miércoles y viernes de 8.30 a 12. Como hoy es martes, no queda más remedio que regresar mañana o el viernes. 

Se me ocurre pensar, al margen de la situación, que si no sería mejor para los funcionarios trabajar tres días seguidos, de lunes a miércoles y así tener cuatro seguidos de descanso, en vista del plan de ahorro, pero debe ser que se ahorra más con días alternos de trabajo – desconozco los detalles técnicos -, o que alguna mente privilegiada y con buena intención ha elaborado ese plan a conveniencia y beneficio de los funcionarios, aunque ellos no sean conscientes de la filantropía que inspira dicho plan. 

Hablando de filantropía, en este caso mezclada con la actividad deportiva que no es incompatible, el domingo salimos de ruta con la intención de llevar unos regalos – comida. útiles escolares, juguetes etc…- a un centro, gobernado por unas monjitas voluntarias, que se han impuesto la misión de cuidar de un grupo de niños huérfanos. La iniciativa parte de una persona que también es ciclista a la que acompañamos en la doble tarea de ese día: rodar y hacer llegar las cosas recolectadas para los infantes. No me quiero anotar ese mérito porque son otras personas del pequeño grupo las que hicieron el esfuerzo; en mi caso el afán estuvo en el recorrido en bicicleta. Supuestamente, y según me dijeron antes de partir de Chacao, la entrega iba a ser en La Unión – cerca de La Lagunita -; así que mi cálculo y creo que el de algún integrante más del grupo llegaba hasta el Hatillo y un poco más, que de por sí, es una ruta esforzada.

Pero ya se sabe – y lo afirman los propios ciclistas – que no hay nadie más embustero que un ciclista o un pescador; razón por la cual al llegar al final del Club de Golf, escucho que es un poco más adelante y luego un poquito más y casi estamos llegando…….total que desde La Unión nos hemos lanzado hasta Sabaneta – yo pensaba que sólo existía la de Barinas -, o lo que es lo mismo 20 kilómetros más, en una carretera de esas que los profesionales llaman “rompepiernas”, porque está conformada por una serie de subidas y bajadas sin fin.

DELITOS GASTRO

Realmente disfruté mucho de la ruta porque discurre por pura montaña, a lo largo de una vía que pudiera ser rural pero que siempre está habitada y definitivamente el propósito era lo importante. Como anécdota, cuando íbamos cruzando por las Mercedes, se nos pegó un muchacho en edad de merecer, que nos preguntó si nos podía acompañar porque estaba solo. Cuando vio que empezamos a subir por las Colinas de la Tahona hasta el Hatillo  y luego seguir y seguir, llegó un momento que tiró la toalla y se subió a la camioneta que llevaba los regalos  y que nos sirvió para regresar sin tener que pedalear. Su confesión fue que viendo que éramos gente de cierta edad, nunca pensó que hiciéramos semejante ruta y por eso nos acompañó; es lo que tienen las falsas apariencias. Llegamos a Caracas a buena hora para que cada quien pudiera almorzar  en su casa o donde tuviera intención de hacerlo. 

Almorzar o cenar e incluso desayunar es lo que uno hace en esos establecimientos que cada vez pululan más en nuestra ciudad y que de forma temeraria llamamos restaurantes, cafeterías, bodegones, panaderías, que no son sino expendios de comida. Algunos en el estricto sentido de la palabra. No digo nada nuevo si afirmo – lo dice el Presidente de la Cámara de Restaurantes, Iván Puerta – que este año será un año difícil “«Los negocios que tienen un margen tan pequeño están más expuestos a las dificultades en su flujo de caja, porque cada cambio que haya va dejando menos margen», comentó. En ese contexto, estima que “será un reto el lograr un equilibrio entre mantener un buen precio, continuidad en la calidad y que quede algo de rentabilidad para los primeros meses de este 2025 en el rubro”.

Pero no quiero centrarme en esto sino – ya que desde aquí hacemos crónica – en el entorno y sus personajes que rodea el mundo de la restauración o expendios de comida. La avalancha de pequeños videos – de esos que ahora llaman influencers, creadores de contenido, youtubers, celebrities, expertos, famosos  – en plataformas como Tik Tok, Youtube, Instagram, X y no se cuantas más, es avasallante y se ha convertido en el pozo donde busca el público en general para informarse de novedades, opiniones, ubicación en el ranking etc…

FERIA DEL PAN

El crítico de toda la vida casi ha desaparecido, al mismo tiempo que los medios, porque la gente recurre a esas instantáneas porciones de sabiduría y conocimiento, en vez de leer con calma una sección de gastronomía en un periódico o revista especializada – que puede ser online perfectamente – , con la voz autorizada de una persona que conoce el percal. Esos videos donde aparecen los “aconsejadores” recorriendo en un minuto diez locales donde se consiguen las mejores arepas de Caracas, o donde se degusta la carta casi completa de un restaurante opinando frívolamente  de cada plato, o donde comparte con un acompañante los diez mejores tacos, los más sabrosos arroces chinos, los tobos de cervezas 12×10 con ración de tequeños…….esos videos le hacen flaco favor a la gastronomía pero es lo que está de moda y sirve como guía a la manada poco ilustrada de comensales que siguen ciegamente a los nuevos gurús. 

Le tengo más confianza a la opinión de algunos profesionales que escriben en chats, como el del Centro Gastronómico, donde se debate, se informa  y aporta conocimiento, experiencia sin ánimo de lucro, donde escribe gente que conoce el tema (me encanta especialmente el Clan de los Italianos que tiene mucha relevancia en el chat) y no anda por ahí recorriendo – como pollo sin cabeza – locales de nueva apertura para lucirse como conocedores superficiales de algo tan profundo como es la gastronomía. Debates tan interesantes como el recetario tradicional – de comida llegada de otras culturas a nuestro país –  y el afán por conservarlo en su versión original y las adaptaciones, producto de la dificultad para conseguir los insumos genuinos o por el ansia de algunos de añadir apéndices que transforman la cocina. Ejemplo de tres delitos gastronómicos, la pasta con caraotas negras, queso blanco llanero y mayonesa ó la Carbonara con crema de leche ó el Bacalao Vizcaina con salsa de tomate. 

El fin de semana pasado, asistí a unas jornadas en la Hacienda la Trinidad, La Fiesta del Pan: catas, degustaciones, charlas, conferencias e intercambio de opiniones entre aficionados y profesionales del ramo. Esas son iniciativas que merecen la pena porque las personas quedan 3 y no participan activamente son los que están en el universo del pan, del cultivo, de la producción, de la enseñanza, de la venta y su promoción. 

AUTOBUSES

La semana pasada hablamos de los personajes que pueblan la ciudad y que tenemos que padecer porque son necesarios aunque insufribles. En este caso vamos a hablar de los autobuseros, una especie que al igual que los motorizados son una institución en el paisaje urbano. Sus mañas y costumbres. 

Mucho ha cambiado el estatus de los vehículos, pasando de un parque en ruinas rodantes a una flota en general en buen estado, que cubren las diferentes rutas en Caracas. Pero otras cosas no cambian.

Ruedan por las avenidas principales sin un canal propio, por lo cual pasan de uno a otro sin indicar con la luz, a veces lo hacen sacando la mano por la ventana, con un lenguaje propio según la posición y el movimiento de la mano. No han abandonado la tendencia a instalar un  cortinaje para separar la cabina del conductor del espacio para pasajeros. Sigue  sonando la música a todo volumen dentro de las unidades, compitiendo entre ellos como las tiendas en Sabana Grande, que sacan las cornetas a la puerta para atraer clientela. Las invocaciones a Vírgenes, a Jesucristo, José Gregorio y otras divinidades, siguen adornando los parabrisas o vidrios traseros.  

Es un personaje importante el ayudante que carga un fajo enorme de bolívares – los dólares los entrega al conductor – cuya doble función es cobrar a los usuarios y asomarse a la puerta de la unidad, pegando gritos para explicar la lista de destinos, cada vez que se detiene el autobús para que bajen o suban los clientes.

Otra celebridad en el negocio, aunque contratado externo, es el que está en los cruces principales, que trabajan con todas las líneas anunciando el rumbo de todas las camionetas, y a cambio reciben una propina de cada unidad. 

Siguen – no todos y no siempre – con el cobro ilegal del pasaje a los mayores de la tercera y a los estudiantes con la disculpa de que ” el gobierno no nos aumenta la tarifa “. No tienen uniforme ni identificación que les acredite como empresarios o choferes de las líneas, siendo como el ejército de Pancho Villa, cada uno a su aire. Muchas veces comen mientras están al volante para no perder tiempo porque en ese negocio pararse unos minutos puede significar perder entrada. También, a veces, muchas veces,  hacen uso del teléfono mientras manejan. Y si quieren ver la apoteosis de los conductores de autobuses, pasen un día por la bomba que está al lado de Makro en la Urbina, allí los podrán ver en todo su esplendor. Hay que reconocer que ellos cumplen un servicio, que es complementario al que ofrecen algunas alcaldías, gobernación, metrobús, cubriendo áreas que si  no fuera por su dedicación, quedarían aislados sin transporte, por ejemplo los Jeeps que suben a los cerros, los destinos a las playas los fines de semana, los traslados de personal en fechas como el Carnaval, Semana Santa o Navidad. En fin, insufribles pero necesarios, hay que reconocer su labor.

Hasta aquí por esta vez. Será que hacemos la siguiente crónica la próxima semana; hasta entonces disfruten de la Santa y regresen con bien. 

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